La Opinión de A Coruña

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Vegetación, suciedad y edificios, los inquilinos de las murallas

Restos del Bien de Interés Cultural que va desde O Parrote a Pelamios se encuentran cubiertos por árboles y enredaderas, deteriorados u ocultos tras inmuebles, privando de una vista única, como paisaje y como mirador | El arquitecto José Ramón Soraluce, autor del informe sobre las murallas encargado por Xunta y Concello en 2013, analiza su estado y propone intervenciones

Diferentes puntos de la muralla de A Coruña Víctor Echave

¿Las murallas de la ciudad están cuidadas? “En absoluto”, responde el arquitecto José Ramón Soraluce, quien en 2013 realizó un informe, a petición de Xunta y Concello, sobre el estado de este Bien de Interés Cultural (BIC). A Coruña tiene dos murallas: la medieval, que rodeaba la Ciudad Vieja hasta el jardín de San Carlos, y la muralla del mar, que se construyó en el siglo XVI. En algunos puntos de la ciudad, como la plaza de María Pita, nada queda de aquello. Hay restos mejor y peor conservados a lo largo de un paseo que llega hasta Pelamios, partiendo de O Parrote.

Al recorrer esta ruta junto a Soraluce, sorprende ver la muralla oculta bajo la vegetación, deteriorada, pasando desapercibida ante los ojos de vecinos y turistas. Hay espacios intervenidos, como en O Parrote o la puerta de San Miguel, justo debajo del hospital Abente y Lago, pero llama la atención la falta de mantenimiento.

Igual que la fachada de la Marina se dibuja como una postal coruñesa, con sus galerías, y es reconocida por muchos, la muralla podría convertirse en una nueva portada, una invitación a un viaje al pasado. “La mayoría de visitantes entra por el mar, en los trasatlánticos, y lo primero que ven es un espacio un poco desordenado”, comenta Soraluce, que cree que “la imagen de A Coruña con todas las fortificaciones tuvo que ser impresionante”. Todavía hay tiempo para recuperarla, aunque sea una pequeña parte.

En el paseo junto al mar, donde se encontraba la playa de O Parrote y subiendo por donde ahora está el Rectorado y la Hípica, la muralla aparece y desaparece. “Encontramos trozos sueltos, hay que coserlos para darle una continuidad paisajística aprovechando suelo público. Eso nos daría la posibilidad de hacer un itinerario por la muralla”, detalla. Restos del pasado y nuevos elementos de unión, junto a espacios expositivos, pondrían a las murallas en el lugar que se merecen.

Marcas en el suelo que señalen el lugar por donde pasaba el Bien de Interés Cultural, paneles explicativos o códigos QR son algunas de las actuaciones que se podrían llevar a cabo para que vecinos y turistas buceen en un pasado coruñés con, por ahora, muchas grietas y obstáculos.

Plaza de María Pita Víctor Echave

María Pita. En la construcción de la plaza frente al Ayuntamiento y su aparcamiento subterráneo se encontraron los restos del baluarte y contraguardia de Santa Lucía, que fueron destruidos. Ya no queda nada, pero José Ramón Soraluce propone colocar “paneles informativos en los soportales de María Pita para mostrar cómo era antes de ser plaza”. A estos se les podría incluir códigos QR que den acceso a la historia de la ciudad. “Esta plaza unió dos ciudades, Pescadería y Ciudad Vieja. Aquí había conjuntos de baluartes enormes. Todo se tiró a la mitad del siglo XIX”, recuerda. De hecho, en aquel momento, “hubo mucho entusiasmo y la gente se acercó a María Pita para llevarse piedras para construir sus casas”.

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La Dársena. El baluarte del Puerto y los restos de la muralla quedaron al descubierto en las excavaciones realizadas para la construcción del parking de O Parrote. “Eso hizo que la obra se parase durante tres o cuatro años”, recuerda Soraluce. Se puede ver parte de la muralla original e incluso hay una estructura que simula el baluarte, que ahora es una zona de paseo. “Es un área que se ve poco”, lamenta. En los arcos se han proyectado varios restaurantes y pubs en los últimos años, pero los proyectos nunca han llegado a materializarse. “Si abren, tendrán que incorporar a su diseño la pared con la muralla”, indica. El informe del arquitecto propone destinar estos espacios a una actividad relacionada con la información cultural del sitio.

