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Ferrán Monegal.

La foto de Amador proyectada como felpudo

No consiguen Rociito Carrasco ni Telecinco grandes índices de audiencia con su programa-ventilador lanzando pus contra toda la familia. Llevan no sé cuántos capítulos con este culebrón, y no se cumplen las expectativas. Por eso la cadena, para que la vendetta tenga éxito, monta vistosas escenografías.

La última ha sido usar una gran foto del tito Amador, el hermano de la difunta Rocío Jurado, y proyectarla en el suelo del plató a modo de alfombra o felpudo, para que Rociito la pisotee como si fuera una colilla. ¡Ah! Ha sido un momento televisivo breve, pero muy efectista. Con la puntiaguda punta del zapato Rociito iba pateando el rostro de su tío proyectado en el suelo del plató. Y con los afilados tacones remataba la faena, clavándoselos en el entrecejo como quien acaba espachurrando una cucaracha que de pronto haya aparecido en la cocina.

Y el programa ponía en ese justo instante, por la megafonía, aquellos tremendos versos que la gran Rocío cantaba en Déjala correr: “El fuego en tus heridas / no sirvió para cerrarlas / Por dentro siguen vivas / y te queman y no curan / y te amargan”. ¡Ah! Estos golpes, construidos televisivamente así, están destinados a fomentar lo que seguramente jamás se imaginó Rocío Jurado que serían capaces de hacer: impulsar el odio entre los miembros de su propia familia. Bien mirado, que los arquitectos del método telecinque estén contrariados porque el pus del culebrón Rociito no acaba de funcionar, bien mirado, repito, es un alivio.

El crimen perfecto

El programa Ilustres ignorantes, el más longevo de #0 M+, el espacio que ha aguantado con excelente salud las escabechinas que últimamente han sucedido en esta plataforma, abordó el otro día el eterno tema del crimen perfecto. ¡Ah! La posibilidad de que pueda realizarse el crimen perfecto es tan inquietante como atractiva. Las tres C del programa (Coronas, Cansado, Colubi) le iban dando vueltas al asunto, pero no acababan de llegar a ningún sitio. Fue un invitado, el cineasta y escritor Rodrigo Cortés, quien tuvo de pronto un rapto de luminosa genialidad y dijo: “El crimen perfecto es ejecutarlo con tal maestría que en lugar de pillarte a ti pillen y condenen como asesino a esa persona que odias de toda la vida”. ¡Ahh! Espero que este programa no lo hayan visto los constructores del culebrón Rociito.

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