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La Opinión de A Coruña

Leonardo Padura Escritor. Presenta hoy su libro ‘Personas decentes’ en la UNED

“Ahora en Cuba hay carencia de todo, pero sobre todo de esperanzas”

“Tengo una relación muy fuerte con la realidad cubana, es la que me alimenta como escritor”

Leonardo Padura posa con su libro en Riazor, ayer. CARLOS PARDELLAS

El detective Mario Conde ha vuelto. Su creador, Leonardo Padura, le ha dado vida, una vez más, en Personas decentes, un libro situado en La Habana en 2016, aunque también hace un viaje a 1910. Dos realidades con vínculos insospechados. Hoy (19.00 horas) presenta el libro en la UNED en la jornada inaugural de Encontros con escritores, junto a Javier Pintor y Xavier Seoane.

Una vez más, Cuba aparece en su novela. ¿Se podría considerar ya un personaje más?

Cuba es un concepto fundamental en mis libros porque es mi territorio cultural, histórico, sentimental y físico. Vivo en Cuba y sobre todo escribo ahí. El destino de Cuba es importantísimo para mí, no solo mirarlo desde el punto de vista contemporáneo sino también verlo desde su perspectiva histórica. Por eso esta novela tiene un momento que se desarrolla en el pasado, a principios del siglo XX. En el caso de las novelas de Mario Conde, hay un propósito, al principio creo que fue algo inconsciente, que es hacer una crónica muy cercana de la vida cubana de estos años, sobre todo desde la perspectiva de mi generación. Cada generación tiene una educación sentimental, política y filosófica que depende de los tiempos. Yo no soy capaz de escribir un mensaje en el móvil con los dos pulgares y eso me diferencia de generaciones posteriores. Tengo una mirada generacional que es la mirada de Mario Conde.

¿Cómo es su protagonista?

Mario Conde es un personaje que yo creo para una novela, Pasado perfecto, que se publicó en México en 1991. Lo construí, le di fuerza y me di cuenta de que era un personaje que seguía vivo y que tenía la capacidad de servirme para mirar la realidad cubana desde una perspectiva muy propia de su labor, un policía de investigación, que se acerca a lo peor de la sociedad, el lado oscuro y el crimen. Luego deja de ser policía pero en esta novela decidí recuperar la estructura de la novela policial. Hay más crímenes y más investigación.

¿Hay una similitud entre usted y su protagonista? Él ha evolucionado, ¿usted también?

El personaje ha evolucionado porque las primeras novelas se desarrollaban en 1989, un momento en el que Cuba vivía todavía una normalidad. Esa normalidad se rompe muy pronto, en el 90 o 91, cuando desaparece la Unión Soviética y Cuba se queda sin su apoyo político, económico y de todo tipo. Entramos en el “periodo especial en tiempos de paz” y hay que ponerlo entre comillas porque creo que hemos vivido largos periodos especiales. No había nada. Esas cuatro primeras novelas transcurren en 1989 y Mario Conde tenía 35 años. Después salto a finales del siglo XX y principios del XXI con Adiós, Hemingway. Ahora, en la nueva novela, mi protagonista tiene 62 años. Por lo general, las personas que viven fuera de Cuba tienen una percepción de que la realidad cubana es inmóvil porque el sistema sociopolítico y económico es el mismo desde hace muchos años. Pero no, Cuba no es igual porque la sociedad cambia. Esa transformación se ve en las novelas y Conde lo sufre. No es lo mismo tener 35 años y ver la vida de una manera que tener 62 y ver la vida de otra manera y actuar de otra manera. Si pensásemos igual a una edad que a otra seríamos unos tontos.

¿Esa generación a la que usted pertenece soñaba con una Cuba que nunca fue?

Sí. Mi generación fue la que se pretendió formar como el hombre nuevo del socialismo. The Beatles y The Rolling Stones estaban prohibidos en una época porque se consideraban una desviación ideológica. Nos educaron con unas reglas muy estrictas, pero es una generación universitaria y se nos prometió un futuro. El problema es que cuando llegamos a los 30-35 años, el mundo desaparece y nos quedamos en un vacío que no se sabe qué va a ocurrir y tenemos que reinventarnos. Esa reinvención fue, en muchos casos, traumática. Algo similar se está viviendo hoy, pero con una respuesta diferente. Los tiempos cambian. En aquel momento, la gente se desesperó y pasó hambre. En estos momentos, la gente se está yendo, sobre todo los más jóvenes. En los últimos diez meses, han cruzado la frontera de México para Estados Unidos más de 170.000 cubanos. Eso es mucho. Y los que no se han podido ir es porque no tienen los 10.000 dólares que vale ese viaje. Ahora hay carencia de todo: alimentos, medicinas, combustible, electricidad pero, sobre todo, de esperanzas. Una sociedad que empieza a dudar de su futuro es muy difícil sostenerla. Estamos metidos en un túnel, otra vez, y creo que la luz que había al final era una bombilla que alguien ha aflojado. Además, el gobierno de Trump recrudeció el bloqueo económico y financiero.

Pero sigue viviendo en Cuba.

Sí. Es mi contexto y mi cultura. Tengo una relación muy fuerte con la realidad cubana, es la que me alimenta como escritor. Los sueños, las frustraciones, las maneras de hablar, de sentir y de entender la vida son lo que yo reflejo en mi escritura.

En el libro también habla de censura. ¿Ha vivido algún episodio desagradable?

Sí. Todos hemos tenido algún episodio de censura en Cuba. El último fue cuando escribí un guion para una película que dirigió el francés Laurent Cantet y se llama Regreso a Ítaca. Estaba programada para exhibirse fuera de concurso en el Festival de Cine de La Habana y, de repente, la sacaron. Pero si ves la televisión o los periódicos cubanos, ves que hay una línea editorial muy estricta.

Y, pese a todo, ¿hay personas decentes, como dice el título?

Sí, siempre habrá personas decentes. Aunque el mundo se ha vuelto cada vez más indecente, y lo vemos en la política y en la economía, creo que todavía existen personas que respetan los códigos éticos.

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