Son las pensiones ¡imbéciles!

30.10.2017 | 00:46

Millones de españoles han comprobado en sus propias carnes el valor social y político inmensos de las pensiones que, a pesar de su evidente precariedad, salvan la vida de tantas gentes y familias en tiempos de crisis, aun no superados para la mayoría. Pensiones de creciente precariedad porque esa falsa subida anual del 0,25% es solo propaganda política engañosa, ya que en realidad las pensiones bajan y bajarán todos los años hasta 2022, si no hay un dios que lo remedie, en relación directa con su pérdida constante de poder adquisitivo. Pues bien, estas escuálidas pensiones han salvado el país de una gran catástrofe, y lo sabemos todos, aunque desconozcamos, si lo hubiese, un estudio serio y pormenorizado del efecto de las pensiones sobre la supervivencia de millones de personas o familias durante los últimos años.

Lo que las gentes del común hemos comprobado es que las pensiones de los abuelos han salvado y siguen salvando a hijos, nietos y demás parientes del riesgo de la pobreza severa, de la miseria y de la desesperación. También hemos visto como los Gobiernos, que han sido y están siendo, han metido mano y roto definitivamente una hucha de las pensiones repleta y creciente, para utilizar este nuestro ahorro colectivo en tapar los agujeros que su política económica está creando constantemente. Política de reducción sistemática de los ingresos públicos, que son los nuestros, con dos procedimientos realmente criminales: la obsesión por recortar los impuestos de los más ricos y la práctica perversa de traspasar rentas públicas a manos privadas por procedimientos, legales o legalizados, de privatizaciones u otras mamandurrias o por medios, ilegales e inmorales, de saqueo del dinero público a través de la corrupción y del despilfarro. Todo esto hace que las pensiones lleguen a ser insostenibles pronto y precarias o miserables ya.

Es perentorio y urgente una subida razonable y real de las pensiones ahora y una actualización inmediata del Pacto de Toledo, para salvarlo y mejorarlo. Esto es lo cardinal y no hay disculpa o coartada posible para aplazarlo. Ni siquiera el problema catalán, que es ahora la gran tapadera. Son las pensiones ¡imbéciles!

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