Mohamed Safa Médico en el hospital de Cee y escritor, autor de 'La revolución árabe'

"Occidente debe acoger a los refugiados por solidaridad o por egoísmo"

"Ninguna Administración americana ha sido imparcial en el conflicto palestino-israelí; no auguro nada bueno en el papel de Trump"

09.06.2017 | 02:08
Mohamed Safa.

Mohamed Safa (Cisjordania, 1961) es oftalmólogo. Estudió Medicina en Santiago de Compostela y ejerce su especialidad en el hospital Virxe da Xunqueira, de Cee. Safa es autor del libro La revolución árabe. Democracia, nacionalismo, religión y Palestina como nudo gordiano (Hoja de Lata Editorial, 2017). En su obra, y desde su faceta de escritor y activista, Safa analiza los levantamientos en Oriente Medio que hicieron albergar esperanzas democratizadoras y los pone en relación con el conflicto permanente palestino-israelí.

-¿Qué ha quedado de las revoluciones de la primavera árabe?

-Para un hecho revolucionario, aún es prematuro valorarlo, pero a estas alturas, y a juzgar por la situación actual, no parece que conduzca a una situación democrática como se proponían los impulsores de la movilización. Por una simple razón: la revolución ha fracasado por muchos motivos y la contrarrevolución ha tenido un éxito visible. En pocas situaciones, a lo largo de la Historia, se han encontrado las fuerzas democráticas tantos enemigos internos y externos como los que han tenido que afrontar los protagonistas de las plazas árabes.

- El terrorismo y la situación de Siria han enturbiado la relación entre el mundo árabe y Occidente .

-El mundo árabe es percibido, y así lo manifiestan las potencias, como un "espacio colonizable". Creo que la agresión a Irak era la manifestación de una actitud colonialista en una época poscolonial. Por otro lado está el apoyo de Occidente al Estado de Israel, que también representa un colonialismo activo y no concluido. Todo esto, y su posición respecto a la cuestión democrática, ha dado una percepción arraigada a los ciudadanos árabes: que Occidente no representa los valores que pregonan en relación con ellos. El comportamiento en Siria añade un elemento perturbador en esta relación; sus actitudes no inducen a una solución pacífica, sino a perpetuar el conflicto para una mayor balcanización del mundo árabe.

-¿Se ha aprovechado el integrismo del descontento por la falta de democracia que se reclama en las revueltas?

-El comienzo de la revolución que reivindicaba un Estado democrático fue interno y pacífico, pero la respuesta violenta y las intervenciones externas provocaron que su recorrido fuera muy corto. Eso favoreció la aparición de fuerzas radicales e integristas, como el Estado islámico.

-¿Por qué no hay camino democrático laico en el mundo árabe?

-Todo lo que se ha hecho en el mundo árabe en los últimos 200 años se ha basado en la fuerza y la imposición. El problema es que la ciudadanía está marginada, generación tras generación, a la hora de decidir su destino, y sometida a unos gobiernos autoritarios que se aferraron al poder sin permitir la apertura de cauces democráticos.

-¿En qué países podría arraigar un régimen de libertades y derechos similares a los occidentales?

-Todos los pueblos tienen predisposición a un Estado democrático. En el último proceso revolucionario vimos a Túnez como el primero que tuvo un éxito relativo. Puede que sea motivado por la ausencia de una intervención externa, y porque la sociedad tunecina es homogénea, de modo que los contrarrevolucionarios no pudieron aprovechar la cuestión confesional y otros factores de división.

-¿La situación en Oriente Medio ha hecho que caiga en el olvido el conflicto palestino?

-La cuestión palestina ha sido siempre motivo de preocupación de la sociedad árabe. Sin embargo, los graves problemas que viven, tanto por las guerras civiles como por las intervenciones externas, hizo que la cuestión palestina queda relegada a un segundo plano y que perdiera el eje central que representó para toda la sociedad árabe. Espero que este drama termine lo antes posible, y que el mundo árabe vuelva a tener su sitio en el futuro como una nación libre y democrática.

-¿Cómo ve el papel de Trump en el conflicto palestino-israelí? ¿Puede ser un buen mediador?

-Ninguna administración americana ha sido imparcial y honesta en el conflicto. Y nosotros parecemos estar siempre esperando la llegada de Godot. No auguro nada bueno en el papel de la Administración Trump.

-Los atentados en Europa se multiplican. ¿Qué interpretación les da usted?

-Como es lógico, estos atentados son totalmente condenables. El problema reside en que Occidente tiene que reflexionar sobre su comportamiento con el mundo árabe. Al ser los primeros suministradores de armas, se convierten en los que más fomentan el conflicto y la inestabilidad en la zona. El mundo árabe, que aglutina apenas el 5 por ciento de la población mundial, compra el 40 por ciento de las armas vendidas en el mundo. Esto no produce una situación pacífica.

-¿En qué considera que ha fallado Occidente a la hora de integrar a la inmigración de origen musulmán?

-El hecho de que a estas alturas sigamos hablando de inmigrantes de varias generaciones implica, obviamente, un fracaso de integración. Hacerles sentir una ciudadanía en igualdad de derechos es la obligación de cualquier Estado. Las identidades se van formando y no se determinan solo por el origen, sino también por la trayectoria de las personas que van adquiriendo elementos nuevos de identidad. Estas identidades no deben entrar en conflicto entre sí.

-¿Cuál sería la mejor solución a las crisis de los refugiados?

-Europa tiene una responsabilidad moral con respecto a los refugiados. El refugiado no es un estómago vacío; es un capital humano. La Historia nos cuenta que ningún país ha entrado en crisis económica ni se ha empobrecido por la acogida de refugiados. Más bien al revés: son un capital que se aporta a la sociedad que los acoge. Si Europa no lo hace por solidaridad, que es su bandera, debería hacerlo por egoísmo.

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