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La Opinión de A Coruña

Sanidad

El ‘vapeo’, una moda peligrosa

“Ni son inocuos ni ayudan a dejar de fumar”, alertan los neumólogos sobre los cigarrillos electrónicos y dispositivos similares, cuyo consumo aumenta entre los adolescentes, y urgen equiparar su regulación a la del tabaco convencional

Una mujer con un cigarrillo electrónico. | // NEIL HALL

Ni son inocuos ni ayudan a dejar de fumar. Los cigarrillos electrónicos y los (mal llamados) dispositivos de vapeo irrumpieron en el mercado como una suerte de “salvación” para los ciudadanos que buscaban desengancharse del tabaco convencional. No obstante, el paso de los años y la evidencia científica han demostrado que este tipo de productos constituyen un nuevo riesgo para la salud y una “barrera” en la lucha global contra el tabaquismo. Preocupa especialmente a los neumólogos su consumo entre adolescentes, que va en aumento y que “puede favorecer que se conviertan en adictos al tabaco y otras drogas”, por eso reclaman al Ministerio de Sanidad que esos dispositivos pasen a medirse por el mismo rasero normativo que los pitillos de siempre. “No podemos consentir la actual accesibilidad para la compra de estos productos”, resaltan.

“Estamos ante tema muy preocupante. Aumentan las ventas de cigarrillos electrónicos y también su consumo, sobre todo en sectores de población vulnerables, como los adolescentes, cuyo sistema nervioso central todavía está en desarrollo y, por tanto, la administración de nicotina, a través de estos dispositivos, puede favorecer que se conviertan en adictos al tabaco y a otras drogas”, advierte el doctor Carlos Rábade, neumólogo del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) y coordinador del área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), quien insiste en que, “desde hace tiempo”, existe ya “una evidencia” de que los cigarrillos electrónicos “no son eficaces para dejar de fumar” y de que el humo que emanan “contiene componentes tóxicos” (formaldehídos, propilenglicol y/o glicerina vegetal e incluso metales pesados, y también nicotina, en muchas ocasiones), que “pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y respiratorias”, entre otras, y “también carcinógenos”.

“Que algunos de estos productos no contengan nicotina no los convierte en agentes inocuos. Además, promueven en adolescentes la conducta de coger un sistema muy parecido al cigarrillo e inhalar. Este es un tema muy preocupante y una amenaza para el control del tabaquismo porque normaliza el hábito de fumar”, considera el doctor Rábade.

Un problema que, avisa este experto, “no afecta solo a adolescentes”, sino también “a adultos que quieren dejar el tabaco y recurren al cigarrillo electrónico por su accesibilidad”. “A lo mejor una consulta para dejar de fumar no es tan accesible para la población como lo es, en muchas ocasiones, buscar un punto de venta de cigarrillos electrónicos y dispositivos de tabaco calentado. Esto está retrasando que un porcentaje importante de la población haga un intento serio por abandonar el tabaco con el tratamiento que realmente se ha demostrado eficaz, la combinación de fármacos con asesoramiento psicológico”, recalca el coordinador del área de Tabaquismo de la Separ, quien recuerda que esta sociedad científica lleva “años” demandando que este tipo de productos “se equiparen y tengan la misma regulación que el tabaco convencional”.

“No se puede consentir esa accesibilidad y esa facilidad para su adquisición. La regulación, tanto en venta como en impuestos, tiene que ser la misma que la del tabaco convencional, puesto que estos dispositivos no dejan de contener agentes tóxicos, no han demostrado que ayuden a dejar de fumar y suponen una barrera en el control del tabaquismo”, subraya el doctor Rábade, e incide: “Por un lado, son una puerta de entrada al consumo de tabaco y otras drogas en adolescentes y, por otro, retienen a muchos fumadores en el hábito de fumar. Como muestra un dato, y es que el 80% de consumidores de este tipo de productos también lo son de cigarrillos convencionales”.

En este contexto, desde la Separ instan al Ministerio de Sanidad a incorporar “cinco puntos fundamentales” en la futura normativa de prevención y control del tabaquismo (en proceso de elaboración), que pasan por esa equiparación de los cigarrillos electrónicos y los llamados dispositivos de vapeo con los pitillos convencionales; el aumento del precio del tabaco; la introducción del empaquetado genético; la ampliación de los espacios libres de humo; y la financiación de los tratamientos para dejar de fumar.

“En España el tabaco es demasiado barato. Parecemos el estanco de Europa. Habría que duplicar o incluso triplicar su precio, equiparándolo al de otros países de nuestro entorno, como Francia o Reino Unido”, apunta el doctor Rábade, quien destaca el empaquetado genérico como “otra medida que ha demostrado eficacia” en la lucha contra el tabaquismo. “En países como Australia, se ha constatado que reduce la atracción que puedan tener los adolescentes por el tabaco, y también ha contribuido a que los propios fumadores hagan intentos serios de abandonar ese hábito”, destaca.

Sobre la ampliación de los espacios libres de humo, el coordinador del área de Tabaquismo de la Separ reivindica el “importante papel” de la ley antitabaco de 2010 “en la protección a los no fumadores”, y considera que “España tiene que continuar en esa línea”.

“Todavía hay lugares donde los no fumadores están desprotegidos. En las playas, en las terrazas o en los recintos deportivos se sigue fumando”, advierte el doctor Rábade, quien también insta a “vigilar mucho mejor” el cumplimiento de la prohibición de fumar en espacios libres de humo. “Debe constituirse un organismo que se encargue de velar por ese cumplimiento. Alguien tiene que hacerlo, porque a diario vemos cómo que se infringe la normativa en esos lugares”, señala.

Insiste también el coordinador del área de Tabaquismo de la Separ en la necesidad de “ofrecer una asistencia al fumador y al tabaquismo a través de los servicios de deshabituación tabáquica”, con “igual acceso en todas las comunidades autónomas”, y de que los tratamientos para dejar de fumar “tengan una financiación en el sistema de salud”. “Estos tratamientos sí han demostrado eficacia, de hecho, pueden triplicar la tasa de abandono del tabaco”, remarca el doctor Rábade.

En este punto, el experto llama la atención sobre el impacto de la pandemia de SARS-CoV-2 en la prevención del tabaquismo, e insta a reabrir las unidades asistenciales —como la del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac)— que tuvieron que paralizar su actividad para atender la demanda derivada de la emergencia sanitaria del COVID.

“Deseamos y esperamos que se vuelva a ofrecer a los fumadores esa vía de acceso a la deshabituación. El tabaquismo no es un vicio, es una enfermedad y, como tal, necesita el mismo tratamiento que podemos ofrecer a la hipertensión, la diabetes, la cardiopatía isquémica o la EPOC. Desde la Separ llevamos muchos años haciendo un esfuerzo tremendo para crear una serie de criterios de acreditación sobre cómo tienen que funcionar las unidades de tabaquismo, las que estaban ya operativas en España antes de la pandemia tenían muy buenos resultados y urge reabrirlas. El fumador no se puede sentir desprotegido a la hora de dejar el tabaco, ha de tener siempre un profesional de referencia que le proporcione ayuda y apoyo”, resalta el doctor Rábade, quien insiste, además, en que las unidades de tabaquismo, ya sea en Atención Primaria o especializada, constituyen “una de las intervenciones médicas más coste-efectivas y que más salvan vidas”.

“Es importantísimo que las administraciones pongan todos los esfuerzos en el control de este terrible epidemia y enfermedad que es el tabaquismo. Y también es fundamental que los profesionales sanitarios, cuando estemos delante de un fumador, pongamos toda la carne en el asador para que deje el tabaco. No me refiero solo a mis compañeros neumólogos o a médicos de otras especialidades. Es clave que el personal de Enfermería y los farmacéuticos hagan ese consejo sanitario también. Tenemos que trabajar todos juntos, de la mano, en este tema, que no incumbe solo a los fumadores, sino a toda la sociedad”, concluye.

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