Kiosco La Opinión de A Coruña

La Opinión de A Coruña

Olga Merino

La espiral de la libreta

Olga Merino

Una cápsula del tiempo victoriana

Hace unos pocos días, en Edimburgo, capital de Escocia, donde no se celebrará un segundo referendo sin el beneplácito de Londres, se ha producido un curioso descubrimiento durante unas obras. Cuenta la BBC en una noticia ya viral que un fontanero llamado Peter Allan se disponía a cambiar un radiador de sitio, cuando al practicar un agujero al azar en el suelo, con el fin de ubicar la tubería, levantó las tablas y, zas, apareció el tesoro: una frasca (de whisky) con un papelito en su interior, escrito en tiempos de la reina y emperatriz Victoria.

El fontanero bajó las escaleras en tromba para mostrar el hallazgo a la dueña del piso, Eilidh Stimpson, y entre los dos intentaron extraer el papel con pinzas y alicates. Nada. Como lo estaban rasgando, resolvieron echar por la calle de en medio, rompiendo la botella con un martillo para leer el mensaje. Un par de brutos. ¿Y si todo es un montaje? Da igual; la historia merecería ser cierta por hermosa. El escrito a lápiz dice: “James Ritchie y John Grieve pusieron este suelo, pero no se bebieron el whisky. Seis de octubre de 1887”.

Se ha cotejado los nombres de los operarios en el registro y, en efecto, no solo existieron, sino que vivían bastante cerca el uno del otro. Tras pimplarse el licor, los dos obreros remataron el mensaje con una frase de aliento poético: “Quien alguna vez encuentre esta botella puede pensar que nuestro polvo está volando a lo largo del camino”. ¿Serían amantes? Pobres diablos, ni en la más inspirada de las borracheras habrían imaginado que su historia se propagaría como el virus de la viruela mediante un aparato vampírico que cabe en la palma de la mano. Quizá tampoco repararon en que reinos e imperios se hacen y se deshacen en el océano del tiempo. Dust in the wind.

Un mensaje dentro de una botella, como en las mejores historias de piratas. De pequeña, me fascinaban tanto la idea de escarbar la tierra para hallar un tesoro, como la contraria, esconder algo para reencontrarlo. Una vez, en el pueblo, planté un hueso de melocotón a menos de un palmo del suelo, en la ingenua esperanza de que saldría un árbol y sería solo mío al verano siguiente.

Escribir se parece bastante a cavar un surco con fe. La idea se les ha ocurrido a otros mucho antes, pero me gusta especialmente en el poema del irlandés Seamus Heaney titulado Digging, donde, al otro lado de la ventana, percibe el azadón su padre anciano. Escucha el chapoteo del lodo y la precisión del metal contra raíces y terrones. Y piensa en su padre de joven y en su abuelo y en sus ancestros, arrancando a la tierra patatas o bien turba. “Entre el índice y el pulgar / reposa la pluma. / Cavaré con ella”. Puede que uno no sepa adónde va, pero sí de dónde viene.

Compartir el artículo

stats