Un saco de boxeo

30.07.2016 | 00:52
Un saco de boxeo

En tal instrumento para el entrenamiento de boxeadores han convertido, entre unos y otros, al sector pesquero. Hasta tal punto que es el mismo sector el que se pregunta si se ha engañado a la ciudadanía europea cuando, mediante el uso de datos falsos, se apunta que la sobreexplotación del mar es culpa de los pescadores. Una acusación que ha servido, en determinados casos, para que ciertas ONG exijan a la Unión Europea el cese de las ayudas económicas para la modernización de embarcaciones, alegando que se está subvencionando la pesca.

Sin rechazar de plano la responsabilidad de algunos profesionales de la mar, cuya actividad es más propia de un gran depredador que de un pescador -pongo como ejemplo los superarrastreros europeos y asiáticos- no puede olvidarse que los nuevos estudios e investigaciones al respecto culpan más a la contaminación marina que a la pesca en la evidente disminución de algunos stocks, muchos de los cuales ni siquiera son de especies objetivo para la pesca comunitaria.

Recientemente se han facilitado datos que ponen en solfa esas culpabilidades exclusivas de los pescadores en relación al estado de la fauna marina. Tales datos determinan que, en buena medida, la escasez de reclutamientos en determinadas reservas de peces y el mal estado de estas no siempre se deben a la pesca. Hay especies que se han habituado a ingerir partículas de plástico y rechazan, en la práctica, la ingesta de zooplancton, base esencial de su alimentación. La prestigiosa revista Science publicaba hace poco que las micropartículas de plástico afectan también al desarrollo de las larvas de peces. Estas partículas de plástico provocan cambios en su comportamiento -dicen los científicos- e incrementan notablemente su tasa de mortalidad.

Es más que conocido que los océanos se han ido convirtiendo, con el paso de los años, en mares de plástico que el hombre propicia al arrojar toneladas de bolsas que "navegan" para converger en zonas oceánicas concretas. Si tenemos en cuenta que cada año llegan al mar entre cinco y 13 millones de toneladas de residuos plásticos, no hay que ser un gran científico para caer en la cuenta de lo que estos representan para la fauna marina.

Sumemos a esto el efecto de la presencia de tales larvas en la cadena trófica y concluiremos que un altísimo porcentaje de los peces que van a parar a los aparejos de pesca de los barcos son, en sí mismos, como el punching-ball o saco de entrenamiento que todos golpean para, al final, provocar el hastío de unas especies marinas que son muy necesarias para la alimentación de millones de seres humanos a los que se convence de que la escasez de cuotas de pesca se debe, sobre todo, a la sobrepesca. Y se oculta -¿intencionadamente?- que no es la acción del pescador la única causante que incide en el mal estado de los stocks.

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