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Matías Vallés

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Matías Vallés

El ‘efecto bandera’

La guerra no suprime la política, solo modifica su escenario. Europa se juega su supervivencia colectiva en la invasión de Ucrania, pero los gobernantes continentales están acuciados por urgencias individuales. La mayoría de sondeos avanzan que Macron ganará las elecciones francesas, enfatizan que el presidente ostenta mejores porcentajes de aceptación que sus predecesores a un mes de acabar el ciclo. A la hora de interpretar el inesperado resurgir, recuerdan que la campaña bélica ha aplastado a la campaña electoral, que aparece incluso frívola en una época de vida o muerte.

Francia se remite pues al efecto bandera o l’effet drapeau, que decidirá las elecciones para el actual residente en el Elíseo. Se habla más del papel presidencial en la guerra que del combate con otros candidatos. Ponerse en contra de Macron equivale a alinearse con Putin, una estrategia letal si no cambia bruscamente el consenso sobre la contienda. La apelación al enemigo exterior inmuniza contra las carencias interiores. Los ciudadanos votarán antes por una bandera que por un candidato, una preferencia que no habla muy bien de los gobernantes europeos. No solo en París, también Boris Johnson se ha salvado de la defenestración al imitar a su biografiado Churchill contra Putin.

El actual efecto bandera desborda al perseguido por Thatcher en las Malvinas, a la conquista de Panamá por Bush padre o a la farsa de Bush hijo en Irak, sin elevar a Aznar a Perejil de esta salsa. La desconexión radical de los problemas íntimos, la famosa “vida real” de Rajoy, para centrarse en la absorbente identidad patriótica no esa una innovación alentada en la estepa ucraniana.

Cataluña fue pionera en tripartitos inverosímiles y en votar por banderas, aparcando los asuntos cotidianos para multiplicar los días históricos. Y si Macron sale catapultado gracias a la atmósfera bélica por fuerza ha de entenderse la desesperación de la portavoz popular Cuca Gamarra, al acusar a Pedro Sánchez de “usar la guerra como coartada”. En su salvaje voracidad, Putin puede anular el impacto del advenimiento de Núñez Feijóo.

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