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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

Dicho sea con algo de envidia

De USA fascina su capacidad para construir un relato de dimensión mítica casi en tiempo real y su voluntad de realimentarlo. Viendo hace días en La 2 por enésima vez El hombre que mató a Liberty Balance cae uno en secuencias y escenas evocadas hace solo un año por El poder del perro, dando cuenta de la reelaboración constante de su identidad nacional (también en melodías que décadas después serían evocadas en La Guerra de las Galaxias). Es verdad que se adueñaron en seguida del cine, como arte total, y no lo han vuelto a soltar, por lo que, aunque Galdós sea superior a John Ford, domina el medio dominante. Su infinita capacidad para renovarse incluye la realimentación con el propio crepúsculo que desde hace mucho se les vaticina. De hecho, filmes como los dos clásicos citados, separados por 60 años, hacen del subgénero del western crepuscular un fertilizante de su conciencia nacional.

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