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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

Gente de libros, gente de peligros

Todas las profesiones suelen darse importancia, algunas la tienen de verdad (así, agricultores, sanitarios, militares, recogedores de basura, enterradores) y las que tienen menos procuran dársela más, para compensar. Este es el caso de los laborantes en la llamada literatura, formada por un inmenso vertedero de cagadas de mosca mejor o peor depositadas desde el inicio de los tiempos sobre soportes varios, mayormente papel. Las deposiciones son en forma de excremento (literatura pesada e íntima) o de desescamación (literatura ligera y de consumo) pero al final viene todo de sujetos endiosados que quieren contagiar su mal a los lectores para expandirse al propagarlo. Es verdad, no obstante, que cumplen cierta función social de tipo moral, pues el juego de lo que dicen, narran o callan da cuenta siempre de lo bueno, lo malo y lo prohibido, ampliando o restringiendo esas fronteras.

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