David Leo García Poeta, profesor y concursante de 'Pasapalabra'

"Siempre me he visto con más posibilidades en 'Pasapalabra' que en el mercado laboral"

"La palabra con la que he ganado, ranzón, significa dinero para rescate, con lo que si me secuestran resultará bastante irónico", bromea tras lograr 1,8 millones

12.10.2016 | 00:46
David Leo.

David Leo, el escritor malagueño afincado en Barcelona, acaba de hacer historia en la televisión española al ganar 1,8 millones en Pasapalabra. Es la culminación de años de preparación y de meses de estudio intensivo, porque para García el programa era su plan A: "Si fracasaba ya me buscaría la vida de otra forma", asegura. Pero ha triunfado.

-Enhorabuena, es usted el primer poeta millonario que conozco. ¿Le envidian mucho sus colegas, le han pedido ya muchos patrocinios?

-Virtualmente millonario, aún no he cobrado nada. Como sabes, los poetas despreciamos el dinero, así que no hay envidias que temer.

-¿Va a hacerse camisetas, pósters y marcar en rojo en todos sus diccionarios la palabra con la que ha ganado Pasapalabra?

-Me encanta ranzón. Es una palabra muy bonita. Y ahora más bonita todavía. Significa "dinero para rescate", con lo cual si me secuestran resultará bastante irónico.

-¿Tiene asumido que Hacienda se va a llevar un buen pico del premio?

-Sí, prácticamente la mitad. Y lo entiendo. ¿Quién iba a financiar si no el expolio de los gobernantes? Las empresas mayúsculas apenas pagan impuestos y la mayoría de la población no tiene con qué pagar.

-Rebata al que opine que se ha llevado 1.866.000 euros casi de gorra, sin sudarlos, como si le hubiera tocado la lotería.

-Hace un par de veranos tuve una reveladora conversación con mi madre, en la que ella me alentaba a buscar de una cochina vez un trabajo como Dios manda. Yo le procuré explicar que Pasapalabra era mi plan A y que, si fracasaba, ya me buscaría la vida de otra forma. La verdad es que me veía con más posibilidades en el concurso que en el mercado laboral, donde nadie quería contar conmigo ni para pasar lista. Ya llevaba un tiempo pensando en ir al programa, viéndolo cada día y entrenando; pero a partir de entonces lo tomé como mi única ocupación, registrando obsesivamente todo lo que preguntaban y buscando patrones estadísticos para estudiar los campos más frecuentes. No sé si merezco el resultado, pero por lo menos desde luego que le he echado ganas.

-Cuando empezó esta aventura, ¿creía en sus posibilidades para llegar aquí?

-La verdad es que tenía confianza en mí mismo por las horas invertidas en el entrenamiento, pero, por ejemplo, llegar a los 100 programas era un horizonte demasiado remoto. Tan sólo Jero Hernández lo había sobrepasado. Por otra parte, los números no lo indican todo: un jugador sabelotodo duraría un programa, en el que ganaría el bote. Llegar a 100 programas representa, de alguna maquiavélica forma, 99 pequeños fracasos.

-Cuando le entrevisté por primera vez a propósito de Pasapalabra me dio que se sentía como una especie de cruce entre Usain Bolt y Martín de Riquer. Ahora que es usted todo un ganador, ¿cómo se siente?

-Dije que el concurso planteaba ese reto, no que yo me sintiera así, ¿eh? En cualquier caso, ha sido muy estimulante: he accedido a campos del conocimiento que a priori no me interesaban, he mejorado mucho mi capacidad de atención (yo tendía a la dispersión) y mi rapidez mental. Creo que concursar en Pasapalabra está más emparentado con el deporte que con la filología.

-Me imagino que una buena parte de su entrenamiento ha consistido en saber aguantar con simpatía y estoicismo a la cantidad de gente que le parará por la calle para pedirle fotos y autógrafos.

-Meses después me sigue impresionando el poder que tiene la televisión y la fascinación que produce salir en ella. Así que en todos los selfies luzco un rictus de asombro.

-Una curiosidad: ¿cómo sería esa academia de saberes inútiles de la que habla con Christian Gálvez cuando le pregunta por el destino del dinero? No me diga que se quiere convertir en un trasunto mediterráneo de Reginald Perrin...

-En mi cabeza se parece más a la Universidad Blanca de una novela de Andrés Ibáñez. Pero de momento es sólo un castillo en el aire, un proyecto muy arriesgado y para el que no sé si habría voluntarios...

-Aparte del dinero, ¿qué se lleva David Leo García de la experiencia de haber concursado en Pasapalabra?

-Tantas cosas... La confianza y el cariño del equipo, que tan a gusto me ha hecho sentirme; un cúmulo de experiencias a las que tendré que darle salida literaria; momentos de placer y de tensión extrema; y, por supuesto, una grandísima sensación de gratitud.

-¿Se plantea nuevos retos catódicos? Va a ser difícil superar el de Pasapalabra, encontrar algo que no sólo le dé ya no tanto dinero sino esa vidilla que dice usted que le dan los concursos de televisión...

-Es pronto para decidirlo, pero seguramente sí. Mi madre me dice "hijo, siempre tienes que estar entretenido con algo". Así que no muy tarde me buscaré una meta con la que atormentarme y disfrutar.

-¿Cómo lleva el poemario que hace unos meses dijo que tenía a medias? Me imagino que ahora no tendrá problemas en encontrar un sello editorial para publicarlo...

-Va avanzando, poco a poco. La verdad es que tanto trabajar con los significados me ha abierto muchos mundos de pensamiento, pero me ha complicado darles una forma más o menos concreta donde se cristalicen.

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