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8M, Día Internacional de la Mujer

Talento investigador, femenino y de proximidad

Las investigadoras punteras de la Universidade acreditan que las mujeres han conquistado todos los ámbitos de conocimiento que tenían vetados, pero queda todavía un largo camino hasta la paridad

Arriba: Margarita Poza, Vanessa Valdiglesias y Amparo Alonso. Abajo: Susana Ladra, Nieves R. Brisaboa y Concha Herrero. | //L.O.

Ingenieras, químicas, biólogas, sociólogas, arquitectas, informáticas, matemáticas y un etcétera infinito. No hay ámbito de conocimiento en el que las mujeres no tengan, a día de hoy, las puertas abiertas. Ellas enseñan e investigan en las Universidades casi en igual medida que sus homólogos varones, pero la huella de sus proyectos y trabajos no siempre se traslada correctamente a la sociedad. Gran culpa de ello la tienen los medios de comunicación: según datos del último informe de Monitoreo Mundial de Medios, las mujeres son solo tres de cada diez fuentes expertas consultadas en informaciones periodísticas, y el 13% de fuentes académicas.

Las mujeres son solo tres de cada diez fuentes expertas consultadas en informaciones periodísticas, y el 13% de fuentes académicas

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Un desajuste que no hace en absoluto justicia a la realidad de los laboratorios y los centros de investigación, en los que mujeres coordinan equipos, lideran investigaciones revolucionarias y proyectos punteros y dedican horas de su vida a sacar adelante sus iniciativas, muchas veces sin financiación, medios o apoyo institucional. No hace falta irse muy lejos para encontrar ejemplos de ello: la Universidade da Coruña cuenta, en todas sus facultades y centros adscritos, con una nómina de investigadoras de solvencia, aptitudes y carrera acreditadas que tienen mucho que decir sobre sus ámbitos de estudio y conocimiento. Solo falta que se les pregunte más.

Todas ellas coinciden en que el panorama ha cambiado mucho en los últimos años, en los que la presencia femenina en determinados departamentos ya no es una rareza, pero señalan que todavía queda un largo camino por recorrer para equiparar el peso y la notoriedad que reciben unas y otros, y para corregir el desequilibrio en el sesgo de género que no escapa, todavía, a ningún ámbito. Tampoco al académico, en el que existe desigualdad incluso en las titulaciones con más equilibrio entre hombres y mujeres. “En Biología, en general, la diferencia es menor. Antes no éramos muchas las que hacíamos tesis, el número ha ido aumentando. Las cosas han cambiado, sí, pero no tanto como puede parecer”, juzga Concha Herrero.

“En Biología, en general, la diferencia es menor. Antes no éramos muchas las que hacíamos tesis, el número ha ido aumentando. Las cosas han cambiado, sí, pero no tanto como puede parecer”

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Es catedrática de Microbiología, fue vicerrectora de Investigación y decana de la Facultad de Ciencias. A día de hoy, investiga los efectos de los pesticidas y contaminantes emergentes en las microalgas. Antes, estudió sus potencialidades como alimento en acuicultura, pero ahora se enfoca en su línea medioambiental. “Esto tiene interés, porque las microalgas son el primer nivel de la cadena trófica de los ecosistemas acuáticos. La contaminación desequilibra todo el ecosistema”, explica.

En su rama en particular, donde la paridad sí existe en las aulas, a veces incluso con mayor porcentaje de mujeres, se da una situación común también en otras titulaciones: las mujeres van desapareciendo conforme se asciende en la jerarquía académica. A las mujeres catedráticas, investigadoras y coordinadoras de grupos en sectores como la informática, uno de los ámbitos académicos más masculinizados, esto resulta tristemente familiar. “En la universidad en general ocurre. En estos momentos somos el 50% de mujeres, pero es como una tijera: según subes en la escala, comenzamos a descender. A nivel de cátedra hay todavía más diferencia. Vivimos en una sociedad todavía con sesgos de género”, aprecia Nieves Rodríguez Brisaboa, catedrática de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UDC y Premio Nacional de Informática 2019. En la actualidad, sus proyectos se centran en los datos y todo lo que tenga que ver con ellos. “Ahora, con el Big Data, esto está a la orden del día, pero las bases de datos han sido siempre algo clásico en informática. Es un tema práctico de mucha actualidad”, refiere.

Fuera del laboratorio, lucha por visibilizar como atractiva para las mujeres una titulación que lidera la inserción laboral en el país, pero que todavía cuenta con pocas adeptas en las aulas, realidad de la que culpa, sobre todo, a los estereotipos que giran en torno a la Informática. “El prejuicio de friki que trabaja en un sótano comiendo pizza ahuyenta a las mujeres, pero también a los hombres”, asegura.

"El la Universidad somos el 50% de mujeres, pero es como una tijera: según subes en la escala, comenzamos a descender. A nivel de cátedra hay todavía más diferencia"

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Su colega Susana Ladra, ingeniera y doctora en Informática y graduada en Matemáticas, da la razón a Rodríguez Brisaboa a la hora de valorar el perjuicio que generan estos estereotipos a la hora de atraer alumnas, y que provoca que el de la informática y la computación sea uno de los sectores que más se resiste a escenificar el avance de los tiempos en lo relativo a la incorporación de mujeres a sus filas, que sí han experimentado otras ramas tradicionalmente masculinizadas.

