Pocos pero muy motivados fueron los grupos de amigos o familias que ayer mantuvieron vivo el espíritu de Os Caneiros, que este año tuvo que quedarse a bordo, dada la prohibición de amarrar y bajarse al campo para evitar concentraciones de gente por la pandemia. En total unas 25 embarcaciones remontaron el Mandeo en la primera de las dos jornadas de la romería fluvial que, como en la pasada edición, fue minimalista en comparación con la muchedumbre habitual y que, según informó el Ayuntamiento, transcurrió sin incidencias al menos hasta última hora de la tarde.

Cuatro jóvenes remontan el río. | // VÍCTOR ECHAVE

En la modesta muestra de barcas que surcaron el río estaban representados tanto la familia que busca celebrar una comida tranquila con sus niños en el río como los jóvenes que disfrutan del paseo con unas cervezas en la cubierta de una embarcación más moderna que las tradicionales o el grupo de veteranos que, con “2.000 W de sonido” a bordo, reivindican como “una de las más fiesteras” de la romería su embarcación, A Esmorga, aseguró el presidente de la asociación del mismo nombre, Ramón González, que pasadas las 13.00 horas custodiaba las viandas, bebidas y equipos de sonido que llevaban en compañía de un amigo mientras sus compañeros tomaban algo en un bar cercano, en A Ribeira, unos, y en las callejas otros.

José Manuel (izquierda) y su familia, en su nueva barca. | // VÍCTOR ECHAVE

A Esmorga zarpó con ocho tripulantes, en lugar de la veintena larga que solía llevar hasta el campo de Os Caneiros cuando el coronavirus aún no mermaba las fiestas. Entre los platos preparados para degustar había tortilla o pimientos de Padrón, y la croca esperaba a ser cocinada a la plancha gracias al generador que habían subido a la embarcación.

Los hermanos José Manuel y Antonio Cachaza y su familia eligieron la fecha de ayer para estrenar su embarcación, aunque conocen bien la tradición de remontar el río hasta Os Caneiros. “Yo soy de Betanzos, nacido en Betanzos, siempre tuve embarcación y este año la hicimos nueva”, afirmó José Manuel. Aseguró que, pese a que la pandemia merma los ánimos, “la ilusión siempre se tiene”. Los hermanos planearon una jornada tranquila de comida en el río con sus familias.

Ya cerca de las 14.00 horas, una embarcación que zarpó del lado del río situado frente al paseo ostentaba el título de la más cantarina. Sus tripulantes incluso llegaron a responder con cantos tradicionales al paso de una moderna embarcación con cuatro jóvenes desde la que sonaba música actual.

Cerrado el campo y limitadas las barcas —algún visitante preguntó en el paseo de la Tolerancia si se alquilaban— buena parte del ambiente se vivía en las callejas, donde varias terrazas se llenaron para los vermús, cañas, vinos o comidas. En algún local de la Fonte de Unta, tres gaiteiros, un tambor y un bombo recordaban que, aunque contenida por el virus, el 18 en Betanzos es fiesta.