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Joaquín Rábago

¿Expulsar a Rusia de la civilización?

No sé lo que le habrá parecido a quien haya leído la entrevista publicada por el diario El País con el presidente ucraniano la negación que éste hace de la pertenencia de Rusia al “mundo civilizado”.

Uno entiende la ira que la invasión de Ucrania por el país vecino y la brutalidad de esa guerra —¿hay acaso guerra que no sea brutal?— han provocado en el presidente Zelenski y millones de sus compatriotas, que tratan de defender a su país.

Pero la descalificación global de todo lo ruso en los términos utilizados por el presidente ucraniano, negando incluso que Rusia forme parte de nuestra civilización, le ha recordado por desgracia a uno los argumentos de la Alemania nazi contra la Rusia de Stalin.

Para justificar la guerra contra ese país, Adolf Hitler habló de los rusos como “Untermenschen” (seres infrahumanos), a los que había que esclavizar y diezmar, algo que intentó, aunque por suerte, sin éxito.

El odio a todo lo ruso no comenzó, sin embargo, con Hitler, sino que ya antes, el político prusiano Otto Braun justificó el apoyo de su partido socialdemócrata a la Primera Guerra Mundial por la necesidad de luchar contra “la incultura rusa”.

En su opinión, no se podía mirar para otro lado mientras “hordas de cosacos rusos borrachos” entraban en las casas alemanas, “torturaban a las mujeres y a los niños y pisoteaban la cultura” del país. No eran pues humanos, sino bestias.

La actual demonización de todo lo ruso, desgraciadamente propiciada por la guerra, está provocando casos como el de la directora de la clínica universitaria de Múnich, quien se negó a tratar a “pacientes rusos” en su establecimiento.

O que el movimiento dedicado en Berlín a los 80.000 soldados soviéticos muertos en la batalla por liberar la capital alemana hayan aparecido palabras como Muerte a los rusos junto a cruces gamadas.

¿Diría, en cualquier caso Zelenski, siguiendo su lógica, que los estadounidenses no pertenecen al mundo civilizado por la brutalidad de sus invasiones y sus guerras no provocadas contra otros países?

¿O fue, por ejemplo, menos brutal que está siendo la guerra actual de Ucrania la que el Gobierno de Washington llevó a cabo contra el pueblo vietnamita o la que lanzó contra el Irak de Sadam Husein, por sólo mencionar a dos de una larga serie?

Es verdad que los ciudadanos occidentales no tuvimos ocasión de ver entonces, como vemos ahora diariamente en la de Ucrania, las masacres perpetradas por el invasor, pero ello no significa que esas carnicerías no existieran: se calcula que en la de Irak perdieron la vida cerca de un millón de iraquíes.

En ningún caso se me malentienda: la guerra de Ucrania es intolerable desde todos los puntos de vista, y el principal, aunque no único responsable, es sin duda el político que la lanzó, desafiando claramente el derecho internacional.

Pero las guerras comienzan siempre con la deshumanización del enemigo. Y la de Ucrania no es por desgracia una excepción.

No confundamos, sin embargo, al político directamente responsable y su “camarilla”, como dice Zelenski, con todo el pueblo ruso, por más que éste haya elegido mayoritariamente en su día a Vladímir Putin.

Es lo que hace también el escritor ucraniano Serhij Zhadan, paradójicamente galardonado con el Premio de la Paz de los libreros alemanes, quien califica a los rusos de “horda de criminales, animales, pura basura”.

Palabras que el semanario liberal alemán Die Zeit, sin embargo, justifica cuando escribe que no es ese el escándalo, sino la invasión de Ucrania y los crímenes rusos.

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