Para Ladra, premio Ada Byron joven 2020, la clave está en presentar en positivo las virtudes de la titulación y el sector. “Hay que visibilizar las partes apasionantes que tiene esta titulación, es una opción muy válida para cualquier persona. Hay desconocimiento sobre lo que es, y muchos estereotipos falsos. Sería enriquecedor porque, en computación, todas las perspectivas son importantes.”, aprecia Ladra, que orienta su actividad investigadora a distintos campos dentro de la gestión y el manejo eficiente de datos masivos. Más recientemente, también ha prestado sus destrezas al ámbito de la bioinformática, relacionada, sobre todo, con tratamiento de datos relativos al COVID. Un abanico de posibilidades de estudio que, insiste, deben visibilizarse de cara a captar alumnado femenino para una titulación en la que no solo no hay avance, sino que se aprecia, incluso, cierto retroceso en este particular.

“Hay que visibilizar las partes apasionantes que tiene la Informática, es una opción muy válida para cualquier persona. Hay desconocimiento sobre lo que es, y muchos estereotipos falsos"

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Así lo percibe Amparo Alonso, catedrática de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en A Coruña y otrora presidenta de la Asociación Española de Inteligencia Artificial. “Hace 30 años, en las facultades de Informática veías en torno a un 30% de mujeres. Hoy no superan e 12%, y no veo que mejore. En Ingeniería Informática es un poco más alta, pero es difícil que haya muchas mujeres en investigación si en las aulas tenemos esos datos”, indica. Al frente del grupo de investigación LIDIA (Laboratorio de I+D en Inteligencia Artificial) del Centro de Investigación TIC de la UDC (Citic), Amparo Alonso estudia las potencialidades infinitas de la Inteligencia Artificial y sus aplicaciones prácticas en sectores como la industria, la salud y el medio ambiente.

“Trabajamos en temas que tienen que ver con el aprendizaje máquina, explicable y transparente y también sujeto a restricciones de privacidad. Un aprendizaje distribuido, donde aprovechas el potencial de cálculo de pequeños dispositivos, del internet de las cosas”, explica. En el grupo que que coordina, no obstante, sí existe paridad, lo que se da en contadas ocasiones en sectores en los que prepondera la presencia masculina. “Es muy difícil en una facultad en la que hay solo el 12% de estudiantes mujeres, pero sí ocurre en otros grupos coordinados por mujeres”, destaca.

“Hace 30 años, en las facultades de Informática veías en torno a un 30% de mujeres. Hoy no superan e 12%, y no veo que mejore"

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La Universidade da Coruña puso en marcha, el mes pasado, el directorio UDCientíficas, un buscador que permite encontrar fácilmente, a través de palabras clave, a las investigadoras y docentes de la Universidad coruñesa especialistas en distintos campos de conocimiento. El objetivo; visibilizar el talento investigador de la Universidade y facilitar a los medios de comunicación el acceso a estas fuentes expertas menos consultadas.

“A menudo sucede que, si tenemos cierta relevancia porque hemos hecho algo, se nos intenta callar. Con los hombres, si hablan públicamente de sus logros, no pasa”, juzga la doctora Margarita Poza, investigadora del Inibic, en el Centro de Investigaciones Científicas Avanzadas (Cica) y la UDC, donde desarrolla tres vías de investigación: el estudio de bacterias multirresistentes a antibióticos, el análisis de las bacterias del organismo y su relación con enfermedades como el cáncer colorrectal y, por último, la epidemiología basada en aguas residuales. Recientemente, coordinó el equipo CovidBens, el proyecto que medía la carga viral de SarsCov-2 en las aguas residuales de A Coruña.

Una intensa actividad investigadora para que no siempre ha contado, por su condición de mujer, con todas las facilidades. “Conciliar es muy difícil. A mí me ha costado mucho. En investigación, si estás dos o tres años apartada porque tus hijos son pequeños, te cuesta mucho. Es un tiempo que te ralentiza y que no recuperas jamás, y, además, se te sanciona”, aprecia. En lo relativo a la maternidad, aunque el sistema de roles se está equilibrando, ellas suelen cargar con la peor parte cuando se habla de conciliación, lo que las obliga a abandonar la carrera por obligaciones familiares y a renunciar a puestos de responsabilidad.

“Conciliar es muy difícil. A mí me ha costado mucho. En investigación, si estás dos o tres años apartada porque tus hijos son pequeños, te cuesta mucho. Es un tiempo que te ralentiza y que no recuperas jamás"

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“Se ha avanzado, pero sigue habiendo trabas para nosotras en la carrera investigadora, que se ceba con las mujeres cuando entra en juego la maternidad”, aprecia Vanessa Valdiglesias, doctora en biología e investigadora en Nanotecnología y Toxicología en el Cica de la UDC, donde estudia el impacto en el material genético de las sustancias a las que la población está expuesta y las patologías y alteraciones derivadas. Recientemente, fue elegida por la Fundación Aquae como una de las diez científicas españolas que se encuentran en la vanguardia de la investigación internacional. “En 2021 se aprobó la Ley Ángeles Alvariño, una ley pionera en la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres en la ciencia. Ahora falta que se aplique y que se cumpla”, insiste.

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