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O Parrote. La puerta de entrada a la ciudad “desde la Edad Media hasta los siglos XVIII-XIX” se encuentra justo enfrente de uno de los accesos a La Solana. “Esto se ha convertido en un almacén de instalaciones y residuos, este BIC está vendido a su suerte”, denuncia Soraluce, que alerta de que “se está cargando de presión todo el entorno de la muralla” pues justo ahí hay un acceso a las instalaciones deportivas y de ocio. La puerta, además, está “muy deteriorada”. Habría que renovar la zona y la señalética para informar sobre la historia de esta puerta. También se incluiría en esa restauración la puerta del Clavo, que se encuentra unos metros más adelante. El entorno tampoco es mucho mejor. Los árboles tapan la muralla y la valla de alambre de La Solana recorta el espacio disponible para paseo. “Este espacio tiene que estar abierto. Esto es inconcebible. Se ha cortado un suelo público para un uso totalmente privado”, sentencia. Además, el estanque que se hizo junto a la muralla está completamente abandonado. “Siempre está sucio, por ahí no pasa nadie y está roto. Si quieren darle un carácter de cómo fue, que sea un arenal, pero hay que restaurarlo”, propone. Delante del hotel NH Finisterre, en el suelo, hay unos elementos plateados que indican por dónde iba la muralla. Una actuación que se podría repetir en otras zonas de la ciudad. En Puerta de Aires por ejemplo, se ha colocado una maqueta que indica por dónde iba la muralla medieval.

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Pelamios. Aquí está el tramo de la muralla perteneciente a los siglos XVIII y XX, es el enlace con las instalaciones militares actuales del Cuartel de Atocha. Según el informe de Soraluce, encargado por Xunta y Concello, es necesaria la “liberación de construcciones militares abandonadas y la rehabilitación del edificio racionalista construido sobre el baluarte”. Ese inmueble que ahora Xunta y Concello quieren derribar para construir un albergue de peregrinos.

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De A Maestranza a la Hípica. En este paseo se encuentran algunos restos de la muralla histórica, pero sin un hilo conductor. Justo debajo de la Fundación Luis Seoane —un edificio también muy deteriorado— se puede ver un muro de hormigón y más adelante hay construcciones modernas. También hay zonas con ilustraciones de arte urbano. “Hay que dar la sensación de que la muralla continúa, aunque sea con nuevos elementos”, aporta el arquitecto. En el cruce de la avenida del Metrosidero y la calle Julio Portela Ceballos se conserva un trozo de la muralla original. “Ahora mismo es un adorno. Pero este BIC hay que integrarlo”. Soraluce propone modificar el tráfico en este punto y ganar espacio para ampliar la zona, ajardinar y hacer un muro moderno que conecte con la muralla original. Aquí también se apuesta por hacer una pasarela superior.

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Abente y Lago. El tramo mejor conservado y de más extensión de todo el conjunto de las murallas de A Coruña rodea el hospital Abente y Lago. Sin embargo, hay una zona cerrada, no se permite el acceso al adarve —parte superior de la muralla—, pues es de uso del propio centro hospitalario. Allí hay coches aparcados y contenedores. Nadie, salvo personal sanitario, puede pasear por ese espacio. “Esto debería formar parte del espacio público. Podría hacerse un paseo por encima de la muralla. En lugar de eso, es una zona almacenaje de trastos y residuos”, señala. Para Soraluce, “la muralla no es solo un elemento paisajístico lejano, es también un paseo con vistas”. Propone, además, señalar “con piedras, como ocurre en algunos tramos del Camino de Santiago” por dónde iba la muralla “para darle continuidad” hacia la parte de La Solana. Aquí, bajo el hospital y frente al castillo de San Antón, también hay una puerta, la de San Miguel, cerrada con un vallado y con un panel informativo que está totalmente deteriorado. Casi ni se lee. “La piedra de la puerta se está deshaciendo y los escudos no se ven”, apunta, pero añade: “lo importante es recuperar la parte superior de la muralla”. En este tramo, el Ayuntamiento acometerá la creación de un parque en el solar ocupado en el pasado por un edificio de Sanidad Militar, a la altura de la puerta de San Miguel. El proyecto incluye una rampa para bajar desde la calle San Francisco hasta el pie de la muralla

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Capitanía-San Carlos. Justo debajo del Archivo de Galicia cualquier persona puede ver la muralla medieval, pero no por dónde continúa, pues se oculta detrás de un inmueble del Ejército “que forma parte de las instalaciones militares, pero no tiene interés ni carácter militar sino que es una vivienda”. “Tapa completamente la muralla”, se queja Soraluce, que cree que debería eliminarse. El Bien de Interés Cultural sigue por detrás del jardín de Capitanía, pegado a los edificios ahí construidos. “Los sótanos de esas casas tropiezan con la muralla. Y el adarve, lo que se conoce como el paseo sobre la muralla, es el balcón de estas casas”, expone. ¿La solución? Abrir el jardín de Capitanía, “incorporarlo al espacio público”, dice, y “hacer un tratamiento a la muralla para recuperarla”, pues se encuentra llena de vegetación.

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