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Rosalía: “Sé quién soy y no tengo miedo de compartirlo”

Tres años y cuatro meses después de ‘El mal querer’, y convertida en una estrella global, publica ‘Motomami’. Es el primero de sus tres discos con “espacio para el sentido del humor”

Rosalía | // JOSÉ LUIS ROCA

Si yo le dijera a una mujer “eres una motomami”, ¿qué le estaría diciendo?

Motomami puede significar lo que cada uno quiera, y me gusta que sea así. Para mí motomami es una energía femenina. Me parece interesantísimo que uno lance un concepto y la gente empiece a decir “una motomami es tal”, “una motomami cual”. Es como que la gente forma parte de una creación, de lo que eso significa. Son cómplices.

¿Es la Rosalía de Motomami más disfrutona y menos política que la de El mal querer?

Hay espacio para el sentido del humor en este proyecto, mientras que en los anteriores no tenía cabida. Pero no me siento especialmente cómoda pensando en mi música como un lugar político.

“Agradezco mucho las colaboraciones, pero ‘Motomami’ no existiría sin mi compromiso y mi sacrificio”

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Planteado de otra manera: El mal querer era un disco con discurso feminista y, por tanto, un disco político.

Yo El mal querer lo hice desde una necesidad, desde una pulsión. Luego es evidente que cuando uno comparte su música mandan los demás, y no seré yo quien les lleve la contraria. Es interesante cómo cada uno se hace suya la música.

Rosalía, autora de ’Hentai’, inspirada en el manga pornográfico.

Motomami rebosa chulería, en la línea del código iniciado por el rap y que llega hasta las músicas urbanas.

Es cierto, aunque yo más que como chulería lo veo como reafirmación: sé quién soy, me conozco y no tengo miedo de compartirlo. Motomami es un intento de hacer una fotografía de estos tres últimos años. De cómo pienso, cómo me siento y las experiencias que he vivido. Y al final ese tema de reafirmación está igual de presente que la espiritualidad, la transformación, la sexualidad, el desamor, el desencuentro, el estar expuesto. El álbum es un recull de vivencias y reflexiones a partir del giro vital que supuso El mal querer.

Parece seducida no solo por las músicas latinas, sino por el universo de las músicas latinas.

Bueno, también me inspiró mucho la cultura nipona. Este proyecto se ha hecho en Barcelona, Puerto Rico, República Dominicana, Los Ángeles, Miami, Nueva York... Y creo que todo eso ha afectado al disco. Que se haya grabado en diferentes lugares del mundo hace que el disco sea como es y suene como suena. El hecho de que haya spanglish es una consecuencia de haber estado dos años lejos de mi casa, de mi familia, del lugar donde crecí. Se hablaba más inglés que español en muchos sitios donde grabé, y al final todo eso afecta a mi lápiz. He estado mucho tiempo escribiendo mucho, produciendo mucho y trabajando mucho en el estudio en un contexto distinto, y todo eso al final se nota en mi música.

¿Se ha sentido impostora en alguna ocasión por usar spanglish?

Ante todo, mi trabajo es honesto. O sea: no. He estado hablando más inglés que español los dos últimos años, así que es inevitable que mi lápiz se impregne de eso.

“Me sorprendió el revuelo que causaron quince segundos de ‘Hentai’. Sigue siendo incómodo que una mujer se exprese libremente en el terreno sexual”

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En El mal querer tuvo un colaborador [El Guincho] en la producción, mientras que en Motomami tiene la tira. ¿Cómo ha conseguido cierta homogeneidad sonora?

Me comprometí con una paleta a nivel de sonido. Decidí que no habría armonías vocales, mientras que en El mal querer había muchas, una decisión también previa. Decidí que no usaría guitarras, solo sintes, que si había drums serían agresivos y estarían en primer plano, y que la voz estaría siempre en primer plano, a lo largo de todo el disco, como una guía. Hay mucho trabajo de producción vocal en Motomami, he intentado empujar los límites de cómo producir mi voz. También abundan las estructuras asimétricas.

Rosalía, en una imagen promocional del disco 'Motomami'.

Y los graves muy graves.

También. Hay algo en el subgrave me reconforta. Estoy muy agradecida a los colaboradores, pero sin la decisión de hace tres años de yo voy a tirar adelante este proyecto, yo voy a hacer este disco; sin el compromiso, sin las 16 horas que me pasado cada día delante de un ordenador produciendo, sin haber escrito en casa sola y en el estudio, sin mi sacrificio, Motomami no existiría.

Por casi todo lo que ha publicado desde El mal querer existía la percepción de que se había pasado del todo al reguetón y aledaños. Pero en Motomami hay bolero, flamenco, copla y baladones en la tradición de la gran canción romántica.

Hentai salió el miércoles y ya forma parte de ese universo de baladas. Ha ido así y alguna sorpresa sí causará el contenido.

¿Era su intención con Hentai subvertir la idea de balada con una letra sexualmente explícita?

Sí. Durante todo el proyecto me he planteado qué es subversivo y qué no. En Hentai sin duda el contexto del arreglo musical hace más radical la letra. Tiene mucho que ver con el contexto que algo se considera subversivo o no. Y también con quién lo diga o haga. Me sorprendió que 15 segundos de Hentai provocaran lo que provocaron. Demuestra que sigue siendo incómodo que una mujer se exprese libremente en el terreno sexual.

“En ‘Hentai’, el contexto del arreglo musical hace más radical la letra”

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En Hentai están acreditados nueve compositores de la música. ¿Cómo se hace una canción a 18 manos?

Acredito a todo dios porque así de segura soy como músico. No me importa que alguien haya solo hecho un comentario sobre un único acorde; si ese comentario me ha servido o me ha hecho pensar, solo por eso esa persona ya tiene que estar acreditada en la canción. El tema de los créditos es complicado. Solo por el hecho de que haya un hombre en la lista de créditos se va a dar por sentado que la mujer ha hecho menos. Es así. Y no, yo he capitaneado todo Motomami. Hay mujeres que como contrapeso no ponen luz en sus colaboradores. En mi caso, no voy a dejar de hacer los créditos según mi ética aunque eso me reste foco como productora y compositora.

¿Es usted creyente? Porque Dios aparece bastantes veces en Motomami.

Sí, claro que sí. Mi abuela es cristiana y desde pequeña iba a misa con ella. Suya es la nota de voz al final de G3 N15.

¿Ha condicionado su creatividad ser una artista global sobre la que por tanto hay unas expectativas de ventas enormes?

He intentado en todo momento concentrarme en seguir haciendo música desde el mismo lugar que la hacía cuando empecé a hacer discos. A ese tipo de pensamiento no le he dado ninguna importancia. Yo quiero seguir pasándomelo bien, quiero seguir creciendo como músico, quiero seguir empujándome a mí misma, y luego pasará lo que Dios quiera. Lo único que tengo claro sobre mi música es que quiero que sea emocionante.

¿Qué significa para usted el Julio Iglesias de la década de 1970, citado en Chicken teriyaki?

Es un icono. Esa línea se me ocurrió comiendo en un hotel de Nueva York al acordarme de una foto que me mandó mi hermana en la que sale Julio comiendo tortilla de patatas y Kentucky Fried Chicken ¡en su jet privado! Me fascina y me meo de risa en el mejor de los sentidos con esa imagen. Ese Julio Iglesias es una leyenda, como la Naomi Campbell de los 90.

¿Le parece El madrileño, de C. Tangana, un disco conservador?

No lo he escuchado.

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