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El goleador sin memoria

El Bayern de Múnich confirma que Gerd Müller, el mayor anotador de la historia del fútbol alemán, sufre alzhéimer - El club descarta homenajes por su 70 cumpleaños

08.10.2015 | 01:52
Müller festeja un gol con la selección alemana.

El Bayern de Múnich emitió el martes por la noche una de las notas más dolorosas de su reciente historia. El club bávaro anunciaba que uno de los grandes mitos de su historia, Gerd Müller, no podrá ser homenajeado como se merece dentro de un mes cuando cumpla setenta años. El fabuloso delantero, el mejor goleador de su historia, sufre la enfermedad de Alzheimer en un grado bastante avanzado. Una noticia que ha conmocionado al fútbol mundial.

Gerd Müller no es capaz de recordar ninguno de los más de seiscientos goles que hizo durante su carrera profesional. El Bayern de Múnich lo confirmó en una triste nota de prensa en la que anunció que a comienzos de noviembre no habrá homenaje por su setenta cumpleaños ya que el estado de salud del mayor goleador de su historia no lo permite.

El alzhéimer ha ido borrando de la memoria de Müller la infinidad de goles y de partidos que le convirtieron en una leyenda. No deja de ser un contrasentido que le suceda a alguien que jamás se irá del recuerdo de los aficionados. El Bayern confirmó que la enfermedad se encuentra en una fase bastante avanzada y que por ese motivo Müller se mantendrá apartado de la vida pública.

A Müller la enfermedad se le diagnosticó hace tiempo, aunque se agravó en 2011 cuando trabajaba con el equipo de reservas del Bayern. Entonces se produjeron un par de episodios que hicieron considerar a su familia que había llegado el momento de retirarle definitivamente.

El más llamativo sucedió durante un viaje de pretemporada a Trento (Italia). El club bávaro denunció su desaparición cuando una mañana se dieron cuenta de que no se encontraba en el hotel de concentración y que había dejado su teléfono móvil en la habitación. Müller había salido del hotel a las cinco de la mañana y tomó un taxi para ir a la estación. Su idea era tomar un tren que le llevase de vuelta a Múnich. La policía le encontró trece horas después deambulando por el centro de la ciudad completamente desorientado.

Homenaje imposible

Desde entonces se apartó de cualquier responsabilidad técnica en el conjunto bávaro -que compartía con quienes habían formado parte de su gloriosa generación- y se encerró en su casa donde la familia cuida de él. En los últimos días, ante la proximidad de su setenta cumpleaños, su nombre regresó a los medios de comunicación. Ante las dudas sobre su estado, sobre la evolución de la enfermedad, el Bayern se vio en la obligación de emitir una nota pública dejando claro que resulta imposible que su salud impide que se le haga el homenaje que merece.

Müller vive en su casa, lejos del centro de Münich, ajeno a la conmoción que en los aficionados al fútbol ha generado conocer su actual estado de salud. Hay varias generaciones que no pueden entender el fútbol sin los goles del Torpedo Müller. Un jugador unido a la camiseta del Bayern y la de la selección alemana, protagonista indiscutible de la década de los setenta. La lista de conquistas de este futbolista resulta estremecedora. Con el Bayern ganó tres copas de Europa, una Recopa, una Intercontinental, cuatro bundesligas, cuatro copas de Alemania; con la selección el Mundial de 1974 y la Eurocopa de 1972. Ninguno de esos títulos puede entenderse sin los goles de quien fue siete veces máximo artillero de la Bundesliga.

Gerd Müller, piernas cortas y potentes, era uno de los futbolistas más finos e intuitivos que nunca dará el fútbol. Buen cabeceador pese a su corta estatura, suplía con astucia la falta de otras condiciones. Nadie se ha movido en el área como él. El instinto le llevaba a aprovecharse de cualquier situación, a colocarse siempre en el lugar ideal y a encontrar la rendija que le separaba del gol.

Puede que nada le describa mejor que su gol más importante, el que dio a Alemania el Mundial de 1974 en Múnich. Una jugada algo trabada que acaba con un centro raso al área. Müller es el primero que entiende que el balón va a caer en una zona desocupada. Se suceden los rebotes y el balón le cae cerca de sus pies, algo retrasado. Dibuja entonces un escorzo y saca con su pierna derecha un remate raso, sin mucha fuerza, que casi parece un fallo. El portero esperaba cualquier cosa menos eso. El balón encuentra la red en el punto donde él había imaginado. Ese gol, como tantos, son pura historia del fútbol. Los recordamos y los admiramos. Por desgracia han desaparecido de la mente de su inmenso creador.

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