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Músico, hoy en concierto en El Andén

Teo Cardalda: “Ahora hay cosas buenas, pero el éxito inmediato se lo ha comido todo”

“Tengo hijos que son músicos, y capto la misma emoción que tenía yo al empezar”

El músico Teo Cardalda. | // RICARDO GROBAS

El otrora integrante de Golpes Bajos o Cómplices está de vuelta a casa: tras la pandemia dejó Madrid para reinstalarse en su ciudad natal, Vigo; y hoy subirá al escenario de El Andén (23.00 horas), dentro del ciclo Tocadiscos. En la actuación repasará sus grandes clásicos, pero también algunas canciones que marcaron su generación, como El sitio de mi recreo, Y no amanece o Malos tiempos para la lírica.

¿Sigue pensando que en A Coruña hay menos nervio que en Vigo?

Bueno, yo a Vigo lo amo y lo odio. me he vuelto ahora para aquí después de muchísimos años. Quería volver, pero el tema de la pandemia fue definitivo para venirme. Siempre que puedo me meto un poco con A Coruña. Ya no está el tema para bromas, porque cada vez está peor la cosa. No hay que dudar que Vigo fue un sitio muy muy especial en el momento en el que resto de provincias gallegas no tanto. Pero me encanta A Coruña, no me fui a vivir allí porque soy de Vigo.

¿Se ha encontrado una Galicia muy distinta a la que dejó, a nivel creación cultural?

Lo bueno de Galicia es que, a pesar de que todo ha cambiado mucho, como Madrid, del que se ha ido muchísima gente; sigue siendo un sitio donde hay una mezcla de modernismo y de tradición, te encuentras cosas completamente surrealistas. Regresé con la misma necesidad que tuve tuve de pirarme de allí en su momento. Galicia es un país que mantiene cosas que a mí aun me sorprenden.

Llega A Coruña con el ciclo Tocadiscos: Vuelve la generación EGB. ¿Se identifica con esa acotación temporal de esa época, o piensa que está más diluido?

A mí siempre me ha gustado ver para adelante y ver para el futuro. Lo que pasa es que es necesario reivindicar esos años, en muchísimos sentidos. Musicalmente siguen siendo algunos de los años más felices, para todo: la televisión, la industria. Hay cosas buenísimas ahora mismo, pero el estrés del éxito inmediato se lo ha comido todo: el estrés de que todo funcione de inmediato, la telegenia... esas tardes enteras en locales sombríos y oscuros, como las que pasaba Antonio Vega, o las que pasaba yo, se han convertido en la obligación de ser lo más maravilloso, de mostrarte al mundo con todas tus facetas. Eso conlleva mucho menos atractivo de lo que para mí es un artista, la composición, la música.

¿Qué piensa de las luchas generacionales sobre la calidad de la música actual frente a la de antes?

Creo que no son luchas, tienen parte de realidad. Hoy te pones una cadena comercial y hay unas letras... yo no sé qué está pensando la gente, pero las letras no pueden ser todo el rato “te deseo, te lo como todo”. Nosotros también teníamos esa necesidad de atracción sexual, pero las letras de Los Secretos, de Antonio, de Presuntos, eran letras más amplias en el sentido de la reflexión, de lo que es la vida. Yo creo que todo cambió a partir de los 2000, con el fenómeno de Operación Triunfo. Ese verano en el que los ayuntamientos contrataban aunque fuera a los técnicos de OT. Hubo un cambio tremendo, la industria se tuvo que adaptar, con los problemas que tenemos ahora con las grandes plataformas, que todo está flotando, y a los músicos les ha quedado el directo.

Rindió homenaje a los grupos y artistas coetáneos con versiones de los clásicos de los 80 en El viaje que nunca acaba. ¿Se ha acabado esa forma de hacer música?

Cuando hablo del viaje que nunca acaba me refiero al dedicarte a la música, que eso sigue sucediendo: tengo hijos que son músicos y capto esa misma emoción, esa sensación, cuando empiezas a hurgar en la música, a hacer tu primer tema, a ver que lo que haces funciona. La música es una droga absoluta, es pura vida el hacer un tema, el pelear, el triunfar y el fracasar. Está metido en esos años, porque este era un disco que tenía que hacer tarde o temprano. Hay personas que ya no están, con las que yo disfruté muchísimo: Antonio, Enrique Urquijo, Germán... eso era lo que yo quería reflejar.

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