Una deuda musical pendiente

Veinte músicos reclaman a Borja Quiza 18.018 euros que les adeuda desde hace un año - El productor alega que su mecenas todavía no le ha pagado

01.06.2016 | 10:53

Veinte músicos que participaron en diciembre de 2014 y enero de 2015 en la gira gallega Cool Swing. A night with Borja Quiza reclaman al productor que ejecute el acuerdo adoptado en un acto de conciliación y les pague los salarios que les adeuda. La empresa Galemúsica, que administra el cantante Borja Quiza con su mujer, les debe 18.018 euros por sus cinco actuaciones, de las que dos fueron en A Coruña y, el resto, en Vigo, Santiago y Lugo.

El productor coruñés reconoce que incumplió el contrato firmado con los artistas, al tiempo que alega que afrontó la gira porque el promotor José Ramón Mella se comprometió a sufragar los gastos. El mecenas admite que ha tenido un "problema de liquidez" y el pasado 4 de mayo sostuvo que el dinero podría tardar "entre 15 o 20 días", al tiempo que garantizó a los afectados que en cuanto disponga del efectivo les pagará sus salarios. Mella destacó que, a pesar de no haber firmado ningún contrato con la productora, sufragará el coste de Cool Swing. A night with Borja Quiza porque es "una persona de honor". Por el momento, los músicos no han cobrado. El Juzgado de lo Social número 2 ha iniciado la ejecución del acuerdo y ha solicitado a los reclamantes que aclaren cuánto se les adeuda.

Galemúsica debe todo el coste de la gira musical por las cuatro ciudades gallegas excepto la seguridad social y el alquiler de los teatros donde organizó los conciertos -Colón, García Barbón, Auditorio Abanca y Auditorio Gustavo Freire-. Tanto Quiza como Mella reconocieron en el acto de conciliación una deuda de 139.150 euros por los espectáculos, en los que participaron 38 trabajadores, además de los encargados del sonido y del transporte, entre otros servicios relacionados con la organización. Veinte de los músicos afectados reclamaron de modo conjunto los 18.018 euros de sus salarios. Cada uno de ellos firmó un contrato según el cual debería percibir 740 euros por sus conciertos, a excepción del director musical, que debería haber cobrado 1.300 euros; el arreglista, 1.300; y un técnico, 1.200. Los intereses legales ascendían a 1.801 euros cuando reclamaron.

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