Fútbol es fútbol

Piqué y el mármol pentélico

11.09.2015 | 01:06

Los pitos a Gerard Piqué. Vale. Si Iker Jiménez puede dedicar un programa especial de Cuarto Milenio a Félix Rodríguez de la Fuente y si Cuatro puede dedicar el Blockbuster, un espacio reservado a las grandes apuestas en cine de la cadena, a una película como La jungla de cristal, entonces es que ha llegado el momento en que aquí vale todo excepto morder y clavar los dedos en los ojos, como en el pancracio de la antigua Grecia. ¿Qué tiene que ver el gran Félix Rodríguez de la Fuente con el programa-estafa de Iker Jiménez? Nada ¿Qué pinta una estupenda película de acción de 1988 protagonizada por un Bruce Willis en camiseta y descalzo en un espacio cinematográfico que pretende ser el escaparate del penúltimo grito del cine comercial? Nada. ¿Qué relación tiene con el fútbol la ridícula, cansina, estrafalaria y pegajosa polémica acerca de los pitos a Piqué por parte de un sector de los seguidores de la selección española de fútbol? Ninguna. Pero si Félix Rodríguez de la Fuente está en el Cuarto Milenio y John McClane salvando el mundo desde el Nakatomi Plaza es hoy en día un blockbuster, entonces los pitos a Piqué también pueden estar en un artículo sobre fútbol.

Los pitos a Piqué. Uf. Qué pereza. ¿Por qué algunos pitan a Piqué? Yo que sé. Porque se acordó del Real Madrid en las celebraciones de los títulos del Barça. Porque es nacionalista, o independentista, o internacionalista proletario, o a nosotros qué nos importa qué. Porque no lleva una aparatosa muñequera con la bandera de España cuando juega con la selección, como Sergio Ramos. Porque, si pudiera, Piqué jugaría la Eurocopa con la selección de Catalunya, no con la de España. Porque no dice públicamente, como le pide un tal Alfonso, que se siente "español y catalán", y no lo hará porque, como asegura el mismo Alfonso, Piqué "no lo siente". Ah, bueno, si se trata de "sentirse" algo, comunico a mis lectores que me siento mármol pentélico y quiero formar parte del Partenón. Seguimos. Más razones para pitar a Piqué. Es guapo, rico, felizmente casado con una cantante famosa y, atención, va a discotecas, o bares de copas, o bibliotecas públicas después de un partido y se queda hasta las tantas. Uau. Piqué no se muestra afectado por los pitos de la grada y juega como si nada, lo cual demuestra que los pitos le importan un pito porque no "siente" los colores de España, con lo cual volvemos a las tesis "sentistas" de Alfonso. Piqué no mueve los labios diciendo "Lo-lo-lolo-lololololololo" cuando suena el himno del Reino de España. Y podríamos seguir diciendo cosas de Piqué como si fuera el Chuck Norris del fútbol, pero eso sería como hablar de Félix Rodríguez de la Fuente en Cuarto Milenio.

Los pitos a Piqué. Uf. Puf. Buf. Qué recontramegapereza. Pues que piten. O que no piten. Qué más da. Lo peor de los pitos a Piqué es la campaña, un poco artificial, para que cesen los pitos a Piqué. El mismísimo Robespierre dijo, al hilo de la campaña anticristiana que se llevó a cabo después de la Revolución Francesa, que es más fanático quien intenta impedir una misa que quien la oficia. Los que levantan la voz para impedir que se pite a Piqué cuando juega con la selección española o los que se indignan y piden la entrada de los tanques en Catalunya cuando el Camp Nou pita el himno español son más peligrosos que los que pitan a Piqué y al himno. No hay que impedir la celebración de la misa porque basta con no ir, y no hay que impedir los pitos a Piqué o al himno de España porque basta con no pitar. Allá los creyentes en la transustanciación y los creyentes en el valor supremo de las notas de los himnos nacionales con sus creencias, y allá los ateos y los nacionalistas de otros nacionalismos con las suyas. Lo mejor es sentirse mármol pentélico y disfrutar del fútbol sin tener que elegir entre pitar y no pitar.

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