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En memoria del padre

Jo van Gogh-Bonger. La mujer que hizo famoso a Vincent es una biografía de Hans Luijten, publicada originalmente en holandés en 2019, que el pasado 3 de noviembre llegaba a las librerías traducida y reeditada por Bloomsbury Publishing.

Johanna van Gogh-Bonger fue la cuñada de Vincent van Gogh, una mujer sencilla, educada y pragmática. Fue ella quien se hizo cargo de gestionar la ingente obra que el artista dejó tras él al morir.

Apenas había conocido al hermano mayor de Theo, pero, viuda y con un hijo, tras su suicidio, el 29 de julio de 1890, y después al fallecer su esposo, en enero de 1891, heredó cientos de sus lienzos, dibujos y bocetos.

Se había casado con Theo, el hermano al que el artista confiaba todas sus inquietudes y con el que mantenía una intensa correspondencia, en abril de 1889, a los 26 años. La joven familia se estableció en París; fue un matrimonio feliz pero breve, solo 17 meses, y tras su muerte Theo dejó a la joven Jo sola y con un niño pequeño en los brazos, al que habían puesto el nombre de su tío Vincent.

El interés y la cotización de la obra de Vincent van Gogh se disparó dos años después de su suicidio. Entre 1900 y la gran retrospectiva de más de 400 obras que el Museo Stedelijk de Ámsterdam organizó en 1905 hubo 15 exposiciones. Las solicitudes de préstamos se multiplicaban y los coleccionistas se afanaban por conseguir obra del artista que en vida no había vendido ni un triste cuadro.

La joven burguesa holandesa supo manejar magistralmente la fascinación póstuma que la vida y la obra de su difunto cuñado generó tras su muerte, y en la biografía que le dedica Hans Luijten queda patente que lo hizo tanto como un deber hacia su cuñado Vincent como en memoria y por amor hacia Theo, su difunto esposo.

Jo van Gogh-Bonger quería hacer honor a su matrimonio, extinguido por la muerte del marido en su momento de plenitud. También quería que el mundo fuera consciente del especial vínculo fraternal que existía entre Vincent y Theo, uno de sus siete hermanos pequeños. En 1914 la viuda de Theo publicó en tres volúmenes las cartas que Vincent envió regularmente a su esposo, y ella misma, que había trabajado como traductora, se encargó de volcarlas al inglés, aunque falleció antes de completar esa tarea.

La viuda de Theo supo hacerse valer en un mundo de hombres, fue una firme defensora de los derechos de la mujer y en 1894 fundó, con otros compañeros, el Partido de los Trabajadores Socialdemócratas Holandeses.

Jo van Gogh-Bonger murió en 1925, había vendido casi 200 pinturas y más de 50 obras en papel, y con ello consiguió suficiente dinero para alimentar y educar a su hijo, que en 1973 fundó el Museo Van Gogh, en Ámsterdam, uno de los más visitados del mundo.

El legado de Van Gogh y la rentabilidad que supo sacar de él le permitieron vivir holgadamente y sacar adelante al huérfano de Theo, que supo honrar debidamente la memoria de su tío y, en ella, la del padre que perdió.

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