Sinrazón e injusticia en Riazor

Un asistente con exceso de celo en los fueras de juego y una jugada aislada de un Valencia moribundo impiden al Dépor ganar de manera más que merecida su primer partido de 2016. El equipo recuperó gran parte de sus cualidades

24.01.2016 | 20:47

El Valencia ni moría matando. Era un tablón de madera a la deriva en el mar de Riazor. La película de los últimos minutos de un duelo inexplicable se estaba viviendo en el área ché y entre los olés de Riazor. Ni un atisbo de vida inteligente en su fútbol... y llegó la sinrazón. Un balón suelto, la única vez que Negredo superó a la defensa del Dépor en la segunda parte. Otra vez el Valencia. Siempre amargando. Y todo con el condimento de la injusticia arbitral. Ahora es difícil despegarse del disgusto, la perplejidad y la rabia hacia el del banderín. Con el paso de los días el equipo y su afición se darán cuenta de que el gran Dépor de la primera vuelta hizo esta tarde su acto de presencia en este 2016. Volvió Lucas, el equipo se movió de maravilla, presionó, creyó en sí mismo... Muchas virtudes que se tradujeron en un escaso premio inmediato, pero que le darán réditos en un futuro cercano.

El Dépor tuvo su momento, el Valencia, también. En la primera parte la diferencia estuvo en la pegada y en la autoestima, ni siquiera en la calidad. El equipo ché arrancó mejor. Más suelto. André Gomes y Santi Mina trazaban diagonales, Negredo caía a tocar, surtía de balones y llegaba a golpear. Parejo también se sumaba mientras Zahibo apretaba. Incluso el delantero vallecano pudo hacer el 0-1. Una contra desbocada le sirvió para plantarse ante Lux. Cruzó en exceso.

Ese fallo y alguna indecisión de Zahibo parecieron entreabrirle la puerta al Dépor que hasta entonces tiraba de paciencia, aguantaba, buscaba tocar y lo intentaba a través del obstinado Lucas y de los bulliciosos Luis Alberto, Juanfran y Cani. La presión arriba, siempre insistente de los blanquiazules, empezó a surtir efecto. Cada vez robaba más balones. Luis Alberto y Mosquera se iban encontrando más sueltos para lanzar a Lucas.

Y una de esas donde Negredo falló, Lucas no lo hizo. Volvió ese gran goleador. Carrera, regate a Ryan y remache a la red. Décimo tercer tanto, primero de 2016. Una nueva conexión de la gran pareja ofensiva de este equipo. Luis Alberto, Lucas. Lucas, Luis Alberto. Cuando hay química es todo más fácil y a estos dos les sobra.

El tanto mandó al Valencia al diván y soltó los músculos futbolísticos del Dépor. Ese juego atenazado de las últimas semanas pasó al olvido. Recuperaba fácil, estaba cómodo, creaba ocasiones, casi hace el segundo. El Valencia se pasó muchos minutos tocándose la mandibula y lamentándose de todas las bofetadas que se ha llevado en esta Liga. Perdió ese cuarto de hora y el Dépor se dejó ir en los últimos minutos hacia el puerto del descanso.

Al Valencia tampoco le cambió en exceso el paso por los vestuarios. Seguía dubitativo. El Dépor era todo lo contrario. Mezclaba a su juego. Presionaba, replegaba. Su acordeón funcionaba de vicio, recuperaba mil balones. Pero no remachaba. A veces le faltaba finura en el último pase y en otros momentos aparecían Melero López y su ayudante como los malos de la película. Un fuera de juego mal pitado impidió a Lucas plantarse ante Ryan. Podría haberse sido el 0-2 y la sentencia. No lo fue. Riazor anhelaba no tener que lamentarlo. Y finalmente sí que lo hizo.

La entrada de Bakkali y los metros que retrasó Parejo su posición le sentaron bien al Valencia. No fue tampoco una metamorfosis, pero entre sus urgencias y la vía de ataque abierta por la banda de Juanfran le iba llegando para meterle el miedo en el cuerpo al Dépor y a Riazor. El equipo coruñés tenía más espacios, tampoco remataba. El juez de línea seguía siendo la pesadilla de Lucas.

El duelo se rompió, preso de los nervios. El Valencia se lanzó en tromba con más intención que cabeza. Y ahí se diluyó. Mientras tanto, Lucas sembraba el caos y el desconcierto en una defensa muy expuesta por la necesidad. Cuando todo hacía indicar que el equipo coruñés tendría que hartarse de achicar balones, le sobrevino la gran pájara al Valencia. Los últimos minutos se vivieron en el campo del conjunto visitante ante la mirada de unos futbolistas fantasmagóricos. Y cuando se estaban ahogando, una jugada aislada, un balón suelto se convirtió en el mayor de los trompazos. Ahí fue cuando muchos giraron la cabeza y se acordaron de que aquel juez de línea. Rabia. Mal cuerpo. Injusticia. Ya vendrá tiempos mejores.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes

Información patrocinada
Enlaces recomendados: Premios Cine