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Carles Francino

No hay excusas

Fui padre precoz y he sido padre tardío. Lo cual confirma que en la vida es preferible no hacer muchos planes ni descartar nada. Mi hijo Iván cumplió 12 años. Y no puedo evitar un escalofrío cuando pienso en el hombre de Sueca que asesinó a su hijo, justo el día que cumplía un año menos. Tengo una auténtica obsesión por hallar explicaciones a hechos que tal vez solo representen un destilado de maldad; y entiendo que acuchillar a tu propio hijo para dañar a la mujer que ha cortado contigo no debería exigir muchas aclaraciones. Pero aun así, las busco.

Por eso, el otro día hablé en la radio con un neurocientífico experto en lenguaje no verbal y que descifra comportamientos a partir de los rasgos faciales. Se llama Javier Torregrosa y da clases en la universidad de Alicante. Nos habló sobre cómo un perfil determinado de las cejas o el volumen de carnosidad en los labios puede aportar pistas sobre si alguien es más o menos iracundo, más o menos empático, más o menos psicópata. Yo intenté descubrir algo de eso en las fotos del asesino, pero solo veía a un tipo de aspecto vulgar, con sobrepeso, hinchazón posiblemente provocada por el alcohol y una mirada entre vacía y desafiante. La conversación nos llevó a otro asesino, a Putin, y a las muecas de rabia, asco y desprecio que le salen mientras habla, sin apenas darse cuenta. Pero esas explicaciones no eran suficientes y el propio experto lo admitió. Por eso me reconforta descubrir que ya existe un primer estudio sobre esa forma extrema de machismo que es la violencia vicaria. El término lo acuñó la misma psicóloga forense que ahora la ha investigado. Se llama Sonia Vaccaro y sus conclusiones no dejan lugar a dudas: “Se trata de hombres sanos, sin patologías de ningún tipo, que planifican el crimen y atacan con objetos que consideran de su propiedad como son los hijos”. Mensaje recibido. Ya no pienso buscar más explicaciones a lo insoportable. Prefiero pedir que nunca más un error burocrático —en este caso falta de comunicación entre dos juzgados— ponga en peligro a un niño.

(Por cierto, ¡feliz cumpleaños, Iván!)

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