Una trinchera de libros en la ciudad

La pérdida de lectores, la escasez de iniciativas a favor de la literatura y los estragos de la tecnología y las grandes superficies son algunos de los problemas de las librerías, que encaran el futuro con esperanza

12.11.2017 | 13:31

La creciente presencia de la tecnología, la bajada del índice de lectores y la competencia de las grandes superficies enfrentan hoy a las librerías independiendes a un panorama incierto, que la que más o la que menos ha tratado de combatir. Grandes dosis de optimismo y una reformulación de las tiendas como espacio cultural son las armas más esgrimidas por los locales para batallar con la bajada de ventas, agravada en los últimos años por la caída comercial de los libros de texto y el desinterés de la juventud.

La falta de políticas que fomenten el gusto por la literatura es el principal causante de los males de las librerías de la ciudad. Las tiendas señalan la carencia de iniciativas de este tipo como el problema central que afrontan, y que llevan a los niños, uno de los públicos con más ventas, a abandonar los libros en la adolescencia. El rechazo que generan las lecturas escolares obligatorias y una crisis económica de la que, aseguran, la clase media todavía no se ha recuperado, son otros de los factores mencionados, entre los que el libro electrónico no juega el papel que se le suele atribuir.

El ebook, aseguran los libreros, no es competencia. Sí lo es el pirateo y la compra a través de internet, una opción que muchos escogen por comodidad, y que puede llegar a afectar a la facturación. El culto a las pantallas, sin embargo, tiene un revés positivo en la fatiga tecnológica, que despierta en los consumidores la necesidad de abandonar el teléfono y retornar a los libros en papel. Las librerías los reciben cargadas de actividades culturales dirigidas a transformar las tiendas en puntos de encuentro, y de libreros que confían en que el trato y las recomendaciones personales inviten a los usuarios a volver. Para ello, la dedicación es esencial, indican los encargados, que ven desde el futuro más brillante al más absoluto de los negros.

"La fatiga tecnológica hace que la gente se refugie en los libros en papel"


Esther Gómez, encargada de la librería Moito Conto.

"La clase media que consumía libros ha sufrido. La crisis no está superada"


Pablo Zaera, encargado de la librería Cascanueces.

"Aspiramos a salir de una precariedad salarial. Sobrevivimos desde el principio, pero poco más"


Cristina Barbeito, encargada de la librería Berbiriana.

"El libro infantil es el que tiene más ventas. El juvenil, a no ser que sea por prescripción, casi no se vende"


Tamara Pazos y Eli Monteagudo, vendedora y encargada de la librería A Carapuchiña Feroz.

"El Concello está echando una mano, pero desde otras instituciones se podría hacer mucho más"


Paula Veira, encargada de la librería Lume.
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