22 de enero de 2019
22.01.2019
Marta Sanz Escritora

"El lenguaje puede ser esponja del poder, pero también puede cambiar las cosas"

"Hemos pasado de una literatura basada en el juego y el entretenimiento a otra en la que los escritores dejamos de ser bufones de la corte"

22.01.2019 | 00:40
La escritora Marta Sanz.

Hace años que Marta Sanz, escritora y ganadora de importantes premios nacionales, intenta convertir la literatura en un lugar "donde las mujeres puedan tener una voz y una visibilidad de la que hemos carecido". Así lo ha hecho con su último ensayo Monstruas y centauras, en la que reflexiona sobre el movimiento feminista. Marta Sanz participa hoy en un encuentro con Luisgé Martín en la Fundación Luis Seoane (20.00 horas).

-Usted reivindica que la literatura no es solo entretenimiento, tiene capacidad para influir en otras áreas del saber.

-Yo siempre escribo desde la conciencia de que las cosas que redacto están motivadas por el mundo en el que vivo, por los discursos que lo configuran. Y a la vez, esos textos que yo construyo colaboran en ese imaginario ideológico que nos rodea a todos. Realmente creo que la medicina, la política, la educación, la literatura y la economía forman una red de relaciones intertextuales en las que permanentemente unos ámbitos rebotan en otros. La literatura es una palabra en el mundo y claro que puede servir para intervenir en él.

-¿Hacia dónde evoluciona la literatura?

-Durante algunos años hubo un tipo de literatura dominante, muy basada en el juego, en el entretenimiento, en la idea de que el lector, entendido como un cliente, tenía que reconocer los productos literarios que consumía para estar cómodo. Sin embargo, en los últimos años, a consecuencia de la crisis y de la indignación, la literatura está empezando a tomar otro papel en la sociedad. Los escritores y las escritoras dejan de asumir exclusivamente una condición de bufones de la corte o del reino para darse cuenta de que tienen una responsabilidad cívica.

-En su última obra Monstruas y centauras (2018) analiza la huelga feminista y La Manada -ahora, manadas -. ¿Si tuviera que volver a escribirlo ahora, hubiera cambiado algo? ¿Para mejor, para peor...?

-Yo creo que hay cosas que han cambiado a peor, porque vemos posturas cada vez más radicalizadas en contra de los movimientos feministas, que de algún modo lo que están poniendo de manifiesto es la urgencia, e incluso la eficacia, de un discurso como el feminista. Por una parte, se han visto reacciones muy vesánicas y negativas pero, dentro de esa misma reacción negativa, hemos tomado conciencia de que es un discurso necesario, urgentísimo y que está impregnando a muchas capas de la sociedad, con lo cual deberíamos felicitarnos. Desde luego por lo que no debemos felicitarnos es por las situaciones socioeconómicas y las violencias que se ejercen contra las mujeres, tanto en el ámbito de lo público como de lo privado. Siguen siendo monstruosas y ahí hay que reaccionar.

-¿Respalda las manifestaciones feministas que se están produciendo contra Vox?

-Sí, y el 8 de marzo probablemente haré la huelga.

-Un tuit del padre de Diana Quer ha generado cierta polémica a raíz de estas protestas: se preguntó que dónde estaban las feministas cuando apareció el cadáver de su hija, "tras ser violada y asesinada".

-A mí no me gustaría ir en contra de un hombre que legítimamente puede expresar su dolor porque ha vivido una experiencia que no se le puede desear a ningún ser humano. Pero no estoy de acuerdo con ese planteamiento. Yo creo que precisamente las mujeres y hombres feministas son los que intentan luchar todos los días para paliar esas diferencias que se convierten en desventajas y que hacen que las mujeres seamos maltratadas fuera y dentro de la casa. Tenemos puntos de vista ideológicos completamente diferentes, porque además creo que lo que no se puede hacer es instrumentalizar la violencia que se ejerce sistemáticamente contra las mujeres para demonizar a las capas más débiles de la sociedad, como pueden ser los inmigrantes. Y eso es lo que quieren hacer formaciones políticas como Vox.

-¿Teme que las políticas de Vox acaben llegando a toda España, después del resultado obtenido en Andalucía?

-Lo que ha hecho Vox es recoger un voto indignado, que de algún modo no es lo suficiente reflexivo y que responde a dos tipos de corriente. Por un lado, el éxito de la ultraderecha en el ámbito europeo e internacional, de la radicalización de posturas fascistas en momentos de crisis económicas. Y a ello se une nuestra propia impronta personal que enlaza con todo un imaginario rancio, taurino, cinegético, de intentar borrar sea como sea la memoria histórica. Con lo cual hay muchas papeletas para que Vox saque muchos diputados.

-¿La desigualdad también afecta a la literatura?

-Claro, la desigualdad no es un mundo aparte al resto de los mundos. Yo durante mucho tiempo pensé que las escritoras estábamos en una situación de igualdad y, a través de la práctica literaria, llegué a la conclusión de que no. Llegué a la conclusión de que a menudo la crítica es condescendiente, se piensa que las mujeres solo podemos hablar de temas de mujeres... Yo en los últimos años lo que intento hacer con los libros es reivindicar la literatura como ese lugar donde las mujeres podemos tener una voz y una visibilidad de la que hemos carecido. Y también como ese espacio donde podemos demostrar que nosotras somos capaces de representar todas las polifonías del mundo y asumir las voces de hombres, mujeres y todo tipo de personajes que en principio solo correspondía a los escritores hombres.

-Gramaticalmente, la palabra "monstruas"es incorrecta. ¿Está a favor del lenguaje inclusivo?

-Creo que el lenguaje está relleno de connotaciones significativas que dimanan del discurso hegemónico. Yo siempre pongo el ejemplo de Lewis Carrol con el huevo Humpty Dumpty que le dice a Alicia: "No importa lo que las palabras signifiquen, lo que importa es saber quién es el que manda". El lenguaje tiene esa capacidad para convertirse en esponja de los discursos del poder, pero al mismo tiempo es un patrimonio de todas y de todos que nos permite a través del juego, de la subversión, del uso anómalo, de las violencias que se pueden ejercer a través de él, visibilizar situaciones incómodas y quizá cambiar las cosas. Pero no podemos limitar las luchas feministas solo a una cuestión lingüística. Es importante el lenguaje, pero también es que cambien las leyes, que se cierre la brecha salarial, que no seamos más mujeres en riesgo de exclusión...

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