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Dani, Antonio y Javi, los ‘niños’ del Olímpico

Justo veinte años después, los tres canteranos del Dépor recuerdan el “privilegio” de vivir en primera persona el histórico triunfo en el mítico estadio del Bayern - Fue la gran noche de Makaay y Valerón, y también la suya, aunque no jugaran

Dani Mallo, con la camiseta de Oliver Kahn, junto a Antonio y Javi, con la elástica dorada del triunfo de 2002 en Múnich. | // CASTELEIRO / ROLLER AGENCIA

Los tres juntos otra vez, como hace veinte años con el Deportivo en el Olímpico de Múnich. Dani Mallo, Antonio López y Javi Angeriz sonríen como niños al recordar el regalo que el fútbol les brindó el 18 de septiembre de 2002, cuando el Dépor se convirtió en el primer y único equipo español de la historia que ganó al Bayern en el Olímpico de Múnich (2-3). Desde el banquillo —Dani con el dorsal 13, Javi con el 32 y Antonio con el 33— los tres canteranos fueron testigos privilegiados de aquella gesta europea cuyo vigésimo aniversario se cumple el domingo. No llegaron a saltar al campo, pero se sintieron igualmente partícipes de aquel imborrable episodio que el conjunto blanquiazul protagonizó vestido de dorado. Fue la gran noche de Valerón y Makaay, pero también la suya por el “privilegio” de haber estado allí siendo tan jóvenes y, además, con lo difícil que era asomar la cabeza en aquel Dépor que asombraba en España y en Europa.

El banquillo del Dépor en Múnich, encabezado por Javier Irureta, con los siguientes jugadores, de derecha a izquierda: Antonio, Capdevila, Acuña, Luque, Javi Angeriz, Manuel Pablo y Dani Mallo. | // CARLOS PARDELLAS

“Ya solo ir a ese estadio icónico, llegar allí con la edad que teníamos, era un premio enorme para nosotros”, recuerda el exguardameta de Cambre, el mayor de los tres. Tenía 23 años pero ya llevaba varias temporadas integrado en el primer equipo, al contrario que los entonces fabrilistas Antonio y Javi. Para los dos centrales coruñeses sí que fue una “sorpresa total”. De pronto se les abrían las puertas del Olímpico por las numerosas bajas, hasta ocho, que condicionaron la convocatoria de Javier Irureta para aquel estreno en la Champions del curso 2002-03. “Faltaba mucha gente, sobre todo en la parcela defensiva —recuerda Antonio— y por eso tanto Javi como yo tuvimos la suerte de viajar y poder vivir desde dentro, de primera mano, ese partido que quedó para siempre en la historia. Los acontecimientos pasan de golpe y en el momento no eres muy consciente pero con el paso de los años le das el valor que tienen. Fue una experiencia inolvidable”.

Tenía entonces 20 añitos, uno menos que Javi, también “un privilegiado” por haber compartido aquella experiencia con “futbolistas de otro nivel”. “Estaban Kahn, Ballack, Salihamidzic, Elber… muchos míticos. Y en el Dépor Valerón, Makaay, Héctor… Todos hicieron un partidazo. Ese Deportivo era un espectáculo. Ya solo subir a entrenar con ellos era una locura”, recuerda Javi. “Fran, Donato, cualquiera de esa época —añade Antonio—. Los mirabas un poquito con el máximo respeto, intentando a veces medirte mucho para no molestar, como quien dice”.

Muchas emociones juntas sobre todo para Antonio y Javi, que de pronto pasaban de jugar en Tercera a visitar uno de los templos mundiales del deporte. Todo de golpe: la convocatoria, el viaje, la expectación de la gente, el ambiente de la Champions, la grandiosidad del Olímpico… Antonio hasta tuvo que avisar en el trabajo, ya que compaginaba el fútbol con sus inicios profesionales en un laboratorio dental, actividad que sigue desarrollando actualmente. “La verdad es que nos cogió un poquito de sopetón”, confiesa el todavía central del Silva a sus 40 años. “Hasta última hora no supimos nada”, confirma su excompañero Javi.

Dani Mallo trató de facilitarles su aclimatación y ambos se lo agradecen. “Desde que empezamos a entrenar con el primer equipo, estuvo atento en todo, siempre tratando de ayudarnos. Era un ejemplo y un espejo para nosotros”, resume Javi Angeriz, actualmente jardinero y al mismo tiempo entrenador del cadete A del Atlético Arteixo y coordinador de su fútbol base junto a José Hevia.

Camiseta de Kahn “en diferido”, gentileza de Roy

Tras consumarse la gesta en el Olímpico, Antonio quiso “pedirle algo a Kahn” para su padre, porque “también era y es portero”, pero no se atrevió a dirigirse al serio guardameta alemán, “con su rictus habitual y, además, ese día más mal encarado”. Sí lo intentó Dani Mallo, al que le hacía “muchísima ilusión tener su camiseta”. “Reuní todo el valor que pude para acercarme a él y pedírsela, pero no estaba de buen humor y no me la dio. Lo entendí. Era un competidor y estaba dolido”, recuerda el actual concejal de Cultura, Deportes y Juventud del Concello de Cambre, y comentarista deportivo.

Se quedó sin ese tesoro en 2002, pero le acabó llegando por sorpresa al año siguiente gracias al “detalle” de su amigo Roy Makaay, fichado por el Bayern meses después de sus tres goles en el Olímpico. “Roy se acordó y me envió a A Coruña la camiseta de Oliver Kahn firmada, así que la tengo en diferido”, relata sonriente Dani, el único de los tres que llegó a debutar con el primer equipo del Dépor, mientras muestra la codiciada prenda a Antonio y Javi, los otros dos 'niños' del Olímpico.

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