A Coruña, donde los fugitivos se esconden

La Policía Nacional ha detenido este año a seis huidos de la Justicia

Un agente de la Policía Nacional, en Lonzas.

Un agente de la Policía Nacional, en Lonzas. / Carlos Pardellas

“A los fugitivos les gusta la costa, el sol y la playa, la calidad de vida”, dice Fernando González, que es el Jefe de Sección de Localización de Fugitivos de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (Udyco) Central de la Policía Nacional y, aunque la mayoría de las detenciones que esta unidad ejecuta en España se sitúan en la Costa del Sol, en Cataluña y en Valencia, en A Coruña, en lo que va de año se han desarrollado seis detenciones de fugitivos. Siete, contando con la del opositor venezolano Rolando Figueroa que, finalmente, se entregó a la Justicia española voluntariamente, sin que fuese necesaria la intervención de agentes especializados en este tipo de detenciones.

El inspector Carlos Temprano, que es el jefe del Grupo Operativo de Delincuencia Organizada y Violenta (UDEV) de la Brigada Provincial de Policía Judicial de A Coruña, señala que el trabajo para localizar fugitivos es minucioso y que necesitan muchas horas y cruzarse muchas veces con los sospechosos para asegurarse de que son las personas a las que están siguiendo, porque un fallo en la identificación —a menudo cuentan con imágenes antiguas y los fugitivos han cambiado físicamente— puede alertar a los verdaderos objetivos.

Cuenta Temprano que las órdenes para colaborar con una operación de este tipo —que tienen que compaginar con la investigación de muertes violentas o atracos, entre otros casos— pueden llegar del ámbito europeo, de los países que forman el espacio Schengen, como órdenes de detención y entrega, o bien de la Interpol, que son órdenes internacionales de detención para extradición. “A veces la colaboración nos la pide nuestra Comisaría General de Policía Judicial donde está la sección de localización de fugitivos de la Udyco Central que nos reporta información que les llega a ellos por diferentes vías y nos dice a los enlaces provinciales la información con la que cuentan, en este caso, el enlace de A Coruña soy yo”, explica Temprano. Con los datos que les facilitan, empiezan a trabajar en el terreno. Otras veces, la información les llega desde Interpol y, con lo que tienen, hacen averiguaciones.

“Si lo localizamos, hacemos las gestiones para organizar un operativo de detención con las máximas garantías de eficacia y seguridad. Por ejemplo, el último detenido, que estaba reclamado por Venezuela por homicidio, ya ponía Interpol que era un individuo armado y peligroso, por lo que hay que tomar unas medidas concretas y extremar la precaución. Para eso contamos con la colaboración del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de Galicia”, relata Temprano.

En estos casos, es difícil definir un perfil de los fugitivos que acaban en la provincia de A Coruña, aunque predominan los de tráfico de drogas. “En la estadística que tenemos de este año y de anteriores, el tráfico de drogas es el que más se repite, aunque tenemos también detenidos por tráfico de seres humanos y, después, por secuestro, homicidio, por robos... Tuvimos también en 2013 una detención de una mujer que buscaba Argentina por delitos de lesa humanidad”, relata Temprano.

El año pasado, la cifra de detenciones de fugitivos bajó a dos, como todo, estas operaciones se vieron afectadas por la pandemia y las restricciones de movilidad, ya que, con la prohibición de salir de casa, se reducían las posibilidades de los agentes de poder localizar a las personas que querían identificar.

Pero, ¿por qué los fugitivos deciden venir a A Coruña, bien sea a la ciudad o a su entorno rural? Los años de experiencia les dicen a los agentes que, normalmente, lo hacen porque tienen algún vínculo familiar o porque alguien de la organización a la que pertenecen les da cobertura. Cada caso es un mundo, así que, no pueden generalizar y los hay que eligen Galicia porque creen que están seguros y que podrán pasar desapercibidos, aunque, según explica Temprano, si la información que reciben es buena, al final, acaban pillándolos, aunque, a veces, los fugitivos se mueven más rápido que los investigadores y, cuando les llegan las pistas para empezar a trabajar, ya se han mudado.

“Casi no se relacionan, a veces hacemos la detención de un fugitivo y los vecinos no sabían ni quién era”, relata Temprano. Les pasó en Cee, con la detención de un ciudadano turco acusado de un doble asesinato en su país motivado por un ajuste de cuentas relacionado con el tráfico de heroína. Aunque Cee es territorio de la Guardia Civil, la competencia en colaboración internacional en temas de extradición es de la Policía Nacional, por eso realizan ellos las detenciones.

“La mayoría son hombres, aunque este año hemos detenido en Cedeira a dos hermanas brasileñas por tráfico de seres humanos, una vivía en Cedeira y la otra en Ferrol. Las reclamaba Brasil. Este año también detuvimos en A Coruña a una dominicana por tráfico de drogas, que reclamaba Portugal, así que, también hay mujeres. En 2017, en Oleiros, detuvimos a un matrimonio de venezolanos por secuestro en su país”, comenta Temprano, que hace hincapié en la diversidad de los detenidos.

