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La Opinión de A Coruña

Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La próxima primavera

El discurso del “yoísmo” se ha instalado de tal forma en la sociedad que cada vez es menos frecuente el uso del nosotros, nuestros, nos o con nosotros y más habitual, por contra, el yo, mí, me, conmigo. ¿Quieren saber la definición de egolatría sin tener que acudir al diccionario de la RAE? Es bien sencillo: cuenten cuantas veces utiliza una persona en su discurso la primera persona del singular y reconocerán en su rostro exultante resplandecer la flor del narciso.

El narcisista no tiene amigos, solo se quiere a sí mismo, ya que la amistad es palabra que se declina en plural. Así ocurre que, en el mercado creciente del individualismo, la amistad es un valor que cotiza a la baja. Se encuentra en la Biblia una frase que se antoja arqueología humana: quien encuentra un amigo es como si hubiese hallado un tesoro. Con frecuencia ocurre, sin embargo, lo contrario: a aquellos que encuentran un tesoro les llueven de inmediato los amigos. Como el añorado maestro Leguineche explicaba, pleno de la sabiduría que otorga la experiencia, en su “Club de los Faltos de Cariño”, en la prosperidad nuestros amigos nos conocen; en la adversidad somos nosotros quienes conocemos a nuestros amigos. Tal vez por ese motivo las buenas amistades se cuentan con los dedos de una mano y aún pueden sobrar el pulgar y el meñique. Cuando te vienen mal dadas, los que te consuelan son los amigos de verdad. Los que halagan al que ocupa la cima suelen ser interesados moscones.

Algunos de mis mejores amigos habitan la ciudad levítica que resucita cada año cuando Cristo muere, y vuelve a morir cuando Cristo resucita. O sea, que esa villa legendaria de milenarias piedras regresó al sopor habitual de su ensimismamiento. Los amigos quedan allí y pese a la distancia y el tiempo, anhelaremos el reencuentro la próxima primavera.

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