Opinión | 360 grados

Palabras, no más que palabras frente a Israel

“Parole, parole” (Palabras, palabras), cantaba la italiana Mina, a la que apodaron “la Tigresa de Cremona”, en nuestra juventud, allá por los años setenta.

“Palabras, palabras” es lo que uno escucha de Washington y otros gobiernos de Occidente cuando hacen que reprenden a Israel por sus indiscriminados bombardeos contra la población civil de Gaza.

Tan sólo “paripé político”, que no impide al Gobierno de Benjamín Netanyahu seguir haciendo lo que ha hecho siempre: violar impunemente las leyes de la guerra y el derecho humanitario internacional.

A Rusia, nuestro tan moralizador como hipócrita Occidente no tardó en imponerle las sanciones más duras posibles por su invasión ilegal de Ucrania.

Israel, en cambio, lleva tres cuartos de siglo robando y ocupando ilegalmente tierras palestina, y no sólo nadie hace nada, sino que incluso se le siguen enviando armas con el pretexto de que son para su defensa.

Existe desde hace años un movimiento llamado “Boicot, Desinversiones y Sanciones” que busca incrementar la presión internacional sobre el Estado sionista.

El Gobierno de Tel Aviv lo califica de “antisemita”, y lo mismo hacen muchos de sus aliados de Occidente, cuando sería lo único que podría hacer alguna pupa a Israel : eso, retirarle toda la ayuda militar y económica.

Pero Estados Unidos nunca lo hará porque necesita a ese portaaviones en Oriente Medio para mantener a raya a toda la región.

Hay una expresión que llaman en inglés “wag the dog”, literalmente “menear al perro”, y significa que es la cola quien mueve al animal y no al revés. Y eso es lo que parece definir la relación entre Israel y EEUU.

Es significativo escuchar lo que ha dicho el eterno primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ante el Congreso norteamericano a lo largo de los años y lo que luego han hecho sucesivos gobiernos de EEUU.

Cuando aún existía la Unión Soviética, Netanyahu les dijo a los legisladores que si Washington lograba acabar con el régimen de ese país, sería el final de la Organización para la Liberación de Palestina y con ella, del terrorismo.

Nada de eso, sin embargo, ocurrió, y algunos años después, cuando ya la URSS era historia, Netanyahu les garantizó a los legisladores que si se acababa con el régimen del dictador iraquí Sadam Husein, ello tendría “enormes repercusiones positivas en toda la región”.

Preguntado por el entonces senador demócrata por Ohio Dennis Kucinich contra qué países recomendaba llevar a cabo ataques preventivos, Netanyahu citó a Irak, a Irán y también a Libia, que, según él, estaba intentando hacerse entonces con una bomba nuclear.

Y en otra intervención, ésta en 2015, ante el Congreso norteamericano, ya oportunamente eliminados por Washington como él propuso, tanto Husein como el libio Muamar el Gadafi, Netanyahu instó a Estados Unidos a “poner freno a las ansias de conquista, dominio y terror de Irán”.

“Da igual en qué lado de la sala estén (es decir, sean republicanos o demócratas), les dijo a los legisladores. Todos tienen que estar con Israel”.

Y el Congreso se pudo en pie y aplaudió a rabiar a tal promotor de “cambios de régimen”. ¿Es, pues, el perro quien mueve la colita o sucede justo al revés?