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La Opinión de A Coruña

Juan José Millás

el trasluz

Juan José Millás

El pasado no cesa

¿De cuántos autobuses me he bajado? ¿A cuántos he subido? Hablo de autobuses literales, no simbólicos. Me he subido y bajado de más autobuses literales que de autobuses simbólicos. De joven, tomaba dos para ir a la facultad y tres para regresar del trabajo. Me colocaba cerca del conductor e imaginaba que conducía, que era yo el que me llevaba a mi destino y me devolvía de mi destino a casa. Llamo destino a la oficina porque esta fue durante muchos años mi destino. Llegaba a él (a ella) a primera hora de la mañana, me tomaba un café con un optalidón y comenzaba a mover papeles. Mi trabajo consistía en eso, en mover papeles, en colocar a la izquierda los de la derecha y a la derecha los de la izquierda. Hacía magia con aquellos papeles, leía en ellos mi futuro como el tarotista en el tarot.

Durante los meses de invierno anochecía mientras archivaba papeles y cuando salía del trabajo la luna se había colocado ya disciplinadamente donde le tocara. Entonces subía a un autobús e imaginaba que lo conducía, lo que era una forma de imaginar que me conducía. Siempre quise conducirme, pero creo que siempre me condujeron otros. A veces me ponía yo al volante de mí mismo para meterme, por lo general, por direcciones prohibidas. Mi vida ha discurrido por algunas direcciones prohibidas. Quizá he puesto en peligro mi existencia y la de los demás. No he sido muy sensato en eso, en lo de conducirme. Recuerdo la ilusión con la que obtuve el carné de conducir por lo que poseía de simbólico.

Pero no quería caer en lo simbólico, quería ceñirme a lo real, a los cientos o miles de kilómetros que he hecho en autobuses, unas veces sentado, otras de pie, junto a otros bípedos agarrados a la barra para no caerse y con la mirada perdida en el vacío. Cierro los ojos y me veo subiendo y bajando con agilidad de los autobuses de mi vida, me veo recorriendo sus pasillos centrales en busca de un rostro conocido. Si es verdad que el pasado continúa existiendo en alguna de las instancias de la realidad, debe de haber muchas versiones de mí subiendo y bajando de los autobuses que recorrían las calles de mi juventud.

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