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Ana Bernal Triviño

Queipo de Llano y violar a las mujeres

En la exhumación de Queipo de Llano de la basílica de La Macarena, en Sevilla, la voz de Paqui Maqueda recordó a las víctimas de la guerra que llevan el nombre del militar, centenares de hombres y mujeres. Sobre ellas se cometieron agresiones de género porque sus últimos avances de derechos no cabrían en la dictadura. Queipo de Llano decía en sus discursos que sus legionarios enseñarían a las mujeres qué era ser hombre porque “estas comunistas y anarquistas se lo merecen. ¿No han estado jugando al amor libre? No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.

Ser mujer en guerra siempre tiene que antes de matarte, te violen y torturen. Las presas recibieron descargas eléctricas en sus pezones, las rapaban, las desnudaban, las hacían tomar hasta un litro de aceite de ricino y las subían a un burro por todo el pueblo. Así las verían descompuestas sobre el animal, apaleadas, violadas y humilladas hasta el fin antes de ser asesinadas. Porque tenían que exponer qué sucedía con aquellas que no “cumplían” sus normas. Era la mejor forma de aleccionar en uno de los periodos más oscuros de la historia de las mujeres en España. Pido perdón por todas las que no cito, pero entre ellas estaba Agustina González, amiga de García Lorca, que inspiró el personaje de Zapatera. Fue fusilada poco después que el poeta. A él, por “rojo y maricón”, a ella, “por puta”, porque las mujeres libres era lo que merecían. Queipo de Llano dijo antes de fusilar a Lorca que le dieran “café, mucho café”, la clave de “Camarada, Arriba Falange Española”.

Es de justicia no honrar a quien lleva la firma de tanto horror. Así lo dijo la ONU en sus informes. Para quienes creen, como el presidente del PP, Feijoó, que hay que solucionar “los problemas de los vivos y dejar a los muertos en paz”, habrá que recordar que Alemania honró a sus muertos con justicia. Y que aún hay vivos que esperan localizar bajo tierra y llevar flores a sus muertos, como hacen los del otro bando. Que los muertos son memoria y sí. Todos y todas merecen descansar en paz.

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