“Suelen ser personas que huyen solas, aunque, por ejemplo, el detenido en Cee estaba asentado en el pueblo con su mujer —natural del municipio— y con sus dos bebés, lo que pasa es que no tenía vínculos laborales ni tenía relación con nadie más que con su familia”, recuerda Temprano.

Los fugitivos suelen evitar cualquier relación con la Administración para no ser descubiertos, así que, para identificarlos tienen que hacer “muchas horas de vigilancia” y también se tienen que “cruzar” muchas veces con ellos para poder asegurarse de que son quienes ellos piensan que son. La vacunación contra el coronavirus, al no ser obligatoria, en este caso no se ha convertido en una gran aliada, pero sí que lo pueden ser otras acciones, como un control de tráfico.

“La Policía busca con imaginación y creatividad otras maneras de localizarlos cuando ellos evitan el sistema público. Hay alternativas para acreditar la identidad”, explica Temprano, que apunta a que, sobre todo en el ámbito rural, se han dado casos de que los fugitivos alquilan viviendas sin contrato y que eso dificulta su detención ya que ni cuentan con la documentación del inquilino. En estos casos, los agentes tratan de acercarse a su círculo más íntimo, sea cual sea.

Sobre cómo es lo que se puede contar de la vida de los fugitivos que han elegido A Coruña para asentarse, Temprano dice que hay “de todo”, desde fugitivos de “alto standing”, hasta algunos sin recursos que se ocultan todo el tiempo que pueden y como pueden, pero que suelen caer con el tiempo. Los que cuentan con más recursos suelen ser más escurridizos, ya que tienen posibilidades de moverse con más frecuencia y de empezar de cero en otro lugar cada poco tiempo, también para cambiar de vehículo o para tener documentación falsa y poder incluso trabajar sin que nadie conozca su pasado más allá de que se han marchado de su país. En estos perfiles de fugitivos con recursos estarían los de tráfico de drogas y de estafas. “Justo el día después de la detención por homicidio del venezolano, fuimos a Ferrol a detener a una colombiana que era asistente del hogar y que estaba refugiada en una zona rural por blanqueo de capitales en Colombia”, relata.

Temprano señala, además, que no todos los delitos son susceptibles de extradición y que tampoco todos los países tienen acuerdos para que se pueda proceder a la entrega de un detenido y, por eso, muchos delincuentes se instalan en esos países en los que saben que no van a ser devueltos al país que los reclama. “Hay españoles que también se van a países sin tratado de extradición”, comenta Temprano.

Pero esto de perseguir fugitivos, ¿es como en las películas? González y Temprano están de acuerdo en que algo se le parece, sobre todo, en la parte de la espera y de ingeniárselas para poder conseguir una identificación válida de las personas a las que buscan.

“Al año podemos recibir entre 3.000 y 4.000 solicitudes de colaboración, eso lo incluye todo. Hay países que emiten órdenes europeas o internacionales de detención por delitos que nosotros consideramos menores. Han llegado órdenes europeas de detención por el robo de una bicicleta, obviamente, con el follón que tienen las unidades provinciales, no vamos a destinar recursos a desplazar a gente desde Madrid para localizar a una persona que ha robado una bicicleta. Nos centramos en delitos más graves, como delitos contra las personas, de homicidios, asesinatos, lesiones graves, abusos sexuales, abusos a menores, que podrían estar replicando aquí, tráfico de drogas, pertenencia a organización criminal... No es que todos hayan cometido delitos de sangre o de drogas sino que nosotros centramos nuestros esfuerzos en esos delincuentes más peligrosos”, relata González desde Madrid, que bromea con que sus “clientes” son “de lo más selecto”. Ya que se han de enfrentar a sicarios, traficantes, asesinos...

“Cada uno tiene su propia personalidad y eso hace que usen unos recursos diferentes para esconderse. Hemos detenido a un hombre reclamado por Holanda por haber abusado y matado a un menor, que era un experto de la supervivencia en la montaña. Entonces, intentó ocultarse en la montaña por la zona de Cataluña. Hemos detenido a grandes empresarios por temas de corrupción y los hemos encontrado en urbanizaciones de lujo. Hemos detenido a integrantes de mafias y los hemos encontrado protegidos por su gente, con un identidad supuesta... Ellos tienen un objetivo, que es permanecer en el anonimato y nosotros tenemos un objetivo que es descubrirlos y detenerlos”, relata González, que incide en que no hay fórmulas mágicas ni para escapar ni para esconderse. De esas 4.000 solicitudes que pueden recibir anualmente, suelen practicar unas 400 detenciones en colaboración con los grupos provinciales.

Para González, este trabajo se resume en una frase de Hemingway, que dijo que no había nada como la caza del hombre armado y que, una vez que se prueba, ya no se piensa en otra cosa. “A los grupos de fugitivos, aunque sea una frase muy friki, como estamos orgullosos de nuestro trabajo, nos viene muy bien, porque es un trabajo que disfrutamos. Es como cazar a la presa”, resume y ratifica que solo hay un ingrediente que no debe faltar nunca en su cometido: “la paciencia”. “La paciencia del cazador es la sabiduría del investigador”, les dice González a los suyos, ya que en su labor cuentan con la cooperación de compañeros que son los que han iniciado la investigación y que pueden dar pistas de dónde se encuentran los fugitivos.