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Tino Pertierra.

Solo será un minuto

Tino Pertierra

El colorín acalorado

Las turbulencias pasionales reales o inventadas por intereses comerciales alimentan la maquinaria de acalorados colorines de la actualidad intrascendente. O banal, pueril, simplona: ¿será por adjetivos? A medida que el mundo del famoseo se pasó a los personajes irrelevantes e innecesarios cuyo oficio consiste en sacar beneficio del cotilleo en grado superlativo de cutrez, la información antes llamada del corazón color rosa dejó de ser amable y liviana para cargarse de enfrentamientos, odios, rencores y deudas pendientes. Las cadenas de televisión, sobre todo una en horas muy bajas que mató sin piedad a sus gallinas de los huevos de oro exprimiendo formatos y personajes hasta desangrarlos, dejaron en un momento dado de formar cantera rosa en condiciones y dieron todo el poder a quienes más gritan, ensucian y aturden con sus polémicas estériles.

Conflictos familiares convertidos en culebrones interminables y alimentados desde la falta más absoluta de sentido común y de sentido del ridículo. Pugnas a caparazón abierto entre parejas gangrenadas. Amistades que se vinieron abajo. Juguetes rotos intentando aprovechar las últimas opciones de mantener a flote su “popularidad”. Reclutados en su mayoría en shows espeluznantes de una realidad prefabricada, los okupas de ese jetaverso pringoso apenas dejan sitio a quienes se ganan la vida con su oficio y solo tienen rivales de fuste en casas reales y alfombras rojas. No hace falta dar nombres porque saltan a la vista.

La gran colada necesita trapos sucios con las mayores manchas posibles, y cuanto más extendidas y persistentes, mejor. El único talento que asegura el triunfo es saber dar codazos, poner zancadillas, agitar el gallinero. A cambio, una fama tan breve como ruin(osa).

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