Viene a cuento

28.09.2015 | 01:09

El pasado sábado, día de reflexión para los catalanes, creí que también deberíamos reflexionar mucho los españoles y en esas estaba cuando me tropecé con que este día se cumplían 32 años del llamado "Incidente del equinoccio de otoño", que puso el mundo al borde de la catástrofe termonuclear. El 26 de setiembre de 1983, el teniente coronel soviético Stanislav Petrov hacía guardia en las instalaciones del bunker Oko en Moscú, centro de la red de alerta temprana que permitía detectar, con tiempo, el inicio de un posible ataque nuclear de EEUU. A las 00.14 horas del 26 (todavía 25 en los EEUU) la señal de un satélite indica a Petrov que un misil balístico intercontinental, lanzado desde la base Malmstrom de Montana, se dirige a la URSS. La primera reacción de Petrov es de desconfianza hacia su sistema de alarma pues no tenía lógica que semejante ataque se iniciara con un solo misil. Lo malo fue que, a los pocos minutos, el satélite soviético detecta cuatro misiles más. La situación política entonces era delicada con las tensiones de la guerra fría al rojo vivo. De hecho, unas semanas antes los soviéticos habían derribado un avión civil surcoreano que se había perdido en el espacio aéreo soviético con 269 personas a bordo, entre las que murió el congresista americano Larry McDonald. También por aquellas fechas Blair, en una entrevista en la prensa americana, declaraba que veía en EEUU a un gobierno y a un presidente (Ronald Reagan) capaces de ordenar un primer ataque y Yuri Andropov había orientado todo el sistema defensivo soviético a esperar un ataque y tomar represalias inmediatas. En semejante clima, Stanislav Petrov mantiene la calma y la frialdad y reacciona con serena templanza: "Esto tiene que ser un error del sistema, nadie inicia una guerra nuclear ni con uno ni con cinco misiles" y decidió no activar el mecanismo de respuesta inmediata que, eso sí, hubiera supuesto el inicio de la gran catástrofe nuclear con millones de muertos solo el primer día.

La superación del miedo, la racionalidad, la templanza y la sensatez han de guiar nuestra reflexión, precisamente para superar con bien los evidentes errores del sistema, lo que creo que ahora viene muy a cuento.

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