21 de julio de 2013
21.07.2013
La Opinión de A Coruña
Responsable de la asociación de consumidores de Coeticor

Graciela Damil: "La crisis debe enseñarnos que el gasto tiene que ser más responsable"

"Como la electricidad siga subiendo se va a convertir en una segunda hipoteca" - "Ahora se reclama más y la gente protesta mucho por los servicios de atención al cliente por teléfono"

21.07.2013 | 00:00
Graciela Damil, en el exterior de la oficina de la asociación de consumidores de Coeticor. / 13fotos

"Está bien que se consuma, pero al gasto debe dársele un uso más racional". Esta es una de las conclusiones que derivan de los efectos de la recesión en el comportamiento consumista de las familias y que apunta Graciela Damil, responsable de la asociación de consumidores de Coeticor. Con cinco años de crisis a cuestas y alarmada por el incremento del gasto en electricidad, percibe que los hogares coruñeses gastan ahora "lo justo y necesario" y los consumidores hacen más reclamaciones por miedo a ser engañados

-Los hogares coruñeses gastan menos en agua, teléfono móvil, gas, salud, educación... ¿Qué le llama más la atención?

-El índice de confianza del consumidor ha descendido considerablemente. La gente tiene miedo a perder su trabajo e intenta gastar lo menos posible y ahorrar lo máximo. El consumo es menor en función del precio, es decir, se gasta más dinero porque el precio es más alto, pero los consumos en sí son menores. Lo más chocante en los hogares de A Coruña es que el incremento del gasto en electricidad y luz es grandísimo, pese a que se ahorra en todos los demás gastos de la vivienda. Como la electricidad siga subiendo así, se va a convertir en una segunda hipoteca.

-¿En qué cambia ahora el comportamiento de la gente a la hora de consumir?

-En los servicios básicos ya no se consume con tanta libertad y despreocupación, sino lo justo y necesario. Prueba de ello es que antes el consumo se disparaba al empezar las rebajas y ahora no, aunque se amplíe la época o se rebaje al 70%. La cesta de la compra cada día es más cara, los alimentos básicos siguen subiendo. Y si la gente ahorra ahí lo que baja es la calidad del producto y la alimentación. Se compra marca blanca, más pasta y menos pescado, menos carne, menos huevos... Se produce la mitad del pan de lo que se producía hace dos años.

-¿Varía también el perfil del consumidor de hoy?

-Antes era más transigente con las prendas, los contratos o los recibos, no perdía el tiempo en reclamar. Ahora se reclama muchísimo más. La gente protesta mucho por el servicio de atención al cliente por teléfono porque la información que se le da es cuestionable. En la oficina de consumidores decimos a la gente que no contrate ningún servicio por teléfono porque si hay lío es tu palabra contra la de ellos, y graban las conversaciones. Así se evitan sustos, sobre todo a la gente mayor.

-¿Es que antes no se quejaba tanto la gente?

-No era tan continuo como ahora. No había cultura de reclamar, tampoco había tanto paro, se vivía con otra alegría. Ahora se pide más información. Nos llaman antes de formalizar un contrato porque se tiene miedo al engaño.

-¿Miedo porque, con la carestía de la vida, ahora se paga por algo que antes no se pagaba?

-Es que las empresas también están en crisis y su facturación ha caído. El negocio se vuelve más agresivo por querer mantenerse y busca el dinero en donde no lo hay, y eso lo paga el consumidor. Lo vemos en la banca. Antes tenías todas las facilidades para abrir una cuenta, ahora te cobran por todo, hasta por presentarte en el banco.

-¿Por qué ahorran tanto los hogares con personas de menos de 35 años y aumenta el gasto en los de mayores de 65?

-En los menores de 35 años el consumo disminuye en todos los aspectos menos en la luz. Creemos que la gente joven, aunque se independice, tiene sueldos de mileurista para abajo. Tienen que apretar más el bolsillo y aunque se independicen tiran más del núcleo familiar. Pero es más chocante el consumo corriente, que es muy bajo. No gastan en gasolina porque usan menos el coche o van más en transporte público. O están menos tiempo en casa y no ponen la calefacción. Los mayores de 65 años gastan bastante más. Tienen mayor poder adquisitivo, son jubilados. Y también ayudan a las familias, contribuyen a los gastos que tienen que afrontar los hijos o ayudan atendiendo a los nietos en sus casas con gastos que asumen ellos.

-¿Los coruñeses despreocupan su educación, en vista de los datos de la encuesta del IGE?

-Es chocante. En A Coruña disminuyeron los gastos generales aunque es la ciudad que menos paro tiene de toda Galicia. Es una ciudad de servicios, mientras que Vigo tiene sectores más sensibles a la crisis pero con los sueldos más altos y más consumo. En Santiago se depende de la administración y los funcionarios gastan, tienen una seguridad detrás. Ganan más que los demás e invierten más en salud o educación. Supongo que en la ciudad se intenta ahorrar al máximo con matrículas en colegios públicos y libros de texto que se reutilizan. Eso supone un ahorro impresionante para las familias. Crece la enseñanza pública.

-¿Tenemos mejor salud y por eso gastamos menos o se ha encarecido demasiado la sanidad?

-La salud ni mejora ni empeora. Bajó mucho el gasto farmacéutico, antes se tiraba más de la Seguridad Social o de medicamentos, ahora te lo piensas. Las personas mayores iban más al médico, ahora ya se cortan y hacen un uso más racional de las recetas y las medicinas.

-¿Seguiremos ahorrando cuando mejore la situación o volveremos a gastar de más?

-Me gustaría saberlo. A las familias nos cuesta educarnos en algo que no sea un gasto alegre, bajar de un ritmo de consumo alto, mientras los cabezas de familia se están sacrificando. No sabemos cuándo acabará esta etapa, y mientras se está incrementando el hurto en gente joven por que quieren mantener el móvil o consumir sus cervezas. Somos animales de costumbres y adquirimos hábitos, como el de apagar la luz al pasar por las habitaciones. Pero si aumentan los ingresos no sé si se volverá a apagarla. Está bien que se consuma, eso favorece la economía, pero que sea un consumo más razonable, que la gente sepa en qué gasta el dinero. Las épocas de crisis nos deberían enseñar a valorar más que el gasto tiene que hacerse de manera responsable.

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