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Es la incertidumbre, tonto

Ha empezado una larga recta electoral y la economía será el escenario donde Sánchez y Feijóo se descalificarán el uno al otro

“Es la economía, tonto” fue la frase de telón de fondo con la que Bill Clinton ganó al presidente Bush padre (el bueno) las elecciones de 1992. Hoy, en todo Occidente lo que domina es una gran incertidumbre. Ningún gobierno sabe lo que sucederá en los próximos meses. La inflación se ha colado como un visitante inesperado e indeseado y ha forzado a los bancos centrales a liquidar la época del dinero barato. Y la guerra de Ucrania ha trastocado todas las expectativas. ¿Qué pasará si Putin cierra el grifo del gas? Este es el fantasma que hoy recorre Europa.

Es la incertidumbre, tonto

Pero, mientras, todos los gobiernos contemporizan y ponen buena cara. En América el PIB ha caído algo en los dos primeros trimestres, pero nadie (ni Biden ni Yellen ni la Reserva Federal) creen que haya recesión. Imposible, con una tasa de paro del 3,5%, una de las más bajas de la historia. Y ni la Reserva Federal ni el BCE dicen lo que harán en setiembre. Subirán tipos, sí, pero no saben cuánto. Todo dependerá de los IPC.

En España las cosas no son muy distintas, aunque el país sí lo es. La tasa de paro (bajando) está en el 12,5%, no en el 3,5% americano. Y la inflación, 10,8%, es superior en casi dos puntos a la media europea. También la deuda pública es mayor. El suelo es más resbaladizo. Pero la realidad es que hoy hay 20,4 millones de empleos, bastante por encima que antes de la pandemia, y que el número de parados ha bajado de los tres millones, por primera vez en 14 años. Y aumentan los empleos fijos, no los temporales.

El PIB creció un 1,1% en el segundo trimestre, un 6,6% a ritmo anual mientras que la media europea está en el 0,7% y el 4%. Son las cifras con las que se parapetó Sánchez en su comparecencia de fin de curso del viernes. Y las previsiones oficiales de crecimiento del PIB (4,3% este año y 2,7% en el 2023) son muy similares a las de la Cámara de Barcelona (4% y 2,6%) y no están lejos de las del FMI (4% y 2%).

¿Cuál es pues la causa por la que el mensaje Sánchez (hay problemas, pero vamos bien) haya perdido credibilidad? Uno, que una inflación del 10,8% afecta mucho a las economías familiares. Dos, que el Gobierno progresista y la coalición de la investidura transmiten más inestabilidad que seguridad. Y tres, que la guerra de Ucrania ha alterado todo y ha creado una gran incertidumbre. El mismo FMI admite que todas sus previsiones pueden saltar por los aires si Putin corta el suministro de gas y provoca —como arma de guerra— una recesión en Europa. Y los españoles saben que no somos el país más resiliente.

Lo cierto es que, por diversos motivos y el desgaste del poder, el PP de Feijóo y Moreno Bonilla, ha tenido una gran victoria en Andalucía al lograr la mayoría absoluta y no depender de Vox. Ahora el PP supera al PSOE en todas las encuestas y agrieta al electorado de Vox que tendría unos resultados inferiores a los del 2019. Y Feijóo repite que Sánchez es el pasado y que él ganará las elecciones.

Puede ser, pero la historia no está escrita y mientras Feijóo es un político calculador, Sánchez es un arrojado que cree firmemente en él. En su mensaje de fin de curso remachó que protegería a la clase media trabajadora, que creía en la “patria europea”, con España como socio de primera (por tener el 30% de las plantas de regasificación), y en la apuesta por la transición ecológica y la energía verde. Todo a la izquierda, con cuidado (socialdemocracia), pero recurriendo a cierta demagogia: “Si tenemos a Botín y a Sánchez Galán (presidente de Iberdrola) en contra, es que vamos bien”.

Ya estamos en una larga recta electoral que acabará en diciembre del 2023. Los dos líderes se descalificarán el uno al otro. Y sea cual sea el resultado electoral (y aunque luego haya algún tipo de pacto entre los dos grandes partidos) uno de los dos líderes tendría que morir. Feijóo piensa que Sánchez está en fin de ciclo y Sánchez se revuelve, se inventa un politburó y cree no que puede, sino que remontará. Confía en su acreditada resiliencia, pero en las famosas primarias socialistas todavía no tenía el desgaste de haber gobernado. Ahora ha sufrido, como el mismo dice, “la pandemia, un volcán y la guerra de Ucrania”. Y Núñez Feijóo es un profesional más frío y menos prepotente que Susana Díaz.

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