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La Opinión de A Coruña

Joan Tapia

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Joan Tapia

Primera escaramuza

Núñez Feijóo exigió estabilidad económica y política, mientras que Sánchez exhibió el mayor empleo fijo, en sus respectivos discursos en las jornadas del Cercle d’Economia en Barcelona

Las interesantes jornadas del Cercle d’Economia nunca han planteado un debate de candidatos a presidente. Solo dos cómodos recitales del presidente y el aspirante. No hubo pues el viernes un debate entre Núñez Feijóo, que habló sobriamente a primera hora, y Pedro Sánchez, que cerró las jornadas con un discurso más ampuloso con alabanzas a Ursula von der Leyen, premiada y presente en las jornadas por su acción al frente de Europa.

Hubo sí una primera escaramuza de recitales. Núñez Feijóo pareció un caballo fresco y con pocas cicatrices pese a la larga presidencia gallega. Su estilo sorprendió. Un veterano industrial catalán me confesó que los discursos del PP sobre Catalunya le solían enervar y que esta vez no le había pasado. Y su lenguaje fue menos afectado que el de los jóvenes Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. Feijóo pareció un político profesional —ni joven ni viejo— que sale a ganar. Sánchez actuó como un caballo que ya ha sido coronado e insistió tanto en la voluntad de diálogo con Catalunya y con empresarios y sindicatos como en sus logros sociales. Pero acusa la fatiga de la pandemia, las incógnitas económicas y las turbulencias de la mayoría que lo invistió. La más aparatosa, la del espionaje del CNI.

Primera escaramuza

Feijóo citó a Miquel Roca cuando ensalzó con énfasis la España de las autonomías. Y aprovechó para afirmar —sin ira— que el procés había sido un mal negocio y que Catalunya tenía que reconectar con España. También citó a Antón Costas, presidente del Consejo Económico y Social y antiguo del Cercle, sobre la economía social. Y a Adenauer, el canciller alemán de la recuperación tras la guerra mundial, para predicar estabilidad. Sin estabilidad política no puede haber estabilidad económica (puya al Gobierno de Sánchez) y sin estabilidad económica no la habrá política. Esa es su gran promesa: Estabilidad, con mayúscula.

¿Con Vox de socio? Feijóo respondió a medias: el PP es autonomista, europeísta y sabe gestionar. Vox es contraria a las autonomías, recela de Europa y no ha gestionado nada. Roca, Costas, Adenauer. Ni Fraga, ni Rajoy, ni Aznar. Un pragmático que ya en las elecciones gallegas iba un poco por libre.

En economía fue agudo al decir que el Gobierno aboga por el paraíso terrenal sin tener en cuenta que los recursos son limitados. Exageró al criticar que nos hayamos endeudado en 200.000 millones, cuando la pandemia ha obligado a hacerlo a todos los países. Y al despreciar el poco crecimiento del primer trimestre, un 0,3%. Cierto, pero la media europea es del 0,2%. Es lo que le toca al líder de la oposición. Pero luego —acento interesante— insistió en la conveniencia de puentes entre los dos grandes partidos.

Sánchez se refirió a los éxitos sociales. Por primera vez hemos llegado a 20 millones de empleos, y, gracias a la reforma laboral, en abril la mitad de los empleos creados han sido fijos, cuando en los últimos años solo lo era el 10%. Vale, pero abril es solo abril. Dijo que la mejor política contra la desigualdad es crear empleo, pero —añadió— reforzando el Estado del bienestar. Reconoció que la inflación es un problema, pero apostó por que baje cuando Bruselas —está a punto de hacerlo— permita topar el precio del gas natural con el de la electricidad. Y se refirió a proyectos recién concretados como la planta de baterías de Volkswagen-Seat.

Pero ni citó que el BCE, el gran financiador del déficit de los últimos años, va a dejar de comprar deuda pública ni que los tipos de interés subirán. El del bono español a 10 años ya ha saltado del 0,6% en diciembre al 2,22%. Y la misma omisión sobre las turbulencias políticas. ¿Cómo se salva la crisis con ERC? ¿Cómo se aguanta un Gobierno en el que el socio exige en público la dimisión de importantes ministros?

Citar al “querido Pere Aragonès” está bien, pero… Y decir que Catalunya, que preside ERC y en la que Salvador Illa logró más votos, tiene menos paro y más industria que la media española es una carantoña estéril para frenar la crisis del CNI.

Respecto a la inflación, los dos superaron poco los tópicos. Y es que nadie sabe lo que pasará. El recital de Feijóo fue corto e incisivo. El de Sánchez pecó de largo y repetitivo. ¿La Moncloa redacta peor o está más mareada por las turbulencias?

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