Kiosco

La Opinión de A Coruña

Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

¿Dejará Murdoch caer a Donald Trump?

¿Osará alguien rivalizar con Trump por la nominación republicana si el expresidente se decide finalmente a presentarse a reelección? ¿Le dejará caer quien ha sido hasta ahora su mentor: el empresario de los medios Rupert Murdoch?

El potencial aspirante con más posibilidades, tal vez el único que podría atreverse a dar ese paso es el gobernador de Florida, Ron DeSantis, alguien a quien algunos califican como un “Trump con cerebro”.

Descendiente de inmigrantes italianos, como se desprende de su apellido, DeSantis, de 43 años, es un político del ala más conservadora, habría que decir reaccionaria, de un partido al que Trump escoró ya a la derecha más populista y extrema.

El redactor jefe de la revista derechista National Review, Rich Lowry, se refirió a él como “el líder de un nuevo partido moldeado por Trump”, pero sin la debilidad de carácter de éste.

Al igual que, salvadas por supuesto todas las distancias, la presidenta del PP madrileño pone a su comunidad como ejemplo de lo que debería ser España, DeSantis presenta al Estado que gobierna como modelo a imitar en todo EEUU: “Somos el Estado más libre de América”, proclama.

Fue su comportamiento durante la pandemia del coronavirus lo que le hizo popular en el conjunto del país al haberse negado, a diferencia de otros gobernadores, a seguir las recomendaciones del Gobierno federal sobre el uso en espacios públicos de la mascarilla.

DeSantis se dedicó a anatematizarla públicamente en cada ocasión, con el aplauso de los medios más conservadores, el apoyo del entonces presidente Donald Trump y para desesperación de sus rivales demócratas, que, jugando con su apellido, llegaron a apodarle “DeathSantis” (Santis de la Muerte).

El que fue director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EEUU Anthony Fauci se convirtió en blanco principal de sus ataques. “En Florida decimos que se vaya al infierno”, dijo en cierta ocasión.

DeSantis se ha destacado además por su campaña contra la comunidad LGTB: una ley del Estado de Florida prohíbe hablar de “orientación sexual” e “identidad de género” en las escuelas primarias y amenaza con expulsar de la docencia a los maestros a quienes se les ocurra mentar en las aulas esos temas.

Incluso se atrevió a enfrentarse a la empresa Disney, defensora de los derechos de la comunidad gay, y la amenazó con retirarle los privilegios especiales de que disfruta el que es el mayor empleador del Estado de Florida.

Pese a su ascendencia —su tatarabuela llegó a EEUU en 1917 y estuvo a punto de que le denegasen la entrada en el país por ser analfabeta—, DeSantis mantiene hoy una actitud negativa frente a la inmigración similar a la del primer ministro húngaro Viktor Orbán, con quien algunos le comparan.

Al igual que Trump, de quien ha sido hasta ahora ferviente partidario, DeSantis odia además que la prensa le contradiga y no se abstiene de atacar, cuando le da la gana, al periodista que tiene delante.

Resulta en cualquier caso significativo que los poderosos medios del empresario ultraconservador australiano Rupert Murdoch, entre los que destaca la cadena Fox, haya empezado no solo a distanciarse, sino incluso a criticar a Trump, al que aupó en su día a la Casa Blanca y cuyas mentiras aireó hasta el final de su presidencia.

Murdoch ha tenido siempre un papel destacadísimo a la hora de aupar o derribar a políticos, sobre todo los del área anglosajona: sus televisiones y sus tabloides apoyaron a los gobiernos británicos conservadores de Margaret Thatcher y John Major y más tarde al laborista Tony Blair, quien supo cortejarle.

Algo parecido ocurrió también con los primeros ministros australianos Malcolm Turnbull, liberal conservador, y el laborista Kevin Rudd.

Ya en noviembre, el propio Murdoch criticó a Trump por seguir obsesionado con las últimas elecciones presidenciales al empecinarse en que él fue el ganador frente al demócrata Joe Biden, en lugar de centrarse en el futuro.

Y varios periódicos del grupo que preside Murdoch como The Wall Street Journal o el New York Post han publicado editoriales muy críticos sobre el expresidente mientras que sus cadenas de televisión no cubrieron su discurso en el America First Policy Institute, el primero que pronunciaba allí desde su salida de la Casa Blanca.

Murdoch parece tener un olfato especial para la orientación de la opinión pública de los países donde operan sus medios, y deja caer sin ningún miramiento a los políticos que ya no sirven a sus intereses ideológicos o a sus negocios. ¿Ocurrirá también con Donald Trump si DeSantis opta por presentarse?

Compartir el artículo

stats