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Manuel Campo Vidal

Nublar el cielo hasta las elecciones de mayo

Pobres alcaldes que quieren repetir mandato, o presidentes de Comunidad orgullosos de su gestión. Sus realizaciones apenas se podrán ver bajo el cielo nublado por el humo negro de algunos estercoleros ardiendo. Hay muchos puntos incendiados al mismo tiempo: el caso del exdiputado socialista canario que paseaba empresarios por el Congreso con cena y, a veces, fiesta final con prostitutas; los diálogos entre el Secretario de Estado de Seguridad en el último Gobierno PP y mandos policiales que prueban persecución a dirigentes de Podemos y a periodistas que informaban de una trama corrupta de los populares valencianos; el expresidente Camps de nuevo en el banquillo; la expresidenta del Parlament, Laura Borras, a la que se le piden seis años por malversación, lo que amenaza con fracturar aún más el mundo independentista; el diputado popular Alberto Casero que dimite ante su juicio por supuesta corrupción; la concejala socialista secuestrada unas horas por el ya exnovio de la alcaldesa, de su mismo partido, en Maracena (Granada); suma y sigue.

Con esos fuegos informativos ardiendo y con la “fuga” a Países Bajos de la sede social de Ferrovial, empresa adjudicataria de tantas concesiones públicas en obras, aeropuertos y ciudades, a ver quién conquista un titular con la obra realizada, o con proyectos ilusionantes para el futuro.

Ya escampará, aunque difícilmente antes del 28 de mayo, fecha electoral clave en municipales y autonómicas, y última meta volante antes de las legislativas del 3 de diciembre. Apunten esa fecha. Conviene que la bronca dure y hay políticos y medios que lo garantizan.

Pero aunque escampe, cuando sea, quedarán cenizas. Cualquiera pasea ahora visitas por el Congreso; o bien organiza cenas con empresarios; o hace gestiones, ni que sean bien intencionadas, para resolver conflictos con la Administración. El humo negro de los estercoleros deja siempre huellas y refuerza la creencia de que “la política es corrupta” por definición y que “todos los políticos son iguales”. Se escucha hasta en las conversaciones de los bares. Lorenzo Rodríguez, vicepresidente de la Diputación de Burgos, el otro día, se hartó de esa cantilena que repetía a voz en grito un comensal, calvo por más señas, en la mesa de al lado, y le espetó: “¿Por qué todos los calvos son homosexuales?”. El aludido replicó que eso era mentira y que no se puede generalizar. “Es lo que hace usted con los políticos”, cerró la conversación. Por menos se ha llegado a las manos.

En medio de esa tensión a partir de supuestos episodios de corrupción muy graves y otros que sin dejar de ser graves son sobre todo chuscos —parecen sacados de una película de Torrente— los músicos de Podemos no paran de aplicar adjetivos injustos al empresariado y a otros miembros del Gobierno, a propósito de la ayuda militar a Ucrania. Pablo Echenique y Ione Belarra destacan en el coro. Es preocupante por lo que dicen, pero sobre todo porque crece la sospecha de que no tienen nada que decir, a pesar de sus responsabilidades.

Enquistados en que el Ministerio de Igualdad no se equivocó ni en una coma en la Ley del Solo sí, es sí —la exjueza Manuela Carmena llama a esa actitud “soberbia infantil”— van a lograr que socialistas y populares voten juntos una reparación legislativa para tapar los agujeros que benefician a violadores condenados. Quizás esa imagen es la que buscan, para marcar diferencias con el PSOE. Más ruido. Más humo. Pobres alcaldes.

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