11 de agosto de 2019
11.08.2019
LA CIUDAD QUE VIVÍ

El niño que se aficionó a los toros

En mi infancia venía con mi padre a la ciudad desde Ordes para recoger pedidos para su tienda y le acompañaba a las corridas en la plaza, lo que hizo que naciera mi pasión por el arte del toreo

10.08.2019 | 20:21

Nací en 1936 en Ordes, donde vivían mis padres, Rafael y María, quienes también tuvieron a mi hermana María del Carmen. Mi padre se dedicó siempre al comercio en una tienda de ultramarinos y ferretería y fue alcalde del municipio a principios de los años cuarenta, mientras que mi madre también trabajó en el establecimiento. Hice mis estudios en Ordes, donde tuve como profesores a Picallo, Nicolás del Río, Mariano del Amo y Manuel Losa, de quienes tengo un gran recuerdo, aunque terminé el bachillerato en el instituto Masculino.

Recuerdo las numerosas veces que acudía con mi padre a las corridas de toros que se celebraban en la plaza de toros de la ciudad, llamada también coso de la calle de Santa Margarita, ya que de ellas derivó mi gran afición por el arte del toreo. También acompañaba de niño a mis padres cuando venían a la ciudad a recoger los numerosos pedidos que necesitaban para su actividad comercial, lo que aprovechaban para visitar a sus numerosas amistades, mientras que yo disfrutaba conociendo la activa vida que se desarrollaba en calles céntricas como los Cantones, Real o San Andrés, en las que contemplaba los grandes comercios que había y, sobre todo, las jugueterías de aquellos años, como Moya, Estrada y El Arca de Noé, cuyos grandes escaparates estaban llenos de juguetes que ilusionaban a los chavales.

El problema que había para venir a la ciudad era la precaria situación del transporte público, en los que solo había los viejos autocares Krupp de gasógeno o los posteriores Saurer diésel de la empresa Castromil, mientras que para venir en tren teníamos que hacer a pie los cinco kilómetros que había desde Ordes a la estación.

Mis compañeros de bachillerato fueron Antonio y Jaime Concheiro, Juanjo Liñares, Celestino Amigo y José Antonio Ferreiro. Nuestras principales diversiones eran jugar al fútbol, ir al cine y bailar con amigas en las verbenas de las fiestas, tanto de Ordes como de otras localidades, así como de la ciudad. Al terminar el bachillerato entré en la Escuela Técnica de Peritos Industriales de Vigo y por mis buenas calificaciones me dieron una beca para estudiar en la de Valencia dos años, tras los que regresé a Vigo. Durante mis estudios hice las Milicias Universitarias en el aeródromo de Villafría, en Burgos, y en la base sevillana de Tablada.

Mi primer trabajo fue en Fenosa, en las oficinas que tenía en el edificio del teatro Colón, aunque al poco tiempo me mandaron a la central hidroeléctrica de Os Peares. En mi posterior destino, en Ourense, conocí a quien luego sería mi esposa, María Rodríguez, catedrática de Lengua y Literatura en el instituto Eusebio da Guarda, por lo que me trasladé con ella a esta ciudad para seguir trabajando en Fenosa hasta mi jubilación en 1996. Al abrirse aquí la Escuela de Arquitectura Técnica en los barracones de Riazor, me matriculé y terminé esos estudios.

Durante mi vida en la ciudad hice muchos amigos en el Sporting Club Casino y la Hípica. A mis 83 años estoy cursando las últimas asignaturas para obtener el título de ingeniero industrial, tras haber estudiado doce años en la Escuela Municipal de Música para obtener el diploma de saxofón. Sigo disfrutando de mi afición a los toros, sobre todo en las corridas que hace mi amigo el torero El Jumillano en su plaza de Valladolid.

Testimonio recogido por Luis Longueira

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

 

esquelasfunerarias.es