Mercedes Arbesú Periodista y misionera en Malawi

"La mujer africana puede darle una vuelta al continente, pero hay que apoyarla"

"Lo más fácil en la sociedad actual es el desánimo y la desesperanza, y hay motivos para ello, pero tiene que existir la lucha interna, hay que luchar por algo mejor"

09.09.2016 | 01:27
Mercedes Arbesú.

Mercedes Arbesú (Asturias, 1964) vivió su infancia en un pequeño pueblo en el que todos se conocían, y desde allí partió a Madrid, donde estudió Periodismo, profesión que ejerció hasta 1992, cuando decidió dar un giro a su vida, hacer un cambio drástico.

-Y se hizo misionera.

-Era algo que me estaba planteando desde hacía mucho, pero también creía conveniente darme un tiempo a mí misma para trabajar y entrar en contacto con otros ambientes, así que ingresé en la Cooperación de Misioneras de María Mediadora. Ha sido casi un cuarto de siglo de duro camino. En estos años, he vivido en España, Honduras y, sobre todo, en Malawi.

-¿Cómo ha cambiado Malawi desde su llegada?

-Un sector de la población ha mejorado mucho su nivel de vida, pero sigue habiendo las mismas carencias y la misma pobreza que me encontré en 1997. Hay muchísima más corrupción. Me sorprendió muchísimo, cuando regresé en 2012, la cantidad de vehículos que había, muchos más que cuando me fui seis años antes. También aumentó de manera muy destacada el coste de la vida, se devaluó muchísimo el kwacha, la moneda malauí.

-¿Qué consecuencias tuvo esto para la población malauí?

-Hay un sector de la población que sí puede acceder a este nivel de vida, una minoría pero que se deja ver mucho, con sus coches de alta gama. Pero la gente sigue teniendo las mismas carencias, en ámbitos tan básicos como la sanidad y la educación. A mí esto sí me preocupa profundamente. Tenemos que educar a las generaciones futuras si queremos que el país avance.

-¿Cuáles son los principales problemas del país?

-A nivel social no es un país conflictivo aunque, como en todos los países africanos, la estabilidad política está siempre en entredicho, con multitud de irregularidades y corrupción. Ahora mismo Malawi está en una encrucijada. El presidente del país ya anunció que Malawi está en estado de emergencia alimentaria, porque se prevé que en estos últimos meses del año va a haber escasez de maíz, que es una parte fundamental de la alimentación malauí. El sida se está controlando con los retrovirales: cuando yo llegué en 1997 había más de un millón de huérfanos por culpa de esta enfermedad. En esto sí se ha mejorado, no muere tanta gente, al menos hay una estabilidad.

-¿Y cómo es la situación de la mujer en Malawi?

-Muy similar a la de todo el continente africano, a excepción de un par de países. La mujer es el motor, la mujer es la que trabaja, la que lleva la casa y la que lleva todo el peso sobre sí, pero la mujer es también la menos valorada. La cultura africana no ha dado a la mujer aún el estatus que se merece.

-¿Qué se puede hacer al respecto?

-Por ahí van encaminados muchos de nuestros programas: clases de costura, de ordenadores, un internado para niñas... Para mí es un logro que una niña pueda acabar la Secundaria, no digamos ya llegar a la Universidad. Una niña en los poblados probablemente se la ponga a trabajar, a buscar leña, a cocinar... Si hay una posibilidad de estudiar, será para los chicos. También tenemos que intentar evitar los matrimonios prematuros, niñas que con 14 años y sin capacidad de elegir son casadas. Creo que la mujer africana puede dar una vuelta al continente, pero hay que apoyarla, ayudarla y estar con ella. La mujer va a mover África, de hecho ya lo está haciendo, pero eso no está valorado.

-¿Es muy diferente la población de Malawi a la española?

-Sí, sobre todo en la manera de pensar. Culturalmente somos diferentes. El malauí es una persona muy reservada, le cuesta mucho abrirse, vive a la defensiva, porque ha sido gente que ha sufrido mucho. Piensan que cuanto menos sepas de ellos, mejor van a vivir: es complicado saber lo que realmente piensan. Sin embargo, es gente que te abre su casa sin ningún tipo de reparo y lo poco que tienen lo comparten contigo sin dudarlo, algo que en España se está perdiendo.

-En Honduras usted volvió a ejercer como periodista.

-Así es. Trabajé en una radio con mucha implantación en el norte del país. Fue bonito reencontrarme con la profesión después de diecisiete años sin ejercer. De hecho, cuando llegué a la radio tuvieron que enseñarme todo de nuevo. Yo pasé de las cintas de casete a hacerlo todo digital. Al principio lo pasé mal por la novedad.

-Allí vivió una de las situaciones más impactantes de su vida.

-Sin duda. Una fecha que no olvidaré nunca: el 28 de junio de 2009, el golpe de Estado en Honduras. Fue una etapa muy dura, con muchísima tensión, pero también una etapa que viví como un reto, el de acompañar al pueblo en un momento tan duro como ése. Ver el ejército en la calle, que hubiera toque de queda... en mi mente no encajaba eso. Fue una apuesta por informar sobre lo que estaba ocurriendo, sabíamos que nos debíamos a toda esa gente que realmente estaba desinformada, no sabían realmente lo que estaba ocurriendo. Aunque lo pasamos mal, mereció la pena.

-¿Hacia dónde va el futuro?

-En el futuro siempre hay que creer, hay que mantener la esperanza. Los tiempos cambiarán, Malawi tiene que resolver muchos problemas estructurales, pero confío en que aparecerá una persona con las ideas claras que podrá cambiar el rumbo; y esa persona tiene que empezar a formarse desde ya. Yo mantengo la esperanza.

-¿Cuál es el papel que tenemos cada uno en ese cambio?

-Cada uno, donde estemos, debemos mantener la esperanza. Lo más fácil en la sociedad actual es el desánimo y la desesperanza, y hay motivos para ello, no digo que no, pero por encima de todo tiene que existir un factor de lucha interna, de luchar por algo mejor. Ese sueño no nos lo puede quitar nadie.

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