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La Opinión de A Coruña

Óscar Alzaga Expolítico de UCD y catedrático de Derecho Constitucional

“En España se destruyó la actividad de los demócratas durante la larga dictadura”

“Hubo una quema de documentos que contó con el respaldo de Adolfo Suárez”

El catedrático de Derecho Constitucional y ex político Óscar Alzaga

El catedrático de derecho Constitucional, y cofundador de UCD, Óscar Alzaga, rescata, en La conquista de la transición, la memoria de la oposición democrática durante el franquismo. Lo presenta hoy, en un acto organizado por el Ateneo Republicano de Galicia en la Fundación Paideia (20.00 horas).

La conquista de la transición busca desmentir ciertas falsas verdades sobre el proceso que precedió a nuestra democracia. ¿Cuáles son?

Lo primero preocupante es que, de forma sistemática, cuando debe empezar la transición, desde el Ministerio del Interior, ocupado por Rodolfo Martín Villa, se procede a la destrucción sistemática mediante quema de la práctica totalidad de los archivos de los diversos servicios policiales: la Guardia Civil, los servicios especializados, y, por supuesto, todo lo relativo a la brigada social. La quema se materializa en una gran caldera que se instala al efecto en la sede central de la Guardia Civil. Contaba, por supuesto, con el respaldo del presidente Adolfo Suárez. Impide a los historiadores conocer la actividad que los dirigentes, cuadros y personas que militaban en la oposición desarrollaron durante aquellos años, procurando defender valores democráticos y crear condiciones objetivas necesarias para conquistar la democracia. Es una documentación que se ha conservado en países como la Alemania posterior al nacionalsocialismo y la Italia posterior al fascismo. Somos el único país de Europa occidental que ha destruido la actividad de los demócratas en la larga dictadura.

¿Motivó esta destrucción que la transición, tildada de modélica, y la posterior democracia, naciesen heridas de muerte?

Yo diría que lo que se intentó es que las generaciones jóvenes no conociesen lo que habían hecho los demócratas de las generaciones anteriores, y que no hubiese un sentimiento de gratitud hacia los que habían trabajado para traer la democracia, realizando esfuerzos y asumiendo responsabilidades que estaban en el Código Penal del franquismo y en las leyes represivas complementarias vigentes.

Hay quien sostiene que el primer gobierno democrático fue un reciclaje de cargos del franquismo. Tuvo que haber una gran oposición dentro del propio espacio político para que no se impusiese el argumentario del régimen. ¿Fue así?

El Gobierno de Suárez previo a la convocatoria de las elecciones generales se encuentra con que Europa le exige, como condición absolutamente imprescindible para que España pueda incorporarse a las instituciones europeas, el que se asuman instituciones de un Estado de Derecho, con la proclamación y consagración de los derechos y libertades fundamentales, con los controles jurídicos del poder político y del debido pluralismo. Eso requiere un proceso constituyente, hay que hacer unas primeras elecciones antes, que se hacen con una Ley Electoral que aprueban los últimos órganos del franquismo, pero respetando bastante las condiciones que habíamos impuesto los demócratas en 1974. El ministro Antonio Carro me pide que los de la oposición definamos las garantías que exigimos para acudir a esas elecciones. Yo organizo una comisión plural, con gente del PSOE y de otras sensibilidades. Decidimos no hacer una definición de condiciones sino, para nuestra mayor seguridad, redactar un anteproyecto de Ley Electoral. Ese anteproyecto tiene la friolera de 107 artículos, cuatro disposiciones finales, anexos y una reseña bibliográfica. La ley electoral que se aprueba por las Cortes franquistas, en su 90% respeta el anteproyecto que habíamos redactado nosotros. Los aspectos que modifican responden a los intereses de quienes los modifican.

Esta destrucción de la memoria sobre los procesos previos a la democracia, ¿es responsable de que no se hayan cerrado las heridas que sostienen el conflicto entre las dos Españas?

Yo creo que un país, para asentarse sobre una convivencia democrática, con respeto recíproco de los derechos de todas las personas, debe conocer su verdad histórica, sin que se manipule por ningún lado. De este libro, que es muy extenso, nadie sale diciendo que algo es mentira. Está escrito con cuidado, citando las fuentes en las que nos hemos apoyado. El número de anexos y notas al pie llama la atención, porque está muy lejos de las memorias imaginativas que otros han escrito. Se describe lo que se puede probar que sucedió. Esa senda de consultar los archivos históricos y lo que la prensa extranjera, sin censura, iba narrando, es la que permite reconstruir nuestra verdad histórica. Respetar la verdad es poner los cimientos de una convivencia en libertad en el siglo XXI.

Con estos mimbres, ¿cree que cabe debatir sobre la necesidad de una reforma constitucional?

Ese es otro tema que no plantea ese libro. Si se me pregunta, yo diría que nuestra Constitución es un buen texto constitucional, elaborado hace más de 40 años. En Alemania, desde que aprobaron su ley fundamental de 1949, han actualizado permanentemente su Constitución, y han introducido prácticamente una reforma al año. En España hemos tenido solo tres reformas, y porque se nos exigió desde Europa. Como profesor de la materia, diría que las democracias de calidad se caracterizan por su capacidad de diálogo constructivo, en el seno de la plural clase política, sobre cuáles son los aspectos menos funcionales de la constitución, para irlos adaptando a las nuevas circunstancias e ir reformando en consecuencia. Eso exige que los partidos, de derechas y de izquierdas, sean conscientes de su deber, sin perjuicio de que unos estén en el gobierno y otros en la oposición, y mantengan un diálogo para el perfeccionamiento de las instituciones de la vida pública.

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