Centenares de personas y un reclamo: el derecho a ser, existir, amar y vivir en paz. La organización cifra entre 1.500 y 2.000 personas las que ayer recorrieron el camino entre el Obelisco y la plaza de María Pita engalanadas con los colores del arcoíris con motivo del día del Orgullo LGBT. Se reunieron para celebrar y para celebrarse, pero, sobre todo, para protestar y reclamar por lo que todavía falta por conseguir. “Sigue haciendo falta estar aquí, porque a día de hoy sigue sin estar totalmente normalizado. Hay una gran visibilidad de la G, pero no del resto de letras, sobre todo con respecto al colectivo trans”, aprecia Ángel Pérez, uno de los asistentes a la manifestación, convocada por ALAS A Coruña, Chrysallis, Les Coruña y el Comité Anti Sida.

Marcha del Orgullo LGTBI 2021 en A Coruña Víctor Echave

El colectivo trans, su situación y sus demandas fueron los grandes protagonistas de la marcha. La principal consigna que vociferó el público asistente, la que pide una ley integral que garantice la autodeterminación de género sin los trances de la burocracia ni la patologización de las personas en el proceso. Una demanda que visibilizó, a la cabeza de la manifestación, la joven Alejandra Alvedro Fonte, que, con solo 12 años de edad, tiene muy claro el valor de su presencia y de su ejemplo. “Los menores trans también existimos. Estoy orgullosa de estar aquí reivindicando mis derechos, y contenta de poder salir a gritar y a reivindicar la ley trans. Es importante para empoderar a las personas que no salen del armario”, aseguró la activista.

Asistentes a la manifestación del Orgullo LGBT Víctor Echave

Familias, representantes políticos de todos los partidos de la corporación municipal, grupos de amigos e integrantes de asociaciones se sumaron ayer a la comitiva que recorrió el camino hacia María Pita. La media de edad, al igual que en la última manifestación que salió a las calles con motivo del Orgullo LGBT, en 2019, fue considerablemente baja. “En casa no he salido del armario, pero estar aquí me hace fuerte y es una forma de ser quien soy”, asegura L, de solo 13 años, que engrosó las filas de la marcha ataviado con la bandera arcoíris. La pandemia no pudo, este año, contener la marea de colores que dejó lemas como “queremos derechos, queremos ley trans”, “si hay transfobia no hay feminismo” o “en esta primavera, toca ser bollera” o “no desfilamos, nos manifestamos”.

Asistentes a la manifestación del Orgullo LGBT Víctor Echave

“Es importante estar aquí hoy porque también somos importantes, porque no se nos ha reconocido hasta ahora. Hay más apoyo, y eso significa que hay más conciencia, pero necesitamos que haya más gente que se de cuenta”, reclama otra de las presentes, Martina Roel, durante el recorrido. Ya en María Pita, los manifiestos leídos al término de la manifestación afianzaron, con más firmeza todavía, las demandas enunciadas momentos antes.

“Queremos que dejen de patologizarnos, que dejen de imponernos el paso por cirugías, hormonación o tratamientos psicológicos, que dejen de imponernos pronombres o lenguajes binarios. Basta de estigma y discriminación asociadas al VIH, basta de tratar a las personas trans o no binarias como personas a tutelar”, clamaron en los discursos finales, en una jornada en la que el cuidado y respeto a las medidas sanitarias no empañó las reivindicaciones de un colectivo que se ve obligado a pelear, todavía, sus derechos más básicos. “Estamos agradecidos de ver que la juventud tiene necesidad de reivindicar y festejar. El orgullo es lucha, pero también es fiesta”, apuntó Ana García, presidenta de ALAS.

Agresión homófoba en Monte Alto

Alex Docherty y Marcos Fernández, víctimas de una agresión homófoba en Monte Alto Víctor Echave

Quien no faltó, tampoco, a la marcha del Orgullo LGBT fue la pareja compuesta por Marcos Fernández y Alex Docherty, a pesar del desagradable momento que tuvieron que vivir hace pocos días en Monte Alto, cuando un individuo armado con una porra extensible se abalanzó sobre ellos y les propinó una paliza al grito de “maricones”. Una situación que ni Marcos, coruñés, ni Álex, británico, habían pensado vivir jamás en una ciudad que se dice abierta y respetuosa. “Nunca en la vida nos había pasado esto. Que nos insulten alguna vez, pues sí, pero una agresión así jamás”, asegura Fernández. El agresor está identificado y cuentan con un testigo de los hechos, con el asesoramiento jurídico del Observatorio coruñés contra la LGBTfobia y con la colaboración de la policía. Las diligencias están abiertas y confían en que tarde o temprano se hará justicia, pero las peores heridas, más allá de las visibles, van por dentro. “Te quedas acojonado y ansioso, por si vuelve a ocurrir. Yo ya estoy mejor, pero Álex está con más ansiedad”, relata Fernández. “Sigo con el cuerpo nervioso”, añade Docherty. Cuando denunciaron lo ocurrido, admiten, no las tenían todas consigo. “Fui a denunciar con miedo de que me revictimizasen, pero la policía se portó muy bien. El policía que nos atendió no entendía cómo podía haber pasado algo así. Hemos recibido muchas muestras de apoyo. Vemos que esto ya no se tolera”, explica Fernández.