Opinión | HoJa de Calendario

A la papelera

El cartel que Vox ha tenido que retirar del espacio público por mandato de la Junta Electoral Central representaba una mano con la bandera española en la muñeca arrojando a una papelera diversos símbolos, entre ellos los de la comunidad LGTBIQ+, el feminismo, el comunismo, enseñas nacionalistas y, de forma muy ostensible, la enseña de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

En esta representación hay tres elementos relevantes: el primero, muy conocido, la pulsera, que representa la apropiación del patriotismo por los ultras. La patria es propiedad suya por una mezcla de criterios fascistas y trascendentes, de forma que cualquiera que se la dispute será un mal español que actúa por razones inconfesables.

El segundo es la expulsión de las minorías a las tinieblas exteriores: el disidente y el diferente —y también la mujer, que realmente no forma parte de la ceremonia nacional sino que es un ente subordinado al varón— deben ser expulsados de la autogestión colectiva. Y, a la larga, perseguidos y/o exterminados para que no proliferen ni contaminen.

El tercero es el más inexplicable y el que ubica a los extravagantes ultraderechistas extramuros de la escena internacional. Como ha escrito Cristina Narbona, “en 2015, cuando más de 190 gobiernos se adhirieron a la Agenda 2030 en la Asamblea General de Naciones Unidas, comprometiéndose a cumplir 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), resultaba difícil imaginar que, pocos años más tarde, algunos partidos de ultraderecha calificarían dicha Agenda como una herramienta perversa, al servicio de oscuros intereses y contraria al bienestar de los habitantes del planeta…”. Dicha Agenda integra los Objetivos del Milenio, de carácter social, lanzados por la ONU en 2000, con un conjunto complejo de materias tales como el crecimiento económico, la inclusión social y la protección del medio ambiente.

Los cuatro primeros objetivos son el fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad. Todos los trabajos que se han realizado al amparo de Naciones Unidas han sido públicos y consensuados, por lo que no cabe la hipótesis conspiranoica de que hay fuerzas ocultas que pretenden sojuzgar a la humanidad no se sabe bien con qué oscuros objetivo (curiosamente, los críticos de los ODS aparecen en las redes sociales frecuentemente relacionados con los negacionistas climáticos y con los desequilibrados que se entretienen buscar señales alienígenas).

Así las cosas, la posición de la extrema derecha ni siquiera merece un análisis más a fondo. Se alimenta de los miedos ancestrales que siempre han sembrado el lado oscuro de las sucesivas civilizaciones. Y es puro vacío.