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La Opinión de A Coruña

Sofía Casanova, de la poesía juvenil a la tragedia bélica

Las crónicas de la escritora coruñesa, pionera del periodismo en España, guardan grandes paralelismos con la guerra en Ucrania

La poetisa, escritora y periodista coruñesa Sofía Casanova. | // L.O. SAGA TV

Sofía Casanova (Almeiras, Culleredo, 1861-Poznan, Polonia, 1958), poeta, escritora y corresponsal de guerra, informó desde Polonia de la Primera y Segunda guerras mundiales y desde San Petersburgo de la Revolución rusa. La casualidad ha propiciado que se haya publicado una excelente biografía sobre este extraordinario personaje cuando ha estallado el conflicto bélico más importante en Europa desde 1945.

La lectura de Sofía Casanova. Corresponsal en dos guerras mundiales (editorial Voyage of Discovery), del periodista catalán Josep Bosch, produce una mezcla de fascinación y amargura, al apreciar los asombrosos paralelismos entre lo que sucedía hace más de un siglo y lo que está ocurriendo en Ucrania. “La masiva y astuta movilización ciudadana de todas las edades, sexos, partidos políticos (excepto el comunista) y clases sociales en apoyo del ejército logró forzar el repliegue de los invasores, que habían pronosticado poca resistencia”. Bosch relata la batalla de Varsovia, en la que fuerzas polacas y ucranianas repelieron al invasor ruso en 1920, pero esas palabras bien podría referirse al momento actual del cerco a Kiev.

La trayectoria literaria de Sofía Guadalupe Pérez Casanova, nacida en Almeiras (Culleredo) comenzó en la prensa. Fue su madre la que remitió en secreto al periódico Faro de Vigo, a través de un poeta amigo, unas poesías que Sofía guardaba en un cajón de su habitación. Se publicaron el 7 de septiembre de 1878, cuando la poetisa estaba próxima a cumplir los 17 años. “¿Por qué mi sueño turbáis, recuerdos de lo pasado, y de mi duelo callado aumentando pena estáis?”, rezaba la primera estrofa de un poema que bajo el título de Mis recuerdos dejaba ya entrever una de las constantes de la poesía de Casanova, la tristeza y el pesimismo.

Fue su matrimonio con un profesor, filósofo y diplomático polaco, Wincenty Lutosławski, el que propició que Sofía Casanova viviera gran parte de su vida en Polonia, país en el que formó una familia y desde donde ejerció como corresponsal de guerra, sobre todo para el diario Abc. Bosch, que ha sido corresponsal de la agencia Efe en ciudades tan importantes como Pekín, Tokio, Hong Kong y Ginebra, descubrió casualmente la vida y la obra de Sofía Casanova mientras investigaba la relación entre España y Rusia para los textos del catálogo de un acto cultural en la Fundación Ramón Areces, de Madrid, con ocasión del centenario de la Revolución rusa. “Seguí investigando y me di cuenta de la importancia cultural e histórica de una persona que se conoce poco, de su intensa labor periodística, pionera y poco frecuente en una mujer de su época, y de sus increíbles vivencias que no dejaban de asombrarme”, comenta el periodista catalán.

La escritora fue comparada en su momento con Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal, y personajes de su círculo intelectual quisieron proponerla para el Nobel de Literatura. Marie Curie, Tolstoi, Bernard Shaw, Ramón y Cajal y Benito Pérez Galdós fueron algunos de los personajes que trató.

Durante la Primera Guerra Mundial, en Varsovia, atendió como enfermera a soldados moribundos, algo que la marcó profundamente. En San Petersburgo fue testigo del creciente descontento popular en contra del zar que desembocó en las revoluciones de 1917. Denunció las desigualdades y expresó ciertas simpatías por los revolucionarios, que pronto se disiparon al comprobar el desgobierno de Kérenski y la deriva violenta y tiránica de los bolcheviques. La periodista coruñesa, que entrevistó a Trotski, se convirtió en una furibunda anticomunista, lo que le llevó a alertar de forma casi obsesiva sobre el peligro de la influencia comunista en España y a apoyar al bando franquista durante la Guerra Civil. En 1938 se reunió en Burgos con Franco, al que dedicó encendidos elogios, y se fotografió haciendo el saludo fascista.

Ese antibolchevismo le llevó a escribir favorablemente sobre Hitler en 1933, en su ascenso al poder, aunque después lo calificó de “caudillo del terror” y “canciller exterminador”. El director de Abc, Luca de Tena, le advirtió que no podía escribir nada contra los alemanes, a los que apoyaba el periódico madrileño, y en 1944 dejó de colaborar con la que fue su principal atalaya y vía de sustento.

Monárquica, conservadora y profundamente católica, estaba a favor de un sistema social más justo para las clases menos favorecidas y para los obreros, pero abominaba de los comunistas, que además habían mandado asesinar a sus dos cuñados, nacionalistas polacos. “Todas sus experiencias terribles en Polonia le crearon una especie de fuerte vínculo con aquel país que fue muy intenso hasta el final”, apunta Josep Bosch para explicar por qué la escritora gallega rechazó volver a España y terminó malviviendo en la Polonia comunista hasta el fin de sus días, con 96 años. “Añoraba muchísimo Galicia, su tierra, su clima y sus gentes, pero su vida estaba en Polonia porque allí estaba su familia y ella siempre quiso estar cerca de sus hijas y de sus nietos”, añade Bosch.

Son innumerables las reflexiones de Sofía Casanova que suenan trágicamente actuales, como esta de 1915: “Hoy, Europa se destroza en los estremecimientos de una fatalidad que los idealistas creíamos ya vencida por la civilización moderna”.

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