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Pedro de Silva.

La huella inconfundible de la bestia

Curioso que algunos aún se hagan líos sobre la naturaleza del fascismo, cuando su programa incluye siempre, como acto central, la destrucción de la democracia representativa. Da igual que empecemos el libro por el principio —Mussolini 1922, Hitler,1933— o por las últimas tarascadas de tanteo —asalto de trumpistas al Congreso USA, el de bolsonaristas a las instituciones democráticas de Brasil—. ¿Por qué odian tanto los fascistas las sedes en que se reúnen, legislan y eligen gobiernos los representantes de la voluntad popular? Parece una pregunta de Perogrullo, pero en tiempos de confusión hace falta hacerla y responderla: por eso mismo, porque la voluntad popular, libremente expresada, es su enemigo directo. Así que todo demócrata debería saber también quiénes son sus enemigos directos: los que de un modo u otro deslegitimen, zarandeen o socaven las instituciones en que reside.

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