El polígono residencial de San Amaro-Orillamar da un paso adelante con la aprobación la semana pasada por la Junta de Gobierno Local de su proyecto de urbanización, cuyas obras tendrán un coste de casi 1,6 millones, que serán abonados por los promotores. El polígono ocupa 15.781 metros cuadrados, a los que el plan general autoriza una edificabilidad de 26.295 metros cuadrados, por lo que se podrían levantar en torno a las 260 viviendas.

Los promotores del polígono, que están agrupados en una junta de compensación, presentaron el primer proyecto de urbanización en 2012, pero lo dejaron paralizado. El Concello les solicitó que lo presentaran de nuevo en 2017. Finalmente lo hicieron en mayo de 2018 tras dos años de negociaciones con el Gobierno local de Marea Atlántica y desde entonces resolvieron los problemas técnicos que fueron apreciados por los técnicos municipales hasta recibir el visto bueno de la Junta de Gobierno Local el pasado miércoles.

Para poder construir las viviendas, los propietarios del suelo aún deben realizar la urbanización y posteriormente elaborar un proyecto para la construcción de los edificios.

La ordenación urbanística de esta zona —englobada por el entorno de la playa de San Amaro, la residencia Torrente Ballester y uno de los laterales del cementerio de San Amaro— procede del plan general de 1998 y autoriza edificios de hasta nueve alturas. El proyecto de urbanización prevé la creación de zonas verdes y con áreas de juego infantiles en la parte trasera de la playa y en el triángulo formado por la avenida de Navarra, la Torrente Ballester y la calle Fuente de San Amaro, así como entre el cementerio, el paseo marítimo y el final de las calles San Amaro y San Pedro, que ahora terminan en un descampado.

Proyecto de urbanización de San Amaro-Orillamar. | // LA OPINIÓN José Manuel Gutiérrez

La situación de abandono en la que se encuentran esos terrenos suscitó en el pasado las protestas de los vecinos ante el Concello, que no puede intervenir en el lugar porque se trata de una propiedad privada.

Los bloques de edificios se repartirán en dos parcelas que se distribuyen al fondo de esas dos calles, además de en una tercera que se encuentra en lo que será la prolongación de la vía Fuente de San Amaro y que tendrá forma de herradura.

La urbanización, que durará seis meses, incluye precisamente la conexión entre la avenida de Navarra y el paseo marítimo a través de la continuación de Fuente de San Amaro, que hoy en día concluye en una explanada sin urbanizar que se aprovecha como zona de aparcamiento. Las calles San Pedro y San Amaro tendrán por su parte una comunicación peatonal con el paseo marítimo gracias a esta actuación.

Las obras prevén también la demolición de parte de un edificio que está declarada fuera de ordenación urbanística y que solo consta de una planta semisótano y otra baja en el número 30 de la calle San Pedro. Esa edificación, que ocupa 53,08 metros cuadrados sobre la alineación de la nueva calle proyectada en ese lugar, impediría construir las aceras de la urbanización, por lo que debe ser derribada.

La ubicación de este polígono a corta distancia del mar hace que su desarrollo esté afectado por las disposiciones del Plan de Ordenación do Litoral, mientras que su proximidad al faro coruñés hace que también deba cumplir la normativa del Plan Especial de Ordenación, Protección, Conservación y Mejora de la Península de la Torre de Hércules. Ese último documento obliga a que las obras de urbanización tengan que contar con una supervisión arqueológica, en especial en los lugares donde se encontraban la ermita y la fuente de San Amaro, ante la posibilidad de que haya restos de ambas.