Con la donación forzada del pazo de Meirás al dictador Francisco Franco se violó también la voluntad de la escritora Emilia Pardo Bazán. Ella deseaba que estas torres en el futuro pudiesen ser visitadas por todos los interesados en su obra y con esa intención diseñó múltiples detalles en la arquitectura y decoración del edificio. Lo dice ella misma, de su puño y letra, en cartas, tarjetas postales, invitaciones, a distintos amigos, una correspondencia que el Consello da Cultura Galega y la Real Academia Galega acaban de subir a su página web con motivo del centenario de su fallecimiento, el pasado 12 de mayo.

“Para el decorado de la torre en construcción, que es la que yo he de habitar, quisiera imprimirle alguna huella personal, para cuando la visiten —si la visitan— los curiosos del año 2.000”, escribe Pardo Bazán en una carta fechada en 1901 a José Alguero Penedo, notario de Betanzos y artista que colabora en el diseño y decoración figurativa de las Torres de Meirás.

Doña Emilia en el año 1901 apuntó al año 2000 como el de la apertura de esta propiedad a las visitas, y tampoco se equivocó demasiado en su predicción. En 2006 el BNG de Sada solicitó a la Consellería de Cultura la declaración del pazo como Bien de Interés Cultural (BIC) y que se constituyese una comisión tripartita para “estudiar la recuperación de esta propiedad”. Lo primero se hizo realidad en el año 2008, cuando la Xunta efectuó esta declaración que obligaba a los Franco a abrir el pazo cuatro días al mes a las visitas, aunque hasta el 25 de marzo de 2011 no se abrieron efectivamente estas puertas y se realizaron las primeras visitas. Un juzgado en septiembre de 2020 amplió la ambición de la escritora, al declarar que esta propiedad es del Estado, aunque aún hay litigio, al igual que por los bienes de su interior.

Líneas de la carta de Pardo Bazán en la que muestra su deseo de que se visite Meirás en 2000. | // RAG

Este epistolario que se ha dado a conocer está integrado en total por 156 cartas (recibidas y enviadas) fechadas entre 1879 y 1917, con interlocutores como su amiga y comadre Carmen Miranda Armada. Se muestran quince misivas con el betanceiro José Alguero, entre ellas muchas tarjetas de visita en las que le dice qué días estará en Meirás y puede acudir. a verla o a comer. En una de ellas incluso le invita pero recordándole que es a su casa de Sada, no a la de Madrid, “cuidado”. En el reverso de esta tarjeta está dibujado a mano, a lápiz, un pato y otra figura.

En la misiva a Alguero en la que le cuenta su deseo de que se visiten sus torres, le dice también que la fachada que está en construcción “ya no llevará canecillos”, como ella le había indicado en otra misiva. En otro escrito Doña Emilia le cuenta a este notario y artista que su madre quiere que le dé el nombre y señas del “ferreiro betanceiro” con quien el año pasado había contratado el “baleón” del pazo de Meirás.

La enigmática misiva

Una misiva de 1912 a Alguero es totalmente distinta: está encabezada por una especie de escudo heráldico con el lema en latín De bellum luce, la luz en la batalla. La escritora usó varios años este encabezamiento, símbolo de su libertad individual. En ella le dice a su amigo que conserve ese documento hasta que deba mostrarlo “en debida y legal forma” y le ruega que no escriba nada sobre el asunto pero que le confirme si le llegó dicho documento con una frase en clave, hablando de otro asunto, como “dándome las pascuas” o “he recibido el libro”.

En otras misivas da cuenta de su pasión por las filloas, las orejas (las come en Italia, pero no son igual que en Galicia), las nécoras y los mejillones. Estas cartas permiten conocer el universo íntimo de la autora. Habla de la muerte de su padre, de la tos ferina de una de las niñas, de su vida en París o en Madrid y sus continuos viajes (siempre está mandando tarjetas diciendo dónde estará cada día de la semana). En cartas a Eduardo Pondal se confiesa ser admiradora, también con otros interlocutores habla de “doña Concepción”, por Concepción Arenal. Existen misivas con intelectuales franceses de la época como el escritor Jean Lorrain, e incluso un borrador de carta al rey Alfonso III en la que le recomienda mejorar el papel de la mujer en España, siguiendo las corrientes del resto de Europa.

En este epistolario figura la carta que Pardo Bazán envió al intelectual militar Luis Vidart invitándole a tomar baños en las aguas de Santa Cruz, en Oleiros, donde tiene su otra residencia de verano, el castillo en la isla adquirida por su marido José Quiroga (la misiva se expone en el Museo Emilia Pardo Bazán de A Coruña).

En este fondo accesible a través de las páginas webs de estas instituciones también se puede ver una tarjeta postal que Pardo Bazán escribió en Sada en 1907, en la que en el anverso figura una imagen de “Nuestra Señora de la Antigua, imagen del siglo XII que se venera en la capilla de las Torres de Meirás”.