16 de noviembre de 2018
16.11.2018

Buño conquista al Museo Thyssen

La pinacoteca de Madrid elige a Carmen Isabel, la primera mujer oleira de esta localidad, para diseñar unas ánforas inspiradas en la exposición de Max Beckam, que vende en su tienda

16.11.2018 | 20:55
Carmen Isabel, primera mujer oleira de Buño (Malpica).

El Museo Thyssen-Bornemisza tiene abierta al público hasta el próximo enero una exposición temporal del expresionista Max Beckam, de visita obligada para contemplar la obra impactante, dramática, atormentada y llena de color de este artista alemán. Tras ver la muestra el visitante puede acercarse a la tienda de esta pinacoteca de Madrid y llevarse un recuerdo del pintor y al mismo tiempo una pieza de artesanía modelada en una localidad con siglos de tradición que pasa de padres a hijos, elaborada por la primera mujer oleira de Buño (Malpica), que tras romper con el prejuicio de que era un oficio solo para hombres, hoy acaricia el barro con unas manos que tienen casi cuarenta años de profesión. El Thyssen eligió a Carmen Isabel para confeccionar unas ánforas inspiradas en un cuadro de Beckam. Empezó con 25 piezas que se vendieron raudamente y ya le han avisado de que vaya haciendo más.

"Todo ocurrió hace unos dos meses. Me llamaron del Thyssen a través de una conocida, me pidieron un presupuesto, me mandaron una fotografía del cuadro en el que querían inspirarse, les hice una pieza, les gustó y me encargaron un primer pedido y me dijeron que si se vendía bien me pedirían más, y ya estoy haciendo porque al parecer se está vendiendo bastante bien", explica Carmen Isabel, presidenta además de la Asociación de Oleiros de Buño.

Carmen Isabel elaboró "una ánfora, no lleva asas", inspirada en la que sale en uno de los cuadros de Beckam, Mujer con espejo (1943). En esta obra aparece una mujer que se mira en un espejo y en primer plano se ve una ánfora con colores semejantes a los que ha utilizado esta alfareira, azul oscuro y naranja. Ahora está a la espera de que el museo le concrete el número de nuevas piezas que quiere que le mande. Preguntamos en la tienda del Thyssen: estas ánforas se venden a 42 euros. Un recuerdo de un extraordinario pintor y de una extraordinaria artesanía, por el mismo precio.

Esta alfarera humilde y valiente, es uno de los escasos ejemplos de artesana sin tradición familiar. Nadie en su familia se dedicaba al barro. Cuando tenía poco más de veinte años le pidió a un oleiro legendario como Aparicio Añón que le dejase el torno cuando lo tuviese libre, para aprender. En aquella época era algo inaudito, las mujeres hacían tareas auxiliares como picar el barro para convertirlo en polvo y luego pasarlo al molino, y también modelaban a mano, pero nunca se subían a un torno.

Le gustó la experiencia y fue aprendiendo "de forma autodidacta", muy poco a poco, y superando con humor y sin darle importancia a que los hombres la tomasen a broma cuando iba al Barreiro a picar y coger el barro para modelarlo.

Para Carmen Isabel, al igual que para todos los oleiros, el momento más emocionante del día es cuando abre el horno. "Para mí siempre es como la primera vez, tienes aquella ilusión de que todo haya salido bien". Porque es el momento clave, cuando compruebas que la hornada ha salido perfecta, bien cocido, bien esmaltado. "Para mí es el mejor oficio del mundo", asegura siempre esta veterana alfarera.
Hablar de Buño es hablar de apellidos míticos por su larga tradición oleira: los Aparicio, Mouróns, Gorín, Cambón, Lista, Rulo, Caamaño... Aparicio Añón, por ejemplo, que lleva más de medio siglo en el oficio, es la cuarta generación. Su familia fue fotografiada por Ruth Matilda Anderson en su recorrido por España.

Existen archivos parroquiales que mencionan el oficio de oleiro en Buño desde el siglo XVI. En esa época y hasta el XVII_fue la edad de auge de esta artesanía, que elaboraba piezas para las fuentes de A Coruña o para trabajos en las minas, además de las utilizadas para los hogares. Llegaron a existir más de cien alfares en esta localidad malpicana. En los años cuarenta aún había unos setenta, algunos incluso tenían xornaleiros, empleados. Después entró en el ocaso, casi se perdió, hasta que se introdujeron muchos jóvenes, nuevas generaciones con nuevos diseños, y se recuperó este trabajo artesano.

La crisis económica de 2008 causó un fuerte daño a la que quizá es la villa oleira más importante de Galicia. Se vendía mucho para decorar y de repente la decoración era algo de lo que se podía prescindir para ahorrar. Este golpe fue casi a la par que el que les supuso la construcción de la nueva carretera: la AC-418 entre Carballo y Malpica, que al construirla la Xunta en 2007, rodeó el núcleo de Buño. Ya no era paso obligado. Turistas, viajantes, comerciantes, pasan ahora de largo, por la carretera nueva y más rápida, algo que hizo decaer a esta localidad económicamente.

"Hoy va peor que hace unos años, pero de momento no cerró ningún taller", señala Carmen Isabel, que vende las piezas que elabora en la tienda O Falsete, que atiende su hija, que también sabe tornear el barro. Hoy se mantienen en Buño entre doce y quince fornos de forma estable. Aparicio Añón declaraba hace unos meses a este periódico que se mantienen gracias a los encargos de empresas e instituciones, los objetos de regalo que les encargan para bodas y detalles para congresos.

Piezas de alfarería, documentos y fotos de Buño figuran en el museo de la Hispanic Society of America. Ahora también están en el museo Thyssen, de momento como objeto a la venta en la tienda, pero quizá en el futuro también en sus salas de exposiciones, porque esta artesanía ancestral es cultura viva, un patrimonio que debe ser preservado y potenciado, del que se debe presumir, como se hace en el mes de agosto, desde hace casi cuarenta años, con la Mostra de Alfarería de Buño que recrea las coceduras comunales tradicionales y exhibe las nuevas piezas de cada taller. Y con el Ecomuseo do Forte, recuperación de un barrio oleiro.

Carmen Isabel rompió moldes, esquemas, prejuicios y cacharros, cuando hace casi cuarenta años se subió a un torno para aprender el oficio oleiro. Era la primera mujer en un mundo hasta entonces exclusivamente masculino, en el pueblo alfareiro de Buño en Malpica. Ahora esta artesana ha roto fronteras y ha colocado piezas en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. La eligieron para hacer unas ánforas inspiradas en un cuadro de Max Beckam, del que exponen actualmente un monográfico, para venderlas en la tienda. Ya le han dicho que vaya haciendo más

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