Kiosco

La Opinión de A Coruña

Pilar Garcés

El desliz

Pilar Garcés

El zorro cuidando el gallinero

Adoctrinar, qué negocio. Un nicho, lo llamaría un emprendedor de esos que identifica al momento la oportunidad. Se gasta un dineral público en cursos sobre igualdad en ayuntamientos y colegios: ese pastón está ahí para quien se lo quiera embolsar. Al hilo del cursillo, un discursillo. El de Macarena Olona en el reciente debate televisado de los candidatos a presidir Andalucía: “Cuando entremos en San Telmo vamos a cerrar todos los chiringuitos ideológicos que se limitan a pintar los bancos de colores”. La cabeza de lista de Vox piensa que la violencia de género es un invento aunque llevemos este año 43 asesinatos de mujeres, según Feminicidio.net, y los derechos de la ciudadanía LGTBI otro sacacuartos. Lo mismo opina Javier García Bartolomé, único concejal de la ultraderecha en el Ayuntamiento de Valladolid, y que el lunes en el pleno desató un pequeño tsunami al exigir la eliminación de estas jornadas de formación en igualdad y de ámbito afectivo y sexual en colegios públicos y concertados de la ciudad porque solo buscan lavar el cerebro a los niños. Cuando se le aclaró que su compañero de partido Javier Moreno Espeja, nombrado hace diez días director del Servicio Público de Empleo de Castilla y León, era con su empresa Data Consulting quien impartía estos cursos, y que algunos los daba él mismo en persona como monitor, debió quedar desconcertado. El mencionado alto cargo de la consejería de Industria, Comercio y Empleo en manos de Vox dimitió ipso facto “para no perjudicar al partido”. Que luego no digan que en este país nadie abandona voluntariamente la poltrona. Entre la ideología y el bolsillo no tuvo ninguna duda. Por algo el hombre lleva tanto tiempo impartiendo lecciones de principios morales y derechos civiles, para saber anteponer lo que realmente importa. Lejos de agradecerle el gesto, los de Abascal le afearon su “activismo” feminista dentro de las escuelas, una interferencia para la acción política de Vox.

Qué será del suculento negocio de Javier Moreno ahora que gobiernan los suyos, y que, si nos creemos a Macarena Olona, corren peligro los chiringuitos y las empresas dedicadas al adoctrinamiento en valores democráticos. No suframos por él. Siempre le quedarán las comunidades gobernadas por fuerzas progresistas, y sus generosas instituciones públicas. Verbigracia, el Parlament balear, que ha encomendado su Plan de Igualdad a la empresa consultora de Moreno. Tuvo que presentar una oferta increíble para que no se tuviera en cuenta la huella de carbono que generaría, dado que se encuentra radicada en Burgos. No debió incluir en su memoria de propuesta que su socio fundador pertenece a un partido abiertamente misógino y homófobo, pero si lo hizo no pasa nada. No le vamos a discriminar por motivos ideológicos porque eso contravendría los principios constitucionales de nuestro país. Nosotros, los paganini, no somos como ellos, los que fulminan la disidencia en dos minutos. Aceptamos la paradoja de que alguien predique una cosa y dé un trigo muy distinto. Todos tenemos derecho a la contradicción bien remunerada. Lo de que el poner al zorro a cuidar del gallinero es un peligro y una imbecilidad representa un estereotipo trasnochado contra las alimañas, que como todo el mundo sabe también comen saltamontes y bayas si hace falta. Ardo en deseos de tener en mis manos el documento que va a aprobar la Cámara balear con la ayuda del ex alto cargo de Vox, que ahora se puede volcar en el encargo porque dispondrá de más tiempo. A ver si es verdad que se limita a proponer pintar de colores los escaños de sus señorías.

Compartir el artículo

stats