La pelota no se mancha

La órbita Fede y el diálogo de Víctor

08.03.2016 | 10:57
La órbita Fede y el diálogo de Víctor

Dale la pelota al bueno. Simple. Sin complejidades tácticas, Fede se elevó en Riazor cuando al resto le consumía el fango de las dudas y los nervios. Participó en el primero, se inventó el segundo... Consecuencias de su verdadera impronta. Consiguió mover los ejes del partido. Quemaba la arena de Riazor y el argentino puso a orbitar al Dépor en torno a él. Hasta Lucas tuvo que arrimarse para ser el más cercano de sus satélites. Fede, en la continua reafirmación de quien arriesga en cada jugada, necesitaba sentirse importante, no serlo. Bienvenido al Dépor. Nunca es tarde y menos en las malas.

La gran noticia en un Dépor con mucho ruido, nada limpio. Los demonios están en su fútbol y, sobre todo, en su cabeza. No es contundente en las áreas, echa de menos a Sidnei. Muchas veces no ha tenido un plan ajustado a las características de sus jugadores. Se siente inseguro. No le sobran ni el oxígeno ni la autoestima. Su presión no es tan efectiva. Está a merced de la contingencia de los partidos, no los domina. Justo lo que sí hacía a principio de Liga. Aquella sensación... A pesar de toda esa imperfección, del aturdimiento del empate y del desgaste de una racha interminable, el equipo dio un leve paso al frente ante el Málaga. Sin excesos y con la calamidad del balón parado como peaje, pero sí, ha avanzado. Con el desastre de Bilbao como punto de partida parecía imposible no ponerse en movimiento. Lo ha hecho.

Borges ya tiene una posición y el equipo no está tan expuesto en el repliegue. Fernando Navarro y sus correcciones se reafirman como el recambio natural en defensa. Fede, un futbolista llamado a ser importante, ha florecido en el mejor momento posible. Con ese punto más, lo etéreo que era el Málaga y el amor propio del grupo, casi le da para ganar. Décimoquinto empate. Aun así, esa victoria interrupta no puede apartar al Dépor del camino de una mejoría que debe ser mucho más evidente y perceptible. Hay mucho trecho que recorrer. Y la primera parada es el Calderón. Quizás no es el mejor sitio para puntuar, pero nunca hay malos días para seguir construyendo y matizando la apuesta.

Desde la atalaya y la credibilidad que le daba haber sido una gloria blanquiazul, Víctor se sentó en el banquillo de Riazor uniendo al deportivismo. Más allá de ciertos aportes tácticos, fue su gran mérito en la salvación de hace unos meses. Oxigenar el ambiente, hacer de conector entre todas las partes. La afición se sentía por fin atendida y escuchada. Sincero, empático, apoyándose en las redes sociales. Su mensaje caló. Demostró una buena gestión. Ahora, como comunicador, debe dar otro paso. También tiene que matizar este aspecto. Cada vez que Víctor se sienta en una rueda de prensa, no charla con los periodistas, se pone a dialogar con su afición. Lo ideal sería que el juego del equipo hablase por él, pero en las rachas negativas todo se distorsiona, los mensajes no son tan claros. El Dépor lleva casi tres meses sin ganar y la grada, desesperada, necesita respuestas. Si el equipo está mal, pues que lo diga. Si un día se equivoca, también. Si ha emprendido un camino para buscar una solución a un problema, que lo explique. Humano, directo. Sin perderse en los detalles, pero comunicándose. Volver a conectar. Salvó al equipo y va camino de repetir. Hay días mejores o peores, entre deportivistas habrá compresión. Una prueba más para un técnico en formación.

Lucas y la perspectiva

Seguro que Lucas no se fue contento a casa el sábado y en su ánimo no influyó solo el empate. Hizo el 3-2 y en su mente voraz aún daban vueltas las ocasiones de la primera parte. Convertirá esa rabia y desazón en motivación y mejora futbolística. El zurdo ha frenado su ritmo realizador, pero ya llegó a los quince. Con su temporada se pierde la perspectiva. Máximo goleador coruñés de la historia vistiendo la camiseta del Dépor en Primera. Ya sólo se le resisten los 16 de Amancio en la 69-70 con el Madrid. Y como blanquiazul solo aparecen en su camino Bebeto, Makaay, Pahíño o Tino. No para de derribar barreras. Su temporada se recordará durante décadas. Ojalá en breve la redondee con la salvación